The Players

Rahm escribe un manual de resistencia

Rahm golpea la bola desde un búnquer en el hoyo 2, el primero de los cinco arenales que visitó ayer en el TPC Sawgrass./EFE
Rahm golpea la bola desde un búnquer en el hoyo 2, el primero de los cinco arenales que visitó ayer en el TPC Sawgrass. / EFE

Brillante en los primeros nueve hoyos, supo no descolgarse del Top10, premio que reconoce le satisfacía en la segunda jornada del The Players

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Se aferra al Top10 como si fuera su hábitat natural. De hecho lo es esta campaña. Jon Rahm juega más sólido, con más continuidad. Es capaz de usar los polvos mágicos para dar bolazos de ensueño con agresividad y el trapo en el entrecejo y no se le caen los anillos cuando la gesta consiste en resistir. Escribió un manual al respecto cuando los arenales se cruzaron en su camino. También visitó un par de esas zonas sucias que provocan congoja cuando muestra el 'shot tracker' que la bola ha aterrizado allí, donde no debía. Como la que quedó en la pinaza en el 18 para enojar al de Barrika porque le evitaba dar el último bocado a un campo que supo cómo jugar.

A cinco golpes del liderato y con la sensación de poder exprimir más su juego. Otra cosa es lo que suceda hoy si se confirma la lluvia intermitente que podría alterar la armonía de los jugadores. No debe tener queja el de Barrika pese a que su ambición le delata. Le encanta comenzar y acabar bien porque retroalimenta sus sensaciones, el pálpito que siempre le conduce a que querer es poder. Por eso, cazar la primera bandera del viernes fue maná.

Tras un par de hoyos de estabilización comenzó a moverse, a pegar, a pensar y sentir en modo 'on fire'. en el hoyo 4 un putt de tres metros rodó sobre el perfil del agujero. En la siguiente madriguera otro toque sutil pero decidido de tres pasos y medio sólo se separó un dedo de la marca. Estaba preparado, decidido. Los tres siguientes los clavó. Rozó el eagle en el 6 con la bola picando a poco más de un palmo del mástil; brilló con una sacada de búnquer celestial en el 7; y en el segundo par 3 del día se quedó a menos de un metro desde la salida.

Llevaba ocho banderas jugadas y había facturado cuatro. Marchaba con -7, ya fijado a ese Top10 que le reafirma, que confirma en su interior que la hoja de ruta es correcta. Lástima que no se cerrara el front nine (los primeros nueve) sin mácula. Pero la copa de un árbol se cruzó en su línea y la valentía de jugarse un all in con un putt agresivo que rodó a una falange de niño de la cazoleta se quedó sin recompensa y le cayó el traicionero bogey. En sus sensaciones prevalecía que entraba en ese instante en un territorio que el jueves le fue más amable, en el que se hizo con tres birdies sin fallo. Elevó su marca a -8 en el 11 mientras su juego de salida se había estabilizado otra vez con tres calles seguidas.

Fueron cambiando muchas cosas por la tarde. La temperatura, el viento. La cercanía del ocaso planteó otro tapete de juego y costó mucho más guiar la bola recta. También influyó que en el The Players nadie se deja nada en el tintero. Y apretaba saber que Fleetwood volvía a arrancar como un McLaren desbocado. O que McIlroy y Poulter encontraban a su vez la clave de las islas británicas para doblegar al TPC Sawgrass. Otros desistieron por el camino. Como un desangelado Rafa Cabrera, forrado como nunca en un feudo que le era favorable. O Tiger Woods, que probó la hiel del 17 enviando dos bolas al agua para firmar un cuádruple bogey en tal icónico escenario. Al manos el californiano superó el corte y sigue en liza en Florida, su estado de residencia.

Rahm metió una marcha más camino del final. Facturó el 16 pese a no tocar calle (rough-búnquer) y su putt en la 'isla verde' se quedó a media vuelta de la bola para hacer ceder a la brizna invisible que la sujetó. Llegó el bogey del 18, un lunar surgido de un exceso de potencia en la salida final. El de Barrika resiste. Y algo más.