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Del Val y Rahm ligan la salsa vizcaína en el Open de España

Jon Rahm. / EFE

Rahm no permite escisiones en el partido estelar y sólo cede dos golpes ante los líderes para ser cuarto, mientras Del Val firma su jornada más feliz y es tercero

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Salsa vizcaína en el Open de España. La llevan bien ligada Samuel del Val y Jon Rahm. El bilbaíno convertido en la gratísima sorpresa del torneo y el de Barrika haciendo ver a sus adversarios que hay que tirar mucho de riñones para romper el grupo y dejarle en la estacada. Por encima de ellos, a uno y dos golpes respectivamente, sólo un dúo también de españoles, que seguirán jugando juntos, ahora con cambio de ingrediente pero mismo label. Cabrera y Arnaus. Un póquer con cromos de casa al frente de la tabla tras una segunda jornada que a los integrantes del European Tour les provocaba un sincero «It's crazy». Una bendita locura para los organizadores, de nuevo desbordados por una afición que por momentos amagó con alterar la normalidad al combinar sus ansias por estar cerca de sus ídolos con la ausencia de personal para ser contenidos tras unas cuerdas que el respetable convierte en invisibles.

No le faltaba razón a quien se despachaba así. En el partido estelar de la tarde se concentraban los tres jugadores que hasta la irrupción de Del Val dominaban el cotarro. Arnaus, Cabrera y Rahm, siempre en ese orden iban dándole sentido a la fiesta organizada a su alrededor. Con el de Barrika forzado a tirar el doble de pico y pala por tardar en sonarle el despertador. De búnquer a búnquer en el hoyo 1 para salvar el par tras una gran segunda recuperación. Y con un demoledor doble bogey, gastando cuatro golpes para dejar los roughs y no atinar para relativizar el castigo con el putter desde unos dos metros. Como en días y torneos anteriores, los hierros irían ofreciendo cierta resistencia a su juego. Pero ya se sabe que nunca se le puede dar por abandonado en la cordada.

Jon Rahm agradece el apoyo del público tras acabar su recorrido en el hoyo 18.
Jon Rahm agradece el apoyo del público tras acabar su recorrido en el hoyo 18.

Se pusieron de acuerdo, sin saberlo, los vizcaínos para poner en funcionamiento al unísono su maquinaria de fabricar birdies. Del Val, por la otra parte del campo, cataba dos seguidos, que eran tres en cuatro hoyos. Rahm exactamente lo mismo, tres en cuatro. Sus vueltas ya estaban lanzadas y desde entonces nunca dejaron de asomarse al cuadro principal. El de Barrika no se enfrió en un parón del juego a la espera de que el árbitro revisara la posición de una bola de Cabrera, y supo lidiar con todo lo que le vino. En las tarjetas queda el sello de los golpes ganado o perdidos. Muchas veces los pares son tesoros, moneda de cambio, alimento para el necesitado. Firmó hasta cuatro salvadas de lujo, en ese tramo traicionero de patear entre dos y cuatro metros. Puede que sean los aciertos que más le ponen las pilas.

El día avanzaba con Arnaus dando muestras de su innegable valentía. La pega por placer, la suele alejar más que nadie y para mayor regocijo de los suyos patea con una decisión matemática. Factura hoyos llegando la bola madura. La única duda que alberga es cómo reaccionará, si necesita hacerlo, según avance el fin de semana, ahora que ya se sabe en el ojo del huracán. Ha experimentado muy de cerca que dos rivales de mucho empaque uno calque su tarjeta y otro le vigile a dos golpes sin necesidad de tanto riesgo.

Por la mañana Otaegui ya nos había dado la primera alegría al mostrar su solidez para ponerse con un -6 que habla mucho y bien de su mejora. Del Val convertía por su parte el cansancio en vigor, en energía. Iba avanzando por el Club de Campo y aunque se resistía miraba de reojo un marcador que le mostraba ya junto a los mejores. Pero tenía reservada su traca final. La prendió del 5 al 7 y se fajó con los dos últimos hoyos a pecho descubierto, orgulloso del doble dígito (-10) que le valdrá para jugar hoy (13.00) el partido estelar junto a Cabrera y Arnaus. El barcelonés quiso dejar atrás a la competencia, pero el canario cerró su segundo día sin bogeys y él patinó en el 18.

Rahm quería su porción de la tarta en cuya fabricación había colaborado. Repuso munición en su bolsa cuando la vuelta parecía que se le narcotizaba entre las manos. Cinco pares seguidos y fin de fiesta. Agresivo, como reconfortado con un final de campo que le atrae, Cuatro birdies en las últimas seis banderas, mitigados con un bogey en el 16. No es un empate técnico, pero casi en su caso. Hoy cede los bártulos en el partido estelar y saldrá a las 12.49 con jugadores desconocidos para el gran pùblico, el sudafricano Lombard y el alemán Siem.