FedEx Cup

Rahm consigue poner en marcha una vuelta parada

Rahm consigue poner en marcha una vuelta parada
AFP

Acaba cerca de la cabeza en un día raro, sin tino en un radio de tres metros en los greenes y embocando desde el doble y triple de distancia

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

No es Medinah un campo sencillo, la letra de una canción que te entra con un par de repasos. Requiere pausa, tiento. Incluso en días como ayer, cuando dio la sensación de bajar la guardia y convertirse en un recorrido más tragón de lo habitual. Inusual que de 69 jugadores sólo dos cedieran en el pulso, Taylor (+1) y Niemann (+2). También fuera de lo esperado que Jason Kokrak dispusiera en el 18 de un birdie para acabar líder en solitario con un nuevo récord de vuelta. No sucedió y se contentó con acostarse compartiendo un -7 más que notable con Justin Thomas. Y cerca de ellos un Jon Rahm de nuevo con el buzo de faena remangado.

Si le cogió manía a un número fue al tres en el escenario mítico de Illinois. Es el rango de metros en el que se jugó la calidad de su vuelta, con bastantes más sinsabores que alegrías. Una distancia que su putter no acabó de canalizar, de ajustar a su precisión. Así, necesitó salvar el día con una gran reacción final gracias al manejo exquisito de los putts más lejanos. Su juego de tee a green mereció mejor tajada, una porción del pastel más generosa. Porque tuvo que hacer los números para que le salieran las cuentas despejando las incógnitas que planteó no poder aprovechar los pares 5, realmente conquistables en este campo. Sólo cazó el del hoyo 10, lo que le da mucha cuerda y posible mejora para las jornadas venideras.

Para el hoyo 6 se había topado ya con la piedra en su zapato. Pateó sin éxito para birdie desde dos pasos y medio en el 1, a tres metros en el 2, cazó el 3 desde esa misma distancia, salvó el par del 4 desde dos metros y medio, falló hacerse con el 5 a un par de pasos y con el 6 a tres. La buena noticia era que no pasaba apuros como para emborronar su tarjeta, pero la vuelta no arrancaba, no carburaba. Hacía uso de cuanto necesitaba, llegaba de manera regular bastante más cerca a bandera que en anteriores ocasiones. Pero no daba con la tecla, con el calibrado óptimo para leer la velocidad y caída de los greenes. Una pena.

Eso le condujo a un ejercicio extra de paciencia, pero nunca bajó la intensidad ni la agresividad. Con uno bajo par, a seis golpes de la cabeza, inició el largo de regreso a la casa club. Buen pálpito al, por fin, domar a un par 5. Patinó en el 11 otra vez en el cuerpo a cuerpo con el campo (putt de par errado desde 1,7 metros), pero estaba decidido a no soltar a su presa. Y lo que no embocaba de ese radio de acción gafado lo rubricaba desde el doble y triple de distancia. Seguro que por su hiperamueblada cabeza rondaría el mantra que tantas veces usa como comodín. «Es golf». En plena faena, como para buscar explicaciones a fenómenos casi paranormales.

Punto y seguido. Embocó en el 12 desde seis metros y medio y fue como si el cielo se abriera sobre él. Rahm no disimuló que había crecido su ambición. Fue, en adelante, descaradamente en busca del trapo. Con riesgos, unos cuantos. Asumidos. Un búnquer visitado en el par 3 del 13; un putt tirado al límite desde tres pasos en el 14, y su obsesión por la bandera en el 15 para colocarle en su único momento crítico, del que salió como un torero que abre la puerta grande. Buscó el green con obsesión de ganador y la bola se quedó enganchada en el rough. Dos metros ladera abajo estaba el agua. Desde allí sus manos de seda impregnaron de magia el green. Sacada cenital, la bola cayendo n nieve de la altura alcanzada para acabar sumisa a un metro del agujero. Orfebrería.

Y no fue su última bala. En el 16 probó fortuna con el putter desde nueve metros. Se quedó a medio de la diana. En el 17 hizo saltar la banca desde casi diez pasos. Risa contenida, nerviosa, rebobinando la cinta como diciendo que cambiaba tres de los de tres metros no aprovechados por esa pequeña joya que donó a la videoteca. Ipso facto, pudo en su interior la satisfacción de sentirse victorioso. Era como para estarlo. Puso en marcha a tiempo una vuelta que parecía estancada. Y le descubrió nuevas alternativas a un campo que se va a poner mucho más serio en días sucesivos.