Apostar por las mujeres

Alazne Etxaburua, la primera ganadora de una apuesta femenina./
Alazne Etxaburua, la primera ganadora de una apuesta femenina.

Lejos de las grandes casas, el juego y los desafíos siempre han estado ligados al deporte autóctono

MÁSTER EL CORREO

Las apuestas son muy habituales en los deportes vascos. Con frecuencia la fuerza e intensidad que caracteriza a pelotaris, aizkolaris o segalaris se extiende a las voces de los corredores profesionales, atentos al último postor. No en vano las apuestas significan no solo uno de los sustentos económicos más importantes de juegos como la pelota, sino la causa de su transformación en deportes consolidados. Una particularidad que poco a poco se amplía a las categorías femeninas, a pesar del menor número de participantes.

En este ámbito las apuestas se desarrollan mayoritariamente al margen de las grandes casas. Los corredores independientes, duchos en las pruebas y las habilidades de los deportistas, son quienes ponen en marcha el negocio del juego en los torneos populares. A excepción de incursiones aisladas de algún patrocinador en el gran negocio, las apuestas en los deportes autóctonos tienen lugar in situ, en la plaza o en el terreno de juego.

La 'sega' contiene una de las peculiaridades más populares dentro del deporte rural. Son los propios competidores quienes establecen desafíos y se retan entre sí. La primera apuesta oficial de la historia entre mujeres de esta disciplina la protagonizaron Irati Astondoa y Alazne Etxaburua en 2015 en la localidad de Zizurkil (Gipuzkoa), cuando la vizcaína y la guipuzcoana se retaron a cortar cuatro troncos y conseguir más kilos de hierba en una hora. «No hay precedentes de ninguna apuesta individual entre dos mujeres», aclaró entonces la deportista de Zeanuri, que salió derrotada aunque muy satisfecha por el precedente establecido.

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