Golf

«Un rayo de sol en un día muy nublado»

Rahm en el momento de su salida en el hoyo 18, donde no facturó un putt de metro y medio./Ten golf
Rahm en el momento de su salida en el hoyo 18, donde no facturó un putt de metro y medio. / Ten golf

Jon Rahm salva su eagle al hoyo 6 como de lo poco destacable en otra jornada «con mucho error» en el Mundial de México

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Se agotan las explicaciones y ello conduce al farfalloso terreno del tópico. Un déjà vu, otro 'Día de la marmota' en la oficina de campaña montada por Jon Rahm en Chapultepec. Tercer día seguido sin obtener recompensa a un juego vibrante y agresivo desde su nacimiento, el que lleva al de Barrika a buscar el más difícil todavía en su obsesión por discutirle supremacía al par del escenario del Mundial de México. Otra jornada en la que el recorrido le ha ganado por un golpe. Y pudieron ser algunos más o unos cuantos menos. El «es golf» sonaba ayer a letanía en la voz del vizcaíno, quien tras cerrar con una tarjeta global de +3 reconocía que ya va habiendo «mucho error, intentando quizá hacer demasiado», en su tercera estancia en el escenario azteca.

Y eso le consume. Pedía a su juego, imploraba hacia sus adentros, tener un buen arranque para con la breada serenar su pulso y automatizar su swing, sobre todo a partir de la entrada en escena de los hierros. Pues taza y media. Dos bogeys para desayunar. El del 10 con una salida de 357 metros que era todo un monólogo de intenciones. Pero acabó mal ubicada la bola y de rough en rough se metió en el primer jardín. En el segundo del día le ocurrió algo parecido sólo que está vez fueron tres las casillas fuera de calle visitadas. La desesperación no tardó en tocar con sus nudillos a la concentración. En el siguiente hoyo, desde calle, afinó tanto al trapo que se quedó corto de green y recuperó sus constantes vitales con un putt perfecto de siete metros que llevó el carmesí a su tarjeta. Y acto seguido otro zasca después de dilapidar una calle y con el pitch llevarla a pastar a veinte metros de bandera. Y después nuevo regreso al cauce con un birdie al 15.

Querer y no poder se convirtió en un doloroso mantra. Una montaña rusa de sensaciones y sinsabores, lo agridulce matando cualquier retrogusto agradable. «Quiero ser optimista, pero es duro cuando no ves entrar la bola», se sinceraba aún sofocado por el esfuerzo en Chapultepec. Se quedó con lo que llamó «un rayo de luz en un día muy nublado». Una decisión que refleja su carácter y ambición. Hoyo 6. Salida al primer corte de rough. Le queda medio recorrido a bandera y antes del green hay que sobrevolar un lago. Sus compañeros de partido se lo piensan y pecan de juego corto. Él se tira a tumba abierta y la deja a cuatro metros para coronar con un chip canjeado por eagle. «He acabado sintiendo la desesperación de querer meterla de cualquier modo», remató.