Veinte segundos, quince golpes, un título

Daniel Pedriza

Jon Fernández se hace con el título superpluma de la Unión Europea tras cazar al finlandés Eronen con una derecha abajo en el primer asalto

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Medio minuto. Un visto y no visto para tratarse de la resolución de un título. Es lo soñado por el púgil ganador. Demoler al oponente sin sentir siquiera el roce del cuero de sus guantes ni en el rostro ni en el cuerpo. Hasta demasiado celérico. «Ni tanto, ni tan poco», trataba de quitarle hierro Jon Fernández en el vestuario del pabellón Vicente Trueba de Torrelavega, donde logró su cuarto cinturón en la pelea más rápida de las 19 que incluye en su carrera en el boxeo de pago. Fueron exactamente 20 segundos, más la cuenta de protección de la que no pudo regresar Tuomo Eronen, talado por una derecha abajo que le partió en dos. Fue el decimoquinto golpe contabilizado. No hubo más.

Y no hay que buscarle vueltas que no tiene a la nula capacidad para combatir del finlandés. Un tipo con una marca de 21-6 no será un peleador celestial, pero tampoco es un 'piernas'. A lo largo de sus 38 años se las ha visto con rivales de todo pelaje, pero quizá con ninguno con las guadañas que mueve 'Jonfer'. Lo tuvo claro el púgil de Etxebarri. Siempre lo tiene. Repite aquello de que los leñadores atacan los troncos por abajo y es su manual, su filosofía. La adornará más o menos, le costará mucho o poco buscar el hueco para clavar el filo de sus guantes, convertidos en puñales cuando impacta en la zona de flotación de su oponente.

Esta vez tenía una motivación especial. Lleva mucho tiempo recibiendo reveses, afrontando problemas y peleando poco. Cuando O'Shaquie Foster le marcó la primera cruz en su hasta entonces inmaculado historial pareció iniciar un periodo oscuro. Combates de los que se caen rivales, subastas ganadas por oponentes que no llegan a buen término, y, para colmo de males, un problema intestinal que le hizo borrarse de su regreso a Bilbao. Controlado médicamente, será en adelante una variable que le acompañará de por vida. De hecho, durante la preparación de este título hizo amago de despertar el mal, pero pudo ser neutralizado a tiempo.

Campeón de España, WBC Youth y Silver y ahora de la Unión Europea. Este sábado sólo sudó lo que le reclamó el calentamiento en el recinto cántabro, presidido por un dibujo en memoria del gran e inimitable Quino Salvo, jugador y entrenador de baloncesto. Su paseo hacia el ring le hizo revivir el cariño popular. No sólo aporta el label vizcaíno. Ha trabajado en Madrid con Tinín Rodríguez, donde es muy respetado, y ahora reside en Ponferrada. Pues bien, la ovación que se llevó en cuanto subió al cuadrilátero fue de las que estimulan al máximo. Soltó los brazos con rabio y dejó escapar una enorme mueca de satisfacción. Ya estaba programado para atacar.

Hecho un ovillo

Sonó la campana con el público aún acomodándose. 'Jonfer' hizo valer su envergadura para tomar el centro del cuadrilátero como si fuera la casilla clave para solventar el juego. Fue soltando manos ante un Eronen muy pertrechado tras su guardia elevada. Postura de rodador, casi fetal para que sus brazos crecieron lo máximo posible como barrera. No se puede hablar de que el de Etxebarri llegara a mostrar su fiereza. Le fue persiguiendo y colocando hasta que una zurda abierta la completó doblando la derecha como muestra la imagen principal de esta crónica. Ahí, en el plexo, es donde duele. La diana que certifica un pleno. Si te cazan no hay segunda oportunidad. De conseguir levantarse el finlandés lo hubiera hecho roto, sin piernas ni fuelle, un puching andante. Pero ni llegó a recuperar el equilibrio. Hecho un ovillo en el suelo sólo consiguió ponerse de rodillas mientras se preguntaba con qué le había pegado Jon Fernández. Veinte segundos, quince golpes. Punto final.

«Vengo de una época muy dura, se juntó todo»

Víspera de la noche de San Juan, la más corta del año. 'Jonfer' se alineó con la efeméride y batió su propia plusmarca de rapidez para acabar con un rival. «Estaba muy concentrado, con muchas ganas, he salido fuerte y he podido conseguir el k.o. pronto», comentaba para elcorreo.com en el vestuario sobre su victoria número 18, la decimosexta por la vía rápida. «Sabíamos que la zona del estómago era su punto débil, pero pensábamos que iba a ser un trabajo progresivo».

«Le he abierto por fuera con el crochet y luego he doblado con la derecha por dentro», explicaba la secuencia de golpes que acabó con Eronen y le proclamó campeón de la Unión Europea. El objetivo obvio era ganar, pero se había marcado otro que no pudo lograr. «Quería recuperar sensaciones porque han sido unos últimos meses muy duros emocionalmente. Se juntó todo y por eso había trabajado mucho para esta pelea».

También superó el síndrome de espasmos intestinales que le cayó como una losa. «Está ahí, es una cosa que no se quita, es para siempre. Hay que seguir tratándolo y tener cuidado», confirmaba.

En lo que no se moja es en los planes de futuro que le pueden esperar. «Estoy abierto a todo y son cosas que decide mi equipo. Yo espero que el lunes me dé permiso mi entrenador para volver a entrenar». Su promotora baraja desde el intento de asalto al campeonato de Europa absoluto a un cambio de peso, pasando por regresar a las funciones estadounidenses bajo el paraguas de Lou DiBella, con quien mantiene contrato.