El deportista que aceptó la derrota

Jarrod Lyle, durante un torneo en 2013. /AFP
Jarrod Lyle, durante un torneo en 2013. / AFP

La leucemia acaba con la vida de Jarrod Lyle a los 36 años, el golfista australiano que pidió morir en paz tras perder su último combate contra la enfermedad

J. M. CORTIZAS

El golfista australiano Jarrod Lyle falleció el miércoles a los 36 años tras haber interrumpido la semana pasada su tratamiento contra la leucemia. El jugador ha caído derrotado contra esta dura enfermedad.

Su esposa, Briony Harper, contaba en una entrada en la red social Facebook de que su marido decía basta. No ha podido apagar las velas de su 37 cumpleaños (21 de agosto) porque tomó una decisión, morir lo más en paz posible y aprovechar lo poco que le queda para compartirlo con sus hijas Lusi y Jemma, seis años la mayor, dos la pequeña.

Lyle sabe a lo que se enfrentaba y como deportista asumía la derrota. Cuando tenía 17 años le fue diagnosticada la LMA, leucemia mieloide aguda. No abandonó la cama durante los nueve meses que duró la quimioterapia y necesitó otro año más de recuperación para volver a pisar un campo de golf, su pasión, y posterior medio de vida, desde que hacía de caddie a su padre con seis años. Anotó en su tarjeta la primera victoria contra la enfermedad y continuó desarrollando una vida absolutamente normal, sólo alterada por los controles analíticos protocolarios para comprobar que su médula había quedado limpia.

Se hizo profesional a los 23 años y desde las competiciones de Oceanía y Asia acabó haciéndose con la tarjeta PGA para disputar el Circuito Americano. La falta de buenos resultados le hizo ir y venir a la meca del golf, trufando los sinsabores con algunos triunfos en México y Knoxville. Por el camino tuvo alguna aparición estelar, como cuando en 2011 embocó desde la salida en el mítico hoyo 16 del Phoenix Open que siguen in situ 20.000 personas por jornada gracias a que se ha construido un estadio en torno a ese par 3. Meses después volvieron los nubarrones.

Jarrod Lyle, en el hospital con sus hijas.
Jarrod Lyle, en el hospital con sus hijas. / @JARRODLYLE

Había jugado en Mayakoba (México) y durante el torneo le picó un insecto que le provocó una reacción alérgica. Acudió al médico y en los análisis que solicitó volvió a aparecer la leucemia. Se había reproducido. Sin síntomas, a traición. No lo dudó un instante y optimista al llevar el 1-0 favorable en su casillero, repitió el partido. Y volvió a ganar. En un año estaba de nuevo bolsa en ristre y disputando algunas citas del PGA. Hasta que en julio del pasado año la LMA repitió visita. Proceso reabierto y a por la tercera muesca a su favor. Esta vez no. Se sometió a un trasplante de médula, fue dando muestras en las redes sociales de su condición de fajador, pero se ha quedado sin fuerza para continuar.

«Mi corazón se rompe mientras escribo», arrancaba su mujer en Facebook. «Jarrod ha tomado la decisión de suspender el tratamiento activo y comenzar con los cuidados paliativos. Ha dado todo lo que tenía y su débil cuerpo ya no puede más. Ha llegado a su límite y ha entendido que ya no es posible luchar por un resultado positivo», escribió la semana pasada su mujer en la red social.

En los últimos días recibió muchos homenajes. «Me pidió que transmitiera un mensaje sencillo: 'Gracias por vuestro apoyo, fue muy importante. El tiempo me ha faltado, pero quizás no lo haya perdido si he podido ayudar a la gente a reflexionar y reaccionar por las familias que sufren de cáncer'», señaló su esposa.

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