«Nada es imposible, sólo hay otra manera de hacerlo»

Manu Lorenzo posa en el polideportivo de Txurdinaga antes de afrontar la Final Four./Fernando Gómez
Manu Lorenzo posa en el polideportivo de Txurdinaga antes de afrontar la Final Four. / Fernando Gómez

Manu Lorenzo, promesa gallega del Bidaideak, aspira a ganar la Final Four de la liga de basket adaptado, en la que el primer rival será el Amiab Albacete

JAVI MUÑOZ
JAVI MUÑOZBILBAO

«Cuando el mes pasado ganamos la Euroliga 1 (la segunda competición continental de basket adaptado) es como si hubiéramos abierto la botella. Estoy impaciente de que este fin de semana empiece la Final Four de la División de Honor y, si la suerte nos ayuda, lograr el título», asegura el pívot Manu Lorenzo, de 19 años, la promesa gallega del club Bidaideak de Bilbao. «Tenemos un buen equipo para llegar donde queramos», prosigue el jugador. «La lucha va a ser igualada, pero en la fase regular ya hemos derrotado a todos nuestros rivales».

Los adversarios a los que se refiere Manu son, en primer lugar, el Amiab Albacete, campeón de Liga el año pasado, con el que el Bidaideak se cruzará hoy en semifinales en el polideportivo San Fernando de Cuenca. Caso de imponerse, los bilbaínos jugarían la final mañana sábado en el mismo escenario contra el vencedor del choque que enfrentará al Mideba Extremadura, primero en la fase regular (el segundo fue el Bidaideak con los mismos puntos), y al Ilunion de Madrid, este último archicampeón estatal y europeo de la Fundación ONCE que en febrero logró el título de Copa imponiéndose, precisamente, a los vizcaínos en la final. «A un sólo partido no sabes lo que puede pasar. Eso es lo bonito del baloncesto», comenta Lorenzo.

Cómo llegó este joven hasta el Bidaideak es una sencilla historia de amor al deporte y de aprendizaje. Porque cuando era crío Manu jugaba al fútbol de portero en el pueblo costero de Mugardos (al lado de Ferrol), a pesar de sus problemas musculares, una dolencia de nacimiento que se fue acentuando a medida que aumentaba su estatura (mide 1,92) y que le dificultó caminar hasta obligarle a desplazarse en silla de ruedas. Si entonces le hubieran asegurado que, cumplidos los 19, sería convocado por la selección absoluta de baloncesto paralímpico y se postularía como serio candidato para ir el Europeo de Polonia (del 30 de agosto al 8 de septiembre próximos)... «¿Qué habría dicho? Pues que estaban locos», responde Manu. Sus compañeros del Bidaideak le dicen que lo conseguirá. «Ellos me motivan», agradece Manu.

Ambición no le ha faltado nunca a este jugador desde que era un crío. «Pienso que hay gente que está peor que yo», asegura, a la espera del partido contra el Amiab Albacete. La forma en que se están desarrollando sus músculos en la etapa de crecimiento le ha aportado una madurez de la que carecen otros deportistas de élite con el doble de años que él. «Ejercita la mente», aconseja Manu a los jóvenes, discapacitados o no. «Nunca te aburras con lo que estás haciendo, busca algo diferente que te haga cambiar. Si no, te vas a aburrir y no le echarás tantas ganas. No olvides que siempre hay alguien que te puede enseñar un poco más, aunque sólo sea un detalle, porque ese detalle te ayudará a ascender».

Lorenzo está al comienzo de una carrera que, como es norma en los deportistas discapacitados, apunta más allá de la Liga estatal, de los torneos europeos de clubes o selecciones y de un Mundial. Apunta a los Juegos paralímpicos, y los de Tokio 2020 parece que van a ser los más brillantes de la historia. «Hay que ponerse una meta y cuando llegues a ella, ir a por otra. Tokio es un sueño. Pero también hay que marcarse logros como los de Asier García (su compañero del Bidaideak, internacional). Ha sido el mayor reboteador de la fase regular de esta liga, líder en asistencias y en eficiencia».

Lo de Manu con el basket es un idilio que arrancó cuando tenía 10 años. «Estaba en un cumpleaños y el presidente del club de Ferrol (Basketmi) me preguntó si quería jugar». Aquel niño participó en torneos escolares poco tiempo. Con sólo 11 años empezó a competir en la segunda división estatal con adultos, y cumplidos los 14 pasó al Amfiv de Vigo, en División de Honor, donde militó cuatro temporadas. Tuvo ofertas para irse antes, pero prefirió esperar por los estudios hasta que se mudó a la capital vizcaína en 2017. «Mis padres me dijeron que eligiera el equipo donde más cómodo fuera a estar, no el que más me diera. Bilbao es una ciudad acogedora, la gente es maravillosa y superamable. Estoy bien (se aloja en un hotel junto a otros jugadores del Bidaideak). El baloncesto me ha dado una segunda familia. Mi vida cotidiana la hago con los compañeros del equipo y los amigos de clase».

Porque Manu estudia por las mañanas. Quiere cursar un grado medio de Mecánica y luego pasar a un ciclo superior de Automoción. «Es lo que me gusta», comenta. Es internacional sub'22 y tiene todos los boletos para convertirse en uno de los mejores jugadores de basket adaptado de Europa. O eso es lo que dicen en el Bidaideak, la organización vasca de personas con discapacidad que hace seis años se hizo cargo del club y lo ha aupado a la élite con el respaldo de la Diputación, a través de la Fundación Bizkaialde, apoyada por otros patrocinadores; y también con la ayuda del Ayuntamiento (Bilbao Kirolak) y del Gobierno vasco. «Vamos muy motivados a la Final Four», asegura Manu. «Nuestras posibilidades están al 50%. Es cierto que la suerte puede inclinar el resultado, pero a nuestro favor juega que hemos hecho una gran temporada. Hemos superado las expectativas que yo tenía. Era una aspiración, pero no imaginaba que fuéramos a conseguirla».

¿Realmente no lo imaginaba? Porque el jugador gallego cuenta cómo las primeras enseñanzas que recibió de su familia desde antes incluso que saliera a una cancha eran claras. «Mis padres me metieron en la cabeza desde pequeño que nada es imposible. Hay otra manera de hacerlo, pero no es imposible. Si cuando era niño me hubieran dicho que iba estar como ahora...».