EL CORREO con Rahm en el US Open

Rahm, a cuatro golpes del liderato

Rahm chipea desde el rough ante una embarcación anclada junto al recorrido del US Open. / EFE

Inicia el US Open con tres birdies seguidos, pero su buen juego se queda sin mayor recompensa cuando el partido llega a sus hoyos favoritos. El inglés Justin Rose, en cabeza

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Propulsión a chorro. Como todo en este país movido por combustible derivado del petróleo. Sus reservas permiten que el galón tenga un precio irrisorio para un europeo, pero penitencia y pecado caminan de la mano y la condena es un rango de consumo atroz. De tal guisa funcionó Jon Rahm en el inicio del US Open. Desbocado, en modo estampida, sin cercas, vallas o cuerdas que limitaran o alteraran su paso. En este enclave californiano que da para tanto como glorificó el Nobel de literatura John Steinback ('Las uvas de la ira', 'Al este del edén', 'Por el mar de Cortés'), nativo de la cercana Salinas, otro hijo de un mar rudo y feroz a más de 9.200 kilómetros de distancia sintió que en la fría mañana de ayer sus pulmones se llenaban de aromas que le recuerdan Barrika, el campo de Neguri, su casa. Llegó a Pebble Beach con la sonrisa del jugón. Una mueca contenida para ser exactos. Y brillo en los ojos para exportar, pese al madrugón. Cumplió con mucho de lo que había anotado en su bitácora, pero no acabó satisfecho. Se le escapó, cierto, una oportunidad de liar una buena montonera en el Abierto del país que le adoptó para convertirle en lo que es, una estrella del golf. Dos bajo el par del campo que pudieron multiplicarse por tres. Una pena. El de Barrika, en la posición 16, está a cuatro golpes del líder, el inglés Justin Rose, que cerró la jornada con 65 golpes.

Nadie le quitará el subidón de una puesta en escena arrolladora. Capaz de todo, sus antecedentes en los 'Majors' soportan especulaciones varias. Las negativas recordaban que no ha pasado el corte en este 'Grande' en sus dos últimas ediciones. O que viene de tampoco conseguirlo en el PGA de Bethpage. La corriente positiva habla de la realidad de su horquilla de juego y resultados. En los últimos seis que ha jugado sí ha fallado tres cortes, pero también ha conquistado dos cuartos y un sexto puestos. Vaticinar algo con el vizcaíno es un ejercicio de riesgo, pero se da por sentado que es de los candidatos a todo mientras no se empeñe en demostrar lo contrario.

Conquistar la primera bandera con un putt de once metros es una bilbainada, un chute de adrenalina que convierte a Rahm en un personaje de Disney-Pixar, en el alter ego de Bob Parr, el patriarca de 'Los Increíbles', cuyo perfil es una copia exacta. Los poderes del vizcaíno pasan por la contundencia, marca de la casa. Pero cada vez asoma con más frecuencia la vena sutil, la esencia de un swing calculado, a veces sólo acariciado para conseguir acercar la bola a la bandera sin sobresaltos. Un gran hierro para modelar un putt de dos metros y medio y una salida de mira telescópica en el primer par 3 del día para quedarse a menos de tres pasos de bandera. Tres de tres. Fluían juego, tacto, serenidad. Jon Rahm versión como dice su profesor Edu Celles «avanzando por el campo como si fuera suyo». Seguridad.

Casi cuatro de cuatro

A partir de ese instante el karma le aconsejó parar. Es una forma de decirlo, pero ya no hubo un algo, una fuerza exterior que completara el remate de su buen juego. Se le escapó el cuatro de cuatro pateando desde poco más de un metro y solventó bien sus primeros problemas derivados de las dos primeras calles no conquistadas. Un putt desde la calle posterior al tapete y un chip mágico que casi entra. Y otro putt que rodó por el perfil de la cazoleta en el 16, o la injusticia –si es que existe en un deporte en el que la precisión es una de las patas del banco– de ver salirse del agujero la pelotita tras anudar un corbatón en el 17 que le costó, para más inri, el primer bogey. Lo arregló en el 18 como solo hacen los gallos, con una opción de eagle desde cuatro metros reducida a birdie. Un dedo, meñique, tuvo la culpa.

Balance positivo pese a las balas de fogueo. La estadística decía algo que contenía trazas del chili local. En sus cuatro vueltas precedentes a este recorrido (en el AT&T del PGA se juegan tres campos, uno de ellos este Golf Links que además acoge la jornada final), el pegador de Barrika había acumulado un saldo de +1 en los hoyos 10 al 18, que ya había rematado esta vez con -3, y pasaba de pantalla a las banderas 1 a 9, en las que su rédito precedente fue de -11. Pero no.

Cinco pares seguidos, con dos putts de birdie muy asequibles y una sacada de doce metros que no entró de chiripa antes de su único accidente. De la calle algo justa de distancia del 6 buscó el imposible, llegar de dos al green de ese par 5. En idioma futbolero, se llenó de balón. La bola, al infierno. Penalidad y bogey y tuvo opción de evitar el borrón desde metro y medio. Acabó por ser su punto de inflexión en un día en el que ya nada cambió. A tres golpes del liderato matinal provisional. Quería más, pero se ve bien colocado, como siempre en su mente, a caballo ganador.

«No hay nada de lo que me pueda quejar en este gran día»

Soltó lastre. Desde el principio. Así lo reconoció Jon Rahm en caliente. «No hay nada de lo que me pueda quejar en este gran día. Ojalá siga haciendo cada jornada menos dos. Se han escapado varias opciones, pero es un USOpen y comenzar con ese putt de birdie en el 10 me ha dejado muy aliviado, me ha dado tranquilidad. Mi intención en los primeros nueve era poner la bola en calle porque te da muchas opciones de birdie. Me han entrado dudas a partir del 14 y en el 18 he cogido el driver para cambiar la mentalidad y decir vamos a ello. Ha sido mi mejor drive del día», explicaba tras concluir el día con la misma tarjeta que el debutante barcelonés Adri Arnaus y un Sergio García que descendió del -3 en el hoyo final.

El profesor Edu Celles le acompañó en el recorrido. «Le he visto muy seguro, casi perfecto, muy sólido de tee a green, que era lo que le había faltado en los cortes anteriores. Le ha marcado el bogey del 6, una pena, porque ha tenido varias opciones para rebajar la tarjeta. Me quedo con que veo que recupera su esencia».