Los favoritos, a la caza de Kinhult

Rahm golpea en la salida del 3 sin imaginar aún que la bola se abriría y acabaría botando en la calle y cayendo al agua/AFP
Rahm golpea en la salida del 3 sin imaginar aún que la bola se abriría y acabaría botando en la calle y cayendo al agua / AFP

Los favoritos, entre ellos, Rahm exhiben músculo y el de Barrika y Sergio García juegan hoy juntos con opciones de alcanzar al sorprendente líder

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

parís. No es que lo vivido hasta ayer no hubiera servido de nada o contuviera una ración de golf menos concentrada. No. Pero sí hubo el sábado algo de reivindicación, de mostrar credenciales, de sacar pecho en busca de enseñar los galones. Como diciendo que se acabaron las tonterías, que los que están lo hacen por algo y el que se sujeta a su posición de honor es porque lleva ya dos jornadas seguidas dando lo mejor de sí. Que es mucho. Se trata del sueco Marcus Kinbult, al que Jon Rahm conoce de su etapa amateur, ya que llegó a ser algunas semanas el número 2 planetario tras el golfista de Barrika. De cómo aguante la presión si escucha por delante las dentelladas del vizcaíno, Chris Wood, Sergio García o Justin Thomas dependerá que no le entre el vértigo y pueda por fin entrar en el club de los cazadores de una pieza realmente seria como este Rolex Series francés.

El viento volvió a dar calabazas y el día plomizo por un sol que provocó con un calor asfixiante dejó descubierto un campo que se dejaba hacer. La pista la daban los partidos del turno matinal, en el que los resultados eran mayoritariamente favorables al jugador en su pugna con le Golf Nacional. Condiciones óptimas para jugar, para mostrar cada cual sus bazas. Del conservador al kamikaze, hubo sitio para todos. Las primeras señales de alerta llegaron con la remontada de Sergio García, con cuatro birdies en los primeros nueve y otros tantos en los siguientes, sólo contestados con un postrero bogey al irse al agua en la salida del 18.

Tampoco recibía buenas vibraciones Rahm al escuchar las reacciones al paso de Kinhult en el partido que le precedía. Tocado por los dioses suecos, metía la directa con cinco birdies seguidos para acabar el 'front nine' con un total de -10 que asustaba de verdad.

Rahm se evadía, entre otras cosas porque le quedaba la duda de si los gritos y ovaciones que escuchaba se debían a las maniobras de sus competidores o a la reacción de parte del público que desde las cuatro de la tarde prefirió el amparo de la sombra en los villages y el Francia-Argentina del Mundial. Comenzó espeso. No atinó con un putt de birdie facturable en el 1, en el 2 se fue largo para buscarlo por una bandera colocada con mucha mala idea casi sobre el agua y en el siguiente sufrió el accidente del día. La víspera le había marcado un doble rosco colorado al 3, la firma del eagle, y ayer el campo se vengó. No cerró la salida y el viento le arrimó hacia la derecha de la calle, donde la bola botó antes de irse al agua. Doble bogey, zanca del que no se ha librado ninguna jornada gala. Pero en ese punto se acabaron sus lástimas.

Birdie al 4 tras un approach de matrícula; un putt de eagle de unos cinco metros limitado a birdie en el 6 tras presentarse en el green desde el tee con el uso de su madera 3 por primera vez en la semana. Y el golpazo sin premio en el 9, al arriesgarse a meter la bola por el pasillo entre agua y rough cuando todo el mundo se detiene mucho antes. Volvió a tener otra opción de eagle en el 14 y antes gastó un comodín en el 11 al no coronar un par 3 y la bola acabó descendiendo por una ladera hacia el agua. Frenó in extremis y el bogey resultante fue un alivio. Y el fin de fiesta, exultante cobrándose el 17 y 18 manejando el putter con el tacto más pulcro imaginable. Así podrá luchar hoy por la victoria.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos