A Rahm le pueden salir las cuentas

Jon Rahm lleva al extremo la violencia de su impacto en la salida del hoyo 5 en el que firmó su segundo birdie del día./AFP
Jon Rahm lleva al extremo la violencia de su impacto en la salida del hoyo 5 en el que firmó su segundo birdie del día. / AFP

Se le para la vuelta tras firmar cinco bajo par en los nueve hoyos iniciales, pero no está lejos de un segundo puesto que le colocaría en una posición de fuerza para la final de la FedEx Cup en Atlanta

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Jon Rahm no pierde de vista la clasificación. Cuando acabó su vuelta ayer estaba realmente lejos Justin Thomas, a cinco golpes y con una sensación de no perder el norte apabullante. Pero la mirada del de Barrika es transversal. Quiere ganar, claro, pero sabe que un segundo puesto no es moco de pavo en el BMW Championship. Le serviría, de confirmarse hoy el triunfo del jugador de Kentucky, para acceder a la final de la FedEx Cup de la próxima semana a su rebufo, con una tarjeta de salida de -8, cediéndole solo dos golpes con 72 hoyos por delante y compartiendo partido con él. Lo que resulta incuestionable es que este sistema de competición rezuma emoción. Más si a los mejores jugadores del mundo les da por hacer magia, como sucedió en Medinah.

Un tormentón pasajero alteró la rutina del vizcaíno. Quedaban veinte minutos para que se pusiera en marcha junto al coreano Woo Kim cuando la actividad fue suspendida para evitar riesgos innecesarios a jugadores, caddies, marshalls, voluntarios, informadores y público. Miles de personas deambulando junto a árboles con el cielo cargado de electricidad no resulta una buena idea. Nada reseñable en el turno de mañana salvo un -8 de Woodland que ni le servía para asomarse entre los elegidos por su 73 del viernes.

Pasó la borrasca, Rahm entró en acción y lo hizo como si le fuera la vida en ello. Sólo necesitó un hoyo para calibrar sus palos. Entre las banderas 2 y 5, pleno de birdies. El mejor, el primero. Un putt de doce metros que domó de salida lo suficiente para que sumiso avanzara por la línea correcta camino del agujero. Hasta pareció sorprenderse por su eficacia. No dio esa sensación con los dos siguientes hierros convertidos en mandos a distancia para dejar la bola a metro y metro y medio. Y para que no faltara de nada, en la cuarta muesca incluyó una recuperación de 22 pasos desde búnquer para llevar el -11 a su tarjeta con un putt desde una varilla de driver.

Por lo recto que jugaba, la confianza en que la troqueladora siguiera en funcionamiento era total. Perdió por nada el primer green, pero el posible quinto putt de birdie se desvió media braza. Y en el siguiente, el hoyo 7 hizo la marca en la culata y le supo a poco. La víspera había canjeado un eagle y esta vez pudo y debió repetir. Tocó con el putter desde ocho metros, la bola de nuevo fue sumisa por la trazada y cuando Rahm se relamía se quedó asomada al vacío. Le faltó una vuelta más, nada.

Cinco birdies en las primeras nueve banderas. Fíjense lo cerca que estuvo en el resto que para asegurarse los pares pateó tres veces desde menos de medio paso y otra sin llegar a los dos metros. Sólo había perdido una calle, la del 9. Había llegado a coliderar la general en su tramo del 7 y el 8 y en ese instante la proyección le anunciaba como el capo del Circuito Americano.

Y se fundieron los plomos de su vuelta. De repente le costó coger calles y aunque se sostuvo con toques de genialidad (casi emboca desde 123 metros para eagle en el 12, con el que se quedó como birdie) y acabó el día colocando el -13 en su tarjeta tras robarle seis golpes más a Medinah, una corbata por aquí y un tacada de cuatro putts que quedaron dados por allá le dejaron confinado al grupo perseguidor que nunca alcanzará a un Justin Thomas en trance. Las cuentas le siguen saliendo y hoy haría bien en tachar de su mente al líder y concentrarse en ser el mejor entre los 68 jugadores restantes. El premio, salvo en dinero, será casi igual.