RUSIA MISTERIOSA

No quiero resultar aguafiestas, pero lo mejor sería que os quedéis concentrados en vuestro sitio, atentos solo al deporte y la convivencia entre compañeros

La catedral de San Basilio, en la Plaza Roja de Moscú./AFP
La catedral de San Basilio, en la Plaza Roja de Moscú. / AFP
ALICIA GIMÉNEZ BARTLETT

Estuve en Rusia sobre el año 2004. Primero en Tula, en un congreso que se celebraba en Yásnai Poliana, la finca de Tolstoy. Luego en San Petersburgo. Finalmente en Moscú. Pasé casi un mes rodeada de rusos, así que me siento en el deber de aconsejar a nuestra aguerrida selección de fútbol, que se apresta a enfrentarse con una experiencia similar. En el congreso saqué una importante conclusión inicial: los rusos son nacionalistas a ultranza y más últimamente, cuando tras la caída del comunismo, han visto florecer las ideas occidentales y capitalistas en su país. Los congresistas éramos de diversas nacionalidades y pude comprobar cómo las ponencias que sobre Tolstoy presentábamos los extranjeros, se tomaban con más reserva de la habitual. Pregunté a un crítico ruso que andaba por allí cuál era a su parecer el motivo del obvio desinterés y me quedé de piedra cuando me contestó: «Alguien que no haya nacido aquí no puede comprender el alma rusa». Así que, primer consejo: mucho cuidado, muchachos, con el alma rusa, sea eso lo que sea y esté donde esté. Sed atentos y respetuosos con vuestros contrincantes y con todo el público en general. Si os enfrentáis a alguna situación difícil, quizá a algún detalle lleno de desdén, atribuidlo inmediatamente al alma rusa, no se trata de nada personal.

Otra circunstancia que pude observar de primera mano fue que los rusos no sonríen. Pueden reír, carcajearse o incluso bromear contigo, pero la sonrisa no está en su código genético. Te reciben serios y serios te despiden, sin que eso implique la más mínima animadversión. En un mes, a mí solo me sonrió una señora que vendía flores en una plaza de Moscú. Le pareció divertida mi cara de asombro al ver cómo un colibrí libaba entre sus ramos, como si fuera una abeja común. Consecuente consejo: no os dejéis amilanar por el ambiente un tanto funerario, no significa que os quieran ver muertos, sino simplemente que pertenecen a otro mundo social.

El ruso es formalista, ceremonioso, profundamente ritual. Así que, chicos, preparaos para dar las gracias y brindar cien veces por nuestros países, por el fútbol, por la gran madre Rusia, por la amistad de los pueblos etc, etc. ¡Ah, y ni una broma con Putin, que allí es como un dios porque les ha devuelto el orgullo nacional! Ya veréis que su efigie está por todas partes. De modo que, prudencia y contención. Y hablando de brindis añadiré que no intentéis seguirle el ritmo de bebida a ningún jugador con el que entabléis amistad. Los rusos beben como cosacos, no es ningún mito, y aguantan el alcohol igual de bien. No os pongáis gallitos en ese sentido, ni alardeéis de sanfermines ni de la última despedida de soltero a la que estabais invitados; allí es más. Aparte de que no es lo mismo trasegar buen vino español que arrearse vodka puro en todo su alcohólico esplendor.

Por último, añadiré que Rusia es un país misterioso, como lo es su capital, llena de patios interiores, recovecos, pasadizos subterráneos para evitar la nieve, de tiendas o restaurantes que no se atisban desde la calle o no se comprende que lo son. No quiero resultar aguafiestas, pero lo mejor sería que os quedéis concentrados en vuestro sitio, atentos solo al deporte y la convivencia entre compañeros. Aunque no creo que las ciudades sean peligrosas, tampoco os dejéis llevar por las leyendas: ni todos los rusos pertenecen a mafias, ni se cargan a las viejas a hachazos como en 'Crimen y castigo'.

Y bien, me da la impresión de que con estos consejos más alguna minucia: por ejemplo, la ensaladilla rusa existe de verdad, solo que lleva salmón en vez de atún. Decía que con estas recomendaciones más vuestro esfuerzo personal, siempre garantizado, y el talento del entrenador Hierro, o de cualquier otro que nos pueda caer aún, pues estoy convencida de que igual os convertís en campeones del mundo o de que, en cualquier caso, dejaréis el pabellón español más alto que la copa de un pino. Pero no os confiéis, pensad en Napoleón. ¡Ah, y si ganáis el campeonato, acordaos de que en parte habrá sido gracias a mí! Me conformo con que me traigáis una botellita de vodka, la marca Miskaya está muy bien, y no se encuentra por aquí.

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