Alemania

El último baile del 'jugador de cristal'

Robben celebra el gol que le marcó al Eintracht en la última jornada de la Bundesliga. /Philipp Guelland (Efe)
Robben celebra el gol que le marcó al Eintracht en la última jornada de la Bundesliga. / Philipp Guelland (Efe)

Robben disputará el sábado su último partido con el Bayern de Múnich, la final de la Copa de Alemania

COLPISA / AFPBERLÍN

Arjen Robben es un artista. Y un guerrero. El sábado, el holandés jugará previsiblemente a sus 35 años su última final de Copa de Alemania con el Bayern de Múnich, y está feliz como un juvenil con la idea de vestir de nuevo la camiseta de su corazón.

«No vengo para saludar al público y hacerme aplaudir, quiero ayudar al equipo a conquistar títulos», dijo a mediados de mayo, cuando por fin recuperó su plaza en el banquillo tras cinco meses parado por problemas musculares.

El sábado pasado, en la 'final' del campeonato contra el Eintracht de Fráncfort, entró al final del partido para marcar el quinto gol de la victoria (5-1), que dio al Bayern su séptimo título consecutivo. Su tanto 99 en Bundesliga: su jubilación explosiva, y la alegría de sus compañeros, ofrecieron imágenes emocionantes. «Evidentemente, marcar 100 goles habría sido bonito, pero no pasa nada, 99 es también una cifra bonita», dijo tras el encuentro, al borde de las lágrimas.

El momento más importante de su carrera fue su gol de la victoria en la final de la Liga de Campeones de 2013 (2-1 contra el Borussia Dortmund). Pero ganó con el equipo alemán otros 19 trofeos, entre ellos ocho de la Bundesliga y cuatro de la Copa de Alemania... en espera de la final del sábado.

Fue campeón de Inglaterra dos veces con el Chelsea (2005-2006) y de España (2008) con el Real Madrid. Con Holanda, jugó la final del Mundial de 2010 y terminó tercero en 2014.

'Robbéry'

Tras llegar a Múnich en 2009, encontró allí a Franck Ribéry, convertido en su álter ego en el césped. Al punto que sus nombres se fusionaron para la historia bajo la forma de 'Robbéry'.

Temperamentos de fuego, llegaron a las manos una noche de Liga de Campeones, en 2012: «Está claro que yo estaba muy caliente. Pero ahora me puedo reír de ello», cuenta Robben. «Esto puede explotar a veces, forma parte de la vida, pero tal vez nuestra relación no fue mejor».

Su entrenador, Niko Kovac, los asocia también en el homenaje: «Todas las palabras que se puedan decir sobre ellos son pocas. Sólo se pueden decir superlativos sobre ellos. Tienen fuertes personalidades, cada uno con sus aspectos particulares, pero lo que han hecho estos dos chicos, no sólo para este club, sino para sus equipos nacionales, es absolutamente único. El equipo los extrañará».

Durante diez temporadas, Robben ha encarnado los valores de la victoria, del combate y de la abnegación del Bayern de Múnich. El público le tributa reconocimiento: a principios de mayo, cuando volvió a jugar tras cinco meses de lesión, el Allianz Arena rugió de felicidad. «Este recibimiento de los aficionados me puso la piel de gallina», confesó el holandés, cuya carrera se vio acompañada de muchas lesiones. En Madrid se ganó incluso el apodo de 'jugador de cristal' por su fragilidad física.

Abandonar el Bayern es doloroso para él. «Dejar algo siempre hace mal, pero hay que ver las cosas de forma positiva. Todo tiene un final. Fueron diez años increíblemente bonitos».

¿Y después de Múnich? «Tengo ganas de continuar jugando, pero no quiero pasar cinco meses parado por una o varias lesiones, no tiene ningún interés. Conozco mi cuerpo, tengo todavía la fuerza física, la resistencia, la forma, puedo todavía jugar cuatro, cinco años, a condición de ser respetado por las lesiones». Poco antes de su último partido con el Bayern de Múnich, el 'jugador de cristal' no ha anunciado todavía su futuro.