Rahm gana el Open de España

Rahm levanta el trofeo./EFE
Rahm levanta el trofeo. / EFE

El golfista de Barrika se impone a Paul Dunne y Nacho Elvira en la jornada final celebrada en el Centro Nacional de Golf

J.M.CORTIZAS

No hay mejor cierre a dos semanas en la caravana de Jon Rahm. Cuarto en el Masters y, desde este domingo, campeón de un Open de España que él coloca en el podio de emotividad de su ya creciente nómina de victorias. El regreso al lugar donde los sueños se fabrican -el Centro Nacional de Golf en el que estuvo becado- le ha supuesto un enorme crecimiento personal, pero se queda en testimonial comparado con lo que su carisma ha provocado. Cuando elevaba el mismo trofeo del que se incautó en tres ocasiones su adorado 'Seve', el contador del campo madrileño había parado en 47.218 aficionados desde que se abrieron las puertas el jueves. Todo por el reclamo de Rahm, el elegido. No hay duda. Su unción es real.

Masters y Open de España unidos y separados. Suena a una distancia planetaria entre uno y otro, pero no crean. El propio caddie del de Barrika, Adam Hayes, reconoció, mientras le daban la última bandera para su colección, que «aquí ha sentido más presión». La dimensión es inabarcable en caso de victoria en Augusta. Pero ha tenido que lidiar el vizcaíno con tratar de ajustar su juego en unas condiciones casi de gravedad cero, y los efectos de un cansancio que se fue multiplicando por no dar la espalda a la imagen que se tiene de él, que es la real, la de un muchacho accesible. Así, al verle llegar ya coronado al 18 nadie pudo evitar la reverencia y el clamor.

Le había estado perdonando la vida a un campo facilón, que se dejaba. Tanto que cada día afloraban los candidatos multiplicados como esporas. Se había marcado una estrategia, no de juego porque con el palo en la mano sólo quiere saber del camino más corto, aunque a veces sea el más tormentoso, para llegar al trapo. Quería imponer la banda sonora del domingo, que sus hoyos conquistados no pasaran desapercibidos para Dunne y Nacho Elvira, que llegaban por detrás, en el partido estelar. Puso el amplificador a tope y, como el sábado, cazó las dos primeras piezas posibles. Ya tuteaba a los líderes como un igual. Y no dejó de hacerlo.

Era un hecho que iba con una marcha más que la competencia. Aceptaba el riesgo de que en la ecuación distancia-precisión, la primera pudiera suplir a la segunda. Se le escaparon más calles que ningún otro día, visitó alguna que no le correspondía, tuvo fortuna -en el 13 todo le iba mal hasta que chipeó para birdie desde el rough, el perímetro no rasurado del green-, pero sobre todo bordó el trabajo de recuperación. Y mantuvo el pie en el acelerador cuando Dunne y Elvira se decidieron a plantearle una carrera de relevos. Un eagle del cántabro en el 5 fue un madrugador aviso y sus birdies posteriores en el 13 y 14 fueron el guante arrojado para confirmar el duelo, del que el irlandés se descolgó contra pronóstico.

Jon, con su novia, tras proclamarse campeón.
Jon, con su novia, tras proclamarse campeón. / EFE

Aroma a play-off

Había cierto aroma a play-off y, de haber sido entre jugadores españoles, el pleno para el golf patrio ya hubiera sido total. Rahm no se cortaba. Buscó un putt de seis metros en el 15 y la corbata catapultó su bola. Mientras llegaban noticias de que Elvira se había puesto a su altura. -19 por barba cuando el vizcaíno se colocó en la atalaya del 17, desde la que ya había fallado el jueves. Los pares 3 han sido los únicos que le han causado problemas en Madrid. Y este domingo ese, el último de la serie corta, se lo puso muy chungo. Tanto que su salida se iba al agua, perdida su trayectoria al rodar por el talud lateral del green hacia el lago. La última brizna de hierba le echó un cable e hizo cuentas. Fue como un, «venga, por lo del 15 de Augusta». Recuperación sublime y penúltima trampa salvada.

Unos minutos después era Elvira el que buscaba recortar, ya a la desesperada. Apuntó a la diana pero su bola sí se dio el chapuzón. Y casi lo arregla, porque tras dropar pegó para par y la pelotita blanca besó el agujero antes de salir de él como si algún mal ocultara. Tan cerca estuvo que la reacción del público provocó la incertidumbre en Rahm, pensando que quizá había recortado su perseguidor. Fue un mazazo excesivo para el cántabro en un día que le superó emocionalmente y se dejó después un putt de un metro y la opción de provocar un desempate.

El Open de España ya tenía ganador. Un 15 de abril, en 1972, Antonio Garrido era el primer español que lo ganaba ya como pieza del European Tour. 46 años después, un morrosko de Barrika le emuló. A él y a Ballesteros, siempre él, Sergio García -este domingo el primero en felicitarle por Twitter-, Álvaro Quirós y el 'Pisha' Jiménez. Pero lo de ayer, dicen, sólo es comparable a lo de la leyenda de Pedreña.

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