Master de Augusta

El nuevo McIlroy recoge el guante

Rory McIlroy, el gran favorito para el Masters de este año. /AFP
Rory McIlroy, el gran favorito para el Masters de este año. / AFP

Desde la meditación y el autocontrol, el golfista norirlandés quiere ganar el Masters para ser el sexto jugador con los cuatro grandes

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Va destacado en las apuestas. Palos de ventaja para un norirlandés más afable de lo que marca su perfil, un jugador que subió al cielo y tras sentirse intocable por los dioses se precipitó hacia las procelosas aguas del ser humano. Volvió a la tierra desprovisto de poderes y durante casi dos años mente y cuerpo se rebelaron para hacerle parecer un mortal más. Rory McIlroy, inquieto por naturaleza, comenzó a probar de aquí y allá. Alimentación, ajustes médicos (que incluyeron un proceso de arritmias y una interminable lacra de alergias sorteada, parece, evitando los lácteos), varias vueltas a la tornillería en su disco duro... no todo le funcionó pero acabó por readaptarse, formatear su ser y llegar a este Masters como el claro favorito. Hacía bastante que un golfista no recibía un vaticinio tan unánime.

Claro que hay que refrendarlo en el Augusta National, este campo odiado y querido que ayer estaba muy blando por las lluvias precedentes, aunque en los greens se podía uno tumbar sin riesgo de siquiera mojarse por la humedad. Bajo los tapetes hay otro campo, este mecánico, una sala de máquinas dotada de extractores, ventiladores, calefactores. El putt supone la suerte suprema en el golf y se busca que la bola sea lo más obediente posible a la dirección, toque y potencia en una sucesión de planos, caídas y derivas que obligan al jugador a tener un sexto sentido. Los que no nos enterábamos en los problemas con poleas en el bachillerato aquí podríamos echar la tarde para embocar un triste hoyo.

¿Por qué es tan favorito Rory McIlroy? Por sus números, sin duda. En 2019 lleva jugados siete torneos: cuarto en el Sentry Hawai; quinto en el Farmers, cuarto en el Genesis de Los Ángeles, subcampeón en el Mundial de México, sexto en el Arnold Palmer, ganador del The Players y noveno en el Mundial Match Play. Lleva en total robados 80 golpes al par de los campos. Además, se ha clasificado en el Top10 en sus últimas cinco actuaciones en Augusta y el año pasado partía como el rival más hostil para Patrick Reed. Pero cometió el desliz de tratar de cederle la presión ante la ronda final y el norteamericano lo transformó en furia ganadora.

Autoayuda en la mesilla

Y está citado con la historia. Desde la existencia del 'grand slam' (los cuatro grandes) sólo cinco jugadores consiguieron el pleno de 'majors': Nicklaus y Woods dos veces, Player, Hogan y Sarazen. McIlroy se apuntó el US Open en 2011, el PGA en 2012 y 14 y el The Open británico también en 2014. El hueco que le queda por cubrir es el del Masters y en un pasado reciente le obsesionó. Su caso no es único y leyendas de este deporte se quedaron sin cerrar el círculo. A Trevino, Barnes y Armour se les resistió la chaqueta verde; Snead y Mickelson están huérfanos del US Open; Nelson y Floyd no ganaron el British; y a Watson, Palmer y, por el momento, Spieth les falta el PGA.

McIlroy reconoce que ha cambiado y desde la perspectiva de un nuevo hombre-jugador lo ve todo muy diferente. «Hago cosas que puede que no sean las correctas para otras personas, pero creo que he encontrado una fórmula que funciona para mí». De entrada, erradica cualquier obsesión pasada. «Me encantaría ganar este torneo algún día. Si no sucede esta semana, está bien, volveré el año que viene». Y señala algunos de sus libros de cabecera como copartícipes de su aura. 'El mejor vendedor del mundo', de Og Mandino; o 'El obstáculo es el camino' y 'Ego es el enemigo', de Ryan Holiday.

¿Qué ha aprendido con sus gurús mentales? «Que no se trata solo del resultado. Se trata del proceso de llegar a ese punto. No es venir a ganar sino tener la actitud correcta que me lleve a ello. No soy mi tarjeta, mi resultado». Muy respetable, pero suena a espeso. Desde su atalaya de favorito agradece que la tradición del Masters prohíbe el uso de móviles. Sólo se permiten pequeñas cámaras de fotos hasta los miércoles. Con la competición ningún aparato electrónico pisa el campo. «Es refrescante no ver a la gente pegada a un móvil y hay algo que decir al respecto». Y tira otra vez de bibliografía. «Hay un libro llamado 'Minimalismo digital', de Cal Newport que habla de eso, de las cosas maravillosas que incluyen estos dispositivos, solo si se usan de la manera correcta. Creo que es genial ver eso y ver que Augusta ha mantenido esa tradición». Si fuera periodista en acto de servicio no pensaría igual.

En lo último que se ha metido es en la meditación. Le divierte hablar de ello y explicarlo. «Oye, no voy a ir a vivir con los monjes durante un par de meses a Nepal (ríe). Es concentrarte para poder tener tu mente en el lugar correcto. Y mira, hay dispositivos y aplicaciones que ayudan, como 'Calm' o 'Headspace', para meditaciones guiadas, lo mismo tratar de dormir que para lo que te decía, poner la cabeza en el lugar correcto. Son diez minutos al día. Cuando gané The Players medité veinte minutos por la mañana».

Una rutina a la que ha añadido los malabares. Y no es coña. «Sí. Estuve viendo al Amateur femenino el pasado fin de semana y vi a algunas mujeres haciendo malabarismos en el campo de prácticas, así que se está poniendo de moda». De momento es un novato. «Sólo las hago con tres bolas, por ahora».

Ahí le tienen, el rival desde hoy en el punto de mira los Rahm, Johnson, Woods, Thomas, Fowler y el resto de los 86 jugadores más que compiten en el Masters de Augusta por la ceremonia de una chaqueta verde que ayer cuimplió 70 años.