El Leinster se lleva la gloria de La Catedral al vencer al Racing 92 en un duelo de golpes de castigo

El Leinster se lleva la gloria de La Catedral al vencer al Racing 92 en un duelo de golpes de castigo

La victoria del club de Dublín rubrica la potencia del rugby irlandés, el primero en el Seis Naciones y en clubes

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

El circo del rugby de élite se fue ayer de San Mamés dejando un campeón de la Champions Cup: el Leinster de Dublín inscribió su nombre en la historia al obtener por cuarta vez el máximo trofeo europeo de clubes en una final contra el Racing 92 de París en la que no hubo ensayos y que se convirtió en un duelo de golpes de castigo (cinco transformados por los irlandeses, Sexton falló dos, frente a cuatro de Iribaren, el medio melé francés). La Catedral vio un partido menos vistoso que la víspera –la final de la Challenge que ganó el Cardiff Blues al Gloucester fue de las más agradecidas para el público–, pero no faltó la emoción casi hasta el final. Y la victoria de Leinster rubricó la potencia del rugby irlandés, que a su triunfo en el Seis Naciones de este año añade ahora el entorchado europeo de clubes.

Fue una jornada intensa en Bilbao. Las sorpresas comenzaron antes del partido, cuando se supo que el apertura Dan Carter, la gran estrella del Racing 92, se quedó fuera de la convocatoria. Que el entrenador Laurent Travers no lo fuera alinear de titular, a sus 36 años y a punto de marchar a Japón, no era una novedad, pero esta vez tampoco lo incluía entre los suplentes. Los periodistas, en pocas ocasiones se han congregado tantos en San Mamés, salieron directos a los ordenadores, y desde las web, la noticia de la ausencia del astro y exallblack no tardó en propagarse a las gradas. Se había lesionado el tobillo entrenando en La Catedral, de modo que el duelo con Johnny Sexton, apertura de Leinster y alter ego de Carter, no iba a ser posible, ni siquiera en el segundo tiempo, que es cuando el neozelandés, de 36 años, solía saltar al campo para urdir alguna genialidad. Las ideas sorprendentes las dejaron ayer en Racing para el experto en marketing, que colocó a todos los jugadores galos una boina o una txapela, según la forma en que se la calaron, para salir al césped y despertar a su afición.

Pero los trucos de imagen no impidieron que la desgracia se cebara con el Racing. Cierto que a los tres minutos se adelantó con un golpe castigo trasformado por Teddy Iribaren, pero fue a costa de perder en el lance a Pat Lambie, su apertura sudafricano. Y entonces la pregunta fue: ¿Y Dan Carter? Pero no estaba convocado. Y el medio melé estelar del Racing, Machenaud, tampoco podía jugar ayer igualmente por lesión... Todo eso justo en el momento cumbre de la final. Jacky Lorenzzetti, el irascible dueño del Racing, no podía estar contento. Daba lo mismo, su equipo tenía que seguir con su tercer apertura, Tales.

Contra un pared

En San Mamés, sin llegar a un lleno absoluto (52.200), había tanto público como cuando el Athletic va arriba en la tabla. El Racing placó duro, como pudo comprobar el gigantón irlandés Toner, que en alguna ocasión chocó contra su compatriota Ryan, éste en las filas del Racing, como si lo hubiera hecho contra una pared. Los galos hacían honor a la fama que los precedía y defendían con contundencia. Pero eso no impidió que sobre el minuto 14 una gran jugada de Isa Nacewa concediera a la delantera de Leinster la posibilidad de lograr un ensayo, y entonces San Mamés fue una sola garganta dublinesa. La jugada no cuajó, pero no pasó mucho hasta que Sexton igualó el marcador con un golpe de castigo.

Esa era la tónica del primer tiempo. Los tantos se lograban a base de golpes, como el que anotó Iribaren después para adelantar de nuevo al Racing. Los ensayos no eran más que una posibilidad que propiciaban de vez en cuando las patadas de Sexton buscando al ala bajito francés, Marc Andreu, así como la escandalosa calidad del juego de delantera irlandés, un grupo casi robotizado que perseguía el balón allí donde su apertura decidía enviarlo. Enfrente, el estilete francés, Teddy Thomas, que había apuntillado al equipo irlandés de Munster en las semifinales, no aparecía. Pero sí lo hacía Sexton, para empatar 6-6 al acabar el primer tiempo con otro golpe de castigo. Tablas.

El arranque de la segunda mitad trajo a un Racing 92 agresivo. Una jugada de su delantera puso a Leinster contra las cuerdas cerca de su línea de ensayo, y cuando los franceses abrieron el balón, Thomas casi lo consigue. No pudo ser, pero la recompensa fue un golpe de castigo anotado por Iribaren que puso a su equipo en ventaja 6-9.

No tuvieron tiempo de felicitarse los franceses porque Johnny Sexton tuvo después otros tres golpes a su disposición. El primero lo falló, pero no importaba; enseguida encontró la ocasión de enmendar ese error con otra patada certera casi desde la misma posición que antes. El tercer lanzamiento desde el centro del campo, volvió a fallar. El gran pateador Dan Carter, encadenado a la tribuna, observó sus equivocaciones.

Placar, placar y más placar era la consigna francesa. Teddy Thomas esperando y el capitán, Yannick Nyanga, el ocho del Racing, percutiendo con fuerza. Vakatawa también entraba con intensidad extrema, pero la muralla irlandesa resistía. Lo único que no podía hacer Leinster era evitar los golpes de castigo y a falta de nueve minutos para el final, Iribaren puso el 9-12, aunque sólo para que Nacewa volviera a igualar a 12.

Todo estaba abierto y la afición de Leinster comenzó a gritar. Entonces Sexton desplegó su genio forzando con una jugada otro golpe que Nacewa, el encargado de patear ahora, convirtió en el 15-12. Aquello fue la puntilla para el Racing. Ni un intento de drop frustrado de Iribaren pudo evitar la derrota el último instante. Leinster se llevó la gloria de San Mamés, y su entrenador, Leo Cullen, fue el primero que ganó la Champions como jugador y ahora como manager. Y lo consiguió como dijo la víspera: con jugadores de cantera frente a los «caros» de Jacky Lorenzzetti.

 

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