Resumen 2018

Un alma herida y en busca de nuevos referentes

Zidane habla con Cristiano durante la final de la Champions disputada en Kiev. /Armando Babani (Efe)
Zidane habla con Cristiano durante la final de la Champions disputada en Kiev. / Armando Babani (Efe)

La dimisión de Zidane y la espantada permitida de Cristiano dejaron un profundo vacío en una escuadra que precisa de líderes más regulares

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Cuarenta y cinco días bastaron para mutar de forma radical el rostro del Real Madrid, que pasó de tocar el cielo en Kiev a ver cómo se cernían oscuros nubarrones en su horizonte con el portazo de quienes fueron los dos principales responsables de su tercera edad de oro. Primero Zinedine Zidane y luego Cristiano Ronaldo pusieron fin a una trayectoria de brillo descomunal. El 31 de mayo el francés y el 10 de julio el portugués, cerraron su periplo en un club donde ostentan un lugar de honor. Salidas voluntarias en ambos casos pero permitidas por una directiva incapaz de convencerles de la conveniencia de mantener una relación tan exitosa. Sorprendida por una decisión que no vio venir, la del marsellés, no reaccionó a otra de la que estaba avisada desde que el de Madeira reventase la fiesta en el Olímpico ucraniano.

Lejos del 'modus operandi' de tiempos añejos y difícilmente emulables por la revolución dimanante de la emergencia de los 'clubes-estado', en la zona noble del Santiago Bernabéu eludieron mover ficha para cubrir el profundo vacío que dejó una figura por otra parte irremplazable. No hay talonario que pague 451 goles en 438 partidos salvo que, como le ocurrió a la Juventus, se cuente con la aquiescencia en origen a la salida de un crack que fue demasiado lejos en su sempiterno pulso con la entidad y ahora anda empeñado en pisotear su legado. Ni Kane, ni Hazard ni el deseado Neymar; el que llegó fue Mariano.

Sólo el tiempo dirá si a medio o largo plazo se revela acertado el planteamiento que, hartos del ego del luso, hicieron en los despachos al permitir su marcha. En lo inmediato no hay dudas. La 'Vecchia Signora' se pasea en la Serie A -en eso hay poca novedad- y atemoriza en la Champions mientras los blancos titubean sin un goleador consistente. No lo es, pese a su genialidad, Benzema, siempre intermitente en su cita con la portería. Tampoco Bale, incontenible unos días y anémico otros. Ni Marco Asensio, al que aún incomoda el frac de referente en que le embutió la entidad. Su zurda es una delicia pero cargarle en exceso la mochila demasiado pronto puede tener consecuencias tan funestas como permitirle que porte una muy liviana.

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Huérfano sobre el césped, el Madrid pena también sin la aureola de Zidane, capaz de desactivar una crisis con su sonrisa y de conseguir lo que nadie pudo -tres Champions consecutivas como técnico- sin emanciparse de la etiqueta de mero «alineador». Para sus detractores todo se reducirá a la «flor» hasta el fin de los tiempos, pero ya quisieran semejante palmarés técnicos cuyo divismo contrasta en grado sumo con la modestia de que siempre hizo gala el admirador de Enzo Francescoli. Otro astro insustituible, como están comprobando en Chamartín.