Mundial de Clubes

El Real Madrid se reconcilia con la izquierda

Marcelo y Bale celebran uno de los tres tantos del galés al Kashima. /Mahmoud Khaled (Efe)
Marcelo y Bale celebran uno de los tres tantos del galés al Kashima. / Mahmoud Khaled (Efe)

Tan espasmódicos como determinantes, Marcelo y Bale recuperan su versión más desequilibrante para enfilar el séptimo entorchado mundial de los blancos

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOTMadrid

Zarandeados una y otra vez desde el inicio de curso, señalados entre los principales culpables de la atonía que cercenó el proyecto de Julen Lopetegui y no acaba de disipar las dudas que se ciernen sobre la naciente era de Santiago Solari, Gareth Bale y Marcelo Vieira recuperaron su versión más desequilibrante ante el Kashima Antlers para enfilar el séptimo entorchado mundial del Real Madrid. Autor el galés del 'hat-trick' que impidió a los nipones alcanzar de nuevo la final del Mundial de Clubes y asistente el brasileño en dos de los tres cañonazos del extremo, volvieron a demostrar que son dos de los futbolistas más determinantes con que cuenta el técnico para enderezar el dubitativo rumbo de la nave blanca y pugnar por los cuatro títulos aún en liza, el primero de los cuales podría caer el sábado ante el Al Ain.

Tan espasmódicos como decisivos, el '11' y el '12' se han acostumbrado a convivir con la permanente duda sobre su rendimiento. La regularidad de las críticas que acompaña cada una de sus «mesetas» -por emplear la terminología de Solari- contrasta con la intermitencia de los elevadísimos «picos» que han escalado un par de futbolistas capitales en la construcción de una de las épocas más gloriosas en la historia del Real Madrid. Lo suyo, especialmente en el caso del británico, son fogonazos con una elusiva particularidad que les distancia del pelotero común y les aupa a la categoría de figuras: casi siempre aparecen en los momentos cruciales con su capacidad resolutiva. Solari les ha colocado en el mismo carril y ambos andan enfangados en la misión de que su hinchada se reconcilie con la izquierda.

En esa banda germina una sociedad que desangró al Kashima y sobre la que debería pivotar cada vez más la ofensiva del Real Madrid a poco que sus integrantes gocen de la continuidad que hasta ahora han impedido un puñado de percances, desconexiones y el bajo estado de forma con que regresó Marcelo de las vacaciones. Una alianza que ya dio pingües beneficios en Kiev, donde el lateral conectó con el extremo en dos de las tres dianas que abrocharon la 'decimotercera', y que volvió a lucir en Abu Dabi, donde la escuadra de Concha Espina aspira a convertirse en la primera capaz de conquistar por tres veces consecutivas el Mundial de Clubes para prolongar una hegemonía que dura ya 733 días, lo que le situaría además como la única con cuatro cetros desde la instauración de la competición que vino a suplantar a la vetusta Copa Intercontinental, deshaciendo el actual empate con el Barça.

Órdago a Cristiano

Un torneo que se le da especialmente bien a Bale, quien con sus tres goles al Kashima se colocó segundo en la tabla de máximos artilleros históricos. El 'Extremo de Cardiff' ha disputado tres de las cuatro ediciones en las que ha participado el Madrid en el último lustro. Se perdió la de 2016 por una lesión en su tobillo derecho, pero en el resto ha dejado su impronta. En 2014 contribuyó con un tanto a la goleada al Cruz Azul en semifinales y volvió a mojar en el duelo decisivo con el San Lorenzo. En 2017 sacó al Real Madrid del atolladero en que le había metido el Al Jazira, sellando el pasaporte a la final con un gol al minuto de saltar al césped. Y ante el Kashima se erigió de nuevo en héroe con un triplete que le coloca a un tanto de Cristiano Ronaldo, líder con siete dianas del ranking de goleadores de una competición que incluye al galés y al luso en otro ambicionado podio completado por Messi: el de jugadores que han marcado en tres cursos distintos.

Más información

Bale no siempre está, pero casi nunca falta cuando más se le necesita. «Ya le ha dado grandes alegrías al madridismo», recordó Solari tras aplaudir su actuación frente al Kashima. Aludía a sus decisivas aportaciones en las finales de la Champions de Lisboa, Milán y Kiev, en la final de Copa en Mestalla o en tres de los cuatro Mundiales de Clubes que han visto coronarse al Real Madrid. «Es difícil que anote tres goles cada partido, pero siempre está comprometido con el juego», agregó el preparador focalizando en positivo uno de los factores que habitualmente emplean sus críticos para fustigarle.

«A lo largo de mi carrera he jugado en la izquierda, en la derecha y por el centro, así que me encuentro cómodo donde me ponga el entrenador»

«A lo largo de mi carrera he jugado en la izquierda, en la derecha y por el centro, así que me encuentro cómodo donde me ponga el entrenador» Gareth Bale

A la mano de Solari se debe el retorno del británico a la banda que le sirvió de catapulta con el Tottenham. «A lo largo de mi carrera he jugado en la izquierda, en la derecha y por el centro, así que me encuentro cómodo donde me ponga el entrenador», dijo el protagonista tras ser elegido como el mejor de un partido en el que fue un auténtico martillo pilón secundado por Marcelo, para quien también tuvo buenas palabras el preparador. «Necesita continuidad para coger la forma. No creo que sea la mejor versión de Marcelo, ha sido muy buena, pero ojalá que lo muestre todavía mejor en la final. Es un magnífico jugador y tiene que seguir empujando y esforzándose, tanto en ataque como en defensa, que ya me encargaré yo, aunque es difícil porque es un jugador muy ofensivo y hoy lo ha hecho muy bien», manifestó de nuevo con el palo y la zanahoria.