Alemania, la portería, cuestión de Estado

Kevin Trapp, Manuel Neuer y Marc-Andre Ter Stege. /Afp
Kevin Trapp, Manuel Neuer y Marc-Andre Ter Stege. / Afp

Alemania busca revalidar el título con la controversia por la titularidad de Neuer, casi todo el curso de baja, en perjuicio Ter Stegen

JUANMA MALLOBilbao

En septiembre de 2017, el centinela de la portería de Alemania se rompió. Era la tercera lesión en seis meses que Manuel Neuer (32 años) sufría en el pie, y no había más remedio que se sometiera a cirugía. A priori, no tendría problema este cancerbero, siempre en la parte alta de los mejores porteros del universo, para afrontar con el Bayern la parte decisiva de la temporada; asuntos como la fase clave de la Liga de Campeones, ni mucho menos para pisar con fuerza en el Mundial y convertirse en el guardián del vigente campeón, de ese grupo solido y también con talento que ha configurado Joachim Löw. Sin embargo, la recuperación se dilató, Jupp Heynckes no le pudo alinear en la escuadra bávara, y hasta el pasado 2 de junio no volvió a jugar un encuentro: fue el amistoso contra Austria. Durante ese tiempo de trabajo en solitario de este profesional nacido en Gelsenkirchen, otro cancerbero teutón se lucía, colocaba el foco sobre su persona y acumulaba enormes méritos y excelentes actuaciones para proteger la meta de 'Die Mannschaft'. Responde al nombre de Marc Ter Stegen, fundamental en el Barcelona, un futbolista con reflejos, capacidad para sacar el balón jugado con el pie... Y se creó el debate: nombre o rendimiento. Pues parece que el seleccionador se decanta por el pasado, por los méritos contraidos a lo largo del tiempo por Neuer (360 minutos en todo el curso), por encima de los excelentes números del culé. «Cuando uno ha jugado toda la temporada y ha mantenido siempre el máximo nivel, es una situación decepcionante», ha dicho el 'secundario', que rápido se ha sumado al carro teutón: «Intentaré ser una ayuda para Neuer».

Esa controversia ha eclipsado, en parte, el camino del poseedor del título, que afronta cierta regeneración con el adiós de Lähm, Mertesacker, Schweinsteiger... Aspira Alemania a ser la segunda escuadra en la historia que recauda dos trofeos consecutivos –la anterior fue la Brasil de Pelé, 1958-62–, y ya lanzó un enorme aviso a sus adversarios hace un año: con el entonces llamado equipo B, de Ter Stegen, Goretzka, Draxler y Werner se llevó la Copa Confederaciones sin mancha. No perdió duelo alguno y solo cedió un empate en la fase de grupos ante Chile. Y en la clasificación continental firmó un pleno, diez triunfos, con 43 goles a favor: se quedó sin rival en esta faceta.

Son datos que se acumulan a una formidable trayectoria durante los casi doce años que lleva Löw en el banquillo teutón: finalista en la Eurocopa de 2008, semifinalista en la Euro de 2012 y 2016, y en el Mundial de 2010, más el título en Brasil, después de aquella soberbia e histórica goleada que le endosó al anfitrión (1-7); un encuentro que nunca se olvidará. Cogió a un equipo que había quedado tercero en su Copa del Mundo, entrenado por Klismann, y le cambió el aire. Quiso el preparador que se ha descartado para dirigir al Real Madrid que la escuadra germana practicara un juego con toques de belleza, más armonioso, un tanto alejado de la férrea disciplina táctica de otros tiempos. Influye en este hecho, como sucedió con La Roja, la aparición de entrenadores con planes más estilísticos, como Jürgen Klopp o Julian Nagelsmann.

Kross, el corazón del equipo

Con Toni Kroos como patrón en el corazón del equipo, un hombre con un milímetro en sus botas para telegrafiar pases y un ordenador en su cabeza para controlar cada detalle del juego, 'Die Mannschaft', primera del ranking FIFA, aparece entre los máximos favoritos para dominar en Rusia, por detrás quizá de Brasil –la tradición siempre pesa– y por delante de La Roja. El centrocampista del Madrid aparece asistido por Khedira, y un ataque con Werner, a priori, como referencia (o Mario Gómez), escoltado en las bandas por Müller, que puede ejercer también de falso nueve, y Draxler. Atrás la solidez de Boateng y Hummels, con Kimmich y Hector en las alas. Y, en la portería, Neuer: la tradición por encima del excelente rendimiento de Ter Stegen.

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