El veneno del Valspar remata a Jon Rahm

Rahm sigue el vuelo de la bola en la parte inicial de su actuación ayer en Palm Harbor. /AFP
Rahm sigue el vuelo de la bola en la parte inicial de su actuación ayer en Palm Harbor. / AFP

Llevaba una vuelta inmaculada, a dos golpes del liderato a falta de la trampa final del 'The Snake Pit' donde se dejó tres golpes y cualquier opción de ganar

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Mazazo. Para él. Porque no entraba en sus planes previos, ni contaba con ello tal como había defendido el tercer día de competición. Jon Rahm mantuvo la esgrima en todo momento, arrancó con un birdie en su despensa del hoyo 1 (infalible en ese par 5), engarzó una cuenta de pares que lo mismo podía ser leída como un freno que como una póliza de seguridad para no alejarse de la cabeza y de las opciones de llegar al domingo como estaba, bien ubicado en las apuestas a ganador. A falta de la terna final, el temible 'The Snake Pit' (el pozo de las serpientes al ser bautizados del 16 al 18 los hoyos como mocasín, cascabel y cabeza de cobre, tres de los crótalos más venenosos del planeta, habituales en ese enclave de Florida), el de Barrika daba por buena su racha. Era quinto, con -5, a dos golpes del liderato. Estaba agazapado, aunque había tenido momentos de juego en los que daba la impresión de salir a campo abierto en busca del cara a cara con los mejores. Y en tres cuartos de hora todo se vino abajo. No daba crédito camino de la entrega de su tarjeta final con dos bajo el par, a nueve golpes entonces de Paul Casey.

¿Qué había pasado? Que la batalla final le cogió con la guardia laxa o que el campo le embaucó hasta soltar a dos de sus bichas para envenenarle. Un bogey en el 16 en su única escapada del día en la salida con la frustración añadida de fallar un putt de metro y medio cuando había estado notable con el Spider encarnado de TaylorMade. Libró el 17, y, como la víspera, el 18 le ejecutó. El viernes fue una picadura molesta, que le apagó la sonrisa. Ayer los colmillos llegaron al tuétano. Mortales de necesidad. La secuencia en el Copperhead fue especialmente dolorosa para el de Barrika. Aterrizó en arena, su cuarta trampa del día (de las otros salió con un birdie y pares), proyectó la bola corta a green y buscando trapo volvió otro arenal. Los cuatro golpes del par sólo le llegaron para patear para bogey y se comió como nocivo postre una corbata que le inoculaba el doble fiasco y el descenso a los vagones de la clase media. Increíble. Y para mayor castigo los latigazos coincidieron en el tiempo con la llegada al firmamento de Paul Casey, primer y único jugador que llegó al doble dígito (-10) antes de perderlo con un bogey en el 18.

Normal que Rahm agarrara con rabia los palos con los que fue desmembrando la solidez en la que había basado una buena actuación. Hasta la última curva en la que la salida de pista fue irrecuperable. Porque hay ocasiones en las que el golf contradice sus méritos. Por ejemplo, el hecho de conquistar greens en regulación, como se entiende la llegada al tapete en un golpe desde un par 3, en dos en el caso de un par 4, y con dos o tres toques si son pares 5. Llegar en condiciones implica tener opciones para birdie. El jueves acumuló 10 de 18 y acabó en tablas. El viernes bajó la lectura a 8 de 18 y recibió como rédito un -3. Ayer (12) mejoró ambos registros. Y nada. De hecho, Louis Oosthuizen le restaba valor poniéndose como ejemplo. Su -5 había sido la mejor actuación en el turno de mañana y sólo había consumado seis tapetes. Y fue otro hecho que al personal le costó lo suyo llegar a calle y los aterrizajes en roughs y búnquers fueron mayoritarios. También algunas recuperaciones estelares, más de lo habitual habría que convenir.

Dolor íntimo

A Rahm le costó acercar la bola a bandera. Pudo ser ese su déficit más reconocible. Además del putt de tres metros con que se hizo con la primera bandera del día, en los primeros nueve hoyos destacó con dos rodadas sobre el perfil de la cazoleta en el 5 y 6 (desde 5,5 y 6 pasos) y una brillante sacada de la arena de 20 metros en el 9. En el sentido de vuelta el campo se mostró más hosco. Optó a un eagle en el 11 que convirtió en su segundo birdie (-5) y se asentó entre los aspirantes a asaltar un liderato del que sólo le separaban dos banderas cazadas. Kokrak se venía arriba con un hoyo en uno, Johnson sacaba pecho con su pegada, Casey resistía, y los Donald, Stallins, Taylor y Furyk aparecían y desaparecían de plano.

Y sintió ese dolor profundo, íntimo, pese a estar avisado de la entrada en terreno contaminado. Las bichas le esperaban. Y le cazaron. Cabrera bello acabó al par y Sergio García entregó un +2.