Rahm avanza por el carril de aceleración

Imagen de Rahm en una competición anterior./
Imagen de Rahm en una competición anterior.

Se mete en la pomada del aranque del BMW Championship tras anotar seis birdies y dos bogeys al Aronimink Golf Club

J.M. CORTIZAS

No lo dudó. En cuanto estabilizó la marcha con un arranque a tirones tuvo claro que su carril era el de aceleración. Así Jon Rahm logró avanzar, proyectar su juego, flirtear con momentos sublimes y sacar chispas de otros en los que parecía condenado a ceder ante el campo. No lo hizo. Con seis birdies y dos bogeys impuso su ley, se estableció entre los diez mejores de la clasificación y partirá hoy, como todos mirando al cielo por la amenaza de tormentas, sabiendo que en su juego está la clave para llegar al domingo en el Aronimink Golf Club con opciones de conquistar el BMW Championship y así llegar a la finalísima de Atlanta en el elenco de jugadores, sólo cinco, que dependerán de sí mismos para hacerse con la FedEx Cup.

La verdad es que el día no le dio un respiro al de Barrika. Mientras por el recorrido se iban repartiendo los ecos de una actuación de Tiger Woods que durante gran parte de la jornada paralizó el seguimiento del resto de jugadores, él iba a lo suyo, combinando prueba-error hasta calibrar bien palos, mente y lectura del campo.

Su proceder es la pista que alimenta la idea de que se un jugador total, capaz de todo. Se puso en marcha quedándose corto de green al apuntar a una bandera muy prematura en el nacimiento del tapete. Y casi emboca desde la calle. Todo lo contrario en el hoyo 2, cuando la primera visita al rough le incomodó para imprimir potencia y tacto idóneos en busca del trapo. Se pasó todo el green hasta la puerta de atrás de la calle y el regreso le costó el bogey. En dos etapas ya tenía claras las coordenadas. Y para demostrarlo, el bolazo, segundo del tercer hoyo, con el que envió la bola desde 106 metros a menos de un paso de la bocana, prólogo del primer birdie. Se iba fijando en sus compañeros de partido, Fleetwood y Kizzire, y conseguía llegar mejor a green volviendo a sobrepasar los límites de la calle que ellos cuando jugaban con mejor caligrafía.

Era de esos días en los que todo se puede torcer. El golf es así. Pero la sensación que impregnaba el recorrido de Jon Rahm olía a laurel, a la corona que aguarda a héroes y destacados. En el 6 rozó el eagle y en el 7 manejó el juego como si de un tiralíneas se trataran sus palos. Dos birdies para instalarse en unos números rojos que nunca abandonó. También fue cauto cuando era necesario. Como en el segundo par 3 del día, una bandera 8 con más peligro que una jauría hambrienta. Un tramo en apariencia sin pliegues que ejerce una atracción letal para muchos jugadores. El de Barrika se limitó a asegurar el green, patear desde 14 metros y rematar desde dos pasos mientras en el zurrón metían sus acompañantes un doble bogey el inglés) y un bogey (el estadounidense).

En el largo de vuelta se tomó su tiempo para reestablecerse de los primeros problemas en que se metió. Libró una visita al búnquer en el 11 con una recuperación de ovación, pero en el siguiente la combinación rough-arenal le pasó la última factura del día. En adelante dibujó una gráfica en la que cada par fue seguido de un birdie, comenzando por un hoyo en uno del que le separaron dos dedos antes de que la bola rodara y se alejara un par de pasos en el 14, aunque acabó cazando el hoyo. Como el 16 y 18 pese a salir a ninguna parte, a zonas sucias ajenas incluso al plano de los hoyos. Regresando de la nada se fabricó dos birdies memorables, el último rematado con un putt de 6 metros que le hizo entregar la tarjeta con un subidón que será hoy su estado de ánimo de partida.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos