Golf

Escasos errores y poca recompensa

Jon Rahm lleva al extremo la violencia de su impacto en la salida del hoyo 5 en el que firmó su segundo birdie del día./AFP
Jon Rahm lleva al extremo la violencia de su impacto en la salida del hoyo 5 en el que firmó su segundo birdie del día. / AFP

Desafiante en los pares 5 y muy recto en el juego, la factura le salió cara cuando perdió contadas calles, pero sigue intacta su capacidad de reacción

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Diez calles, trece greenes en regulación y la impresión de no jugar tan fino como en la víspera. De hecho, su cosecha incluyó un golpe menos de ganancia que el viernes para dejar su tarjeta en un -7 que se aleja de lo esperado rebobinando la jornada para quedarnos con algunos momentos estelares que fueron mágicos. Pero los muy contados casos en los que se metió en líos le pasaron factura. Su tarjeta quedó marcada con los arañazos de tres malas salidas, las únicas, que le recordaron que Medinah es un campo que parece amable y sigue permitiendo alegrías a la tropa -a la hora de acabar el vizcaíno sólo había cuatro participantes sobre el par del campo-, pero te empitona en cuanto te descubres.

Una pena porque el jugador con label de Larrabea enhebró bien la aguja para marcar un paso seguro por los primeros hoyos. Embocó en el 1 desde el fringe. Cinco metros que convirtió en una propulsión medida con el putter. Se le quedaron los tres siguientes aterrizajes en la pista verde, pero lejos del hoyo y en el quinto puso en marcha de producción masiva desde los pares 5. Tal como iba el viertes parecía que iban a ser determinantes para su despegue definitivo. Cazó el primero con una secuencia de calle-green y putt de 15 metros que acercó la bola para ser rematada desde un paso.

De la misma se le fue la mano y perdió ese golpe en la siguiente bandera. De rough en rough y con un búnquer como regalo envenenado, el bogey del 6 actuó como reconstituyente. Llegaba el segundo par 5 y escribió el mejor párrafo hasta ahora cerca de la ciudad del viento. 291 metros descontados desde el tee. 272 con el segundo golpe. La bola en green, a seis pasos y medio para eagle. Rahm dio la orden y la ejecución fue limpia, quirúrgica. Subía hasta la quinta posición, entonces a un solo golpe del liderato. Más que buenas vibraciones.

Pero otra vez no pudo refrenar sus manos y la siguiente salida volvió a llevarle al lado oscuro del campo. Esa vez, muy corta, mirando de reojo al agua. Segundo bogey para cerrar los primeros nueve con un saldo favorable de dos golpes, a todas luces muy alejado de lo que se podía esperar, de lo que había provocado su juego atinado, aunque esta vez algo alejado de las banderas.

Aunque no suele firmar vueltas simétricas, el jueves en el 'back nine' exprimió su jugo a Medinah. Y arrancó ayer de igual manera, repitiendo birdie en el 11. Llevaba tres pares 5 ya jugados y les había arrancado un -4. Hay que convenir que es el silo del que se debe extraer la mayor mercancía posible, así que todo sobre ruedas. Pero fue un viernes siniestro porque tras cada zarpazo que le daba al campo no tardaba en recibir la réplica. Y tuvo todo que ver con no atinar con las calles. La mitad de las que falló le pasaron la minuta.

Pero hay algo que no cambia en Rahm y es su capacidad reparadora. Es como si supiera mantener el dolor del revés en letargo, en una cuarentena controlada. Se metió en el jardín más frondoso en el 14. Fue el par 5 que le salió contestón y bastante hizo con reducir el castigo a un bogey al necesitar cuatro golpes para llegar a green, con tres visitas en el itinerario a los roughs. Llegó a patear de menos de tres metros para evitar el borrón. No lo logró y una bandera después ya había vuelto a salir de caza y mostraba su trofeo tras un toque mágico desde 32 metros para dejar la bola casi dada. Eso es golf. Y ese es Jon Rahm.

No consiguió colorear más su tarjeta y acabó con un global de -7, a cinco golpes del entonces líder Matsuyama. Sabe que lo peor, para todos, está por llegar. Que el agua que ayer dio tregua quizá no la plantee hoy. Que el viento, ya perceptible, deje de soplar como siguiendo un guion. Y cuando eso suceda, él estará esperando, sin el seguro en sus palos.