Rusia, un equipo en trance con un mariscal al frente

Stanislav Cherchesov, en un entrenamiento./Afp
Stanislav Cherchesov, en un entrenamiento. / Afp

Cherchesov manda con mano de hierro en el rival de España en octavos, al que Golovin y Cheryshev dan brillo en este torneo

César García Granero
CÉSAR GARCÍA GRANEROMurcia

¿Cómo es la Rusia del Mundial de Rusia? El rival de España en octavos es un equipo encorajinado, que va con la luz larga tras dejar atrás un periodo marchito e insignificante. El propio Putin, a quien no le gusta el fútbol, interrumpió la rueda de prensa tras la goleada a Arabia, para alabar a su amigo Cherchesov, que se levantó para atender el teléfono mientras Cheryshev, a su lado, respondía a los medios. «Me ha llamado para felicitarme y dar las gracias al equipo», dijo el seleccionador. Es el ejemplo de que el país, que no creía –se llegó a promover una campaña de firmas para la disolución del equipo– se ha subido al carro, engallado por una primera fase de vino y rosas y un hombre, Cherchesov, cuyo mostacho ya es viral y farolea sobre un país que este domingo quiere derribar a España.

La Rusia que España tendrá enfrente es un equipo infatigable, que hace más kilómetros que nadie, se apoya mucho en las bandas y cuenta con una estrella inesperada: Cheryshev, que ha pasado de suplente a figura por obra y gracia de este Mundial. Un partido portentoso ante Arabia, refrendado con otro gol frente a Egipto, le ha conferido un estatus que no tenía al principio. El hijo de Dmitri Cheryshev, exjugador del Sporting, triunfó en las bases del Madrid, donde llegó a ser declarado el mejor goleador juvenil, pero cobró más fama por una sanción que por sus tantos. Zarandeado por las lesiones y ninguneado por Benítez, que no le dio bola hasta que lo puso ante el Cádiz en la Copa, saltó a la palestra por su alineación indebida en ese partido. En el Camp Nou se ha llegado a cantar «Cheryshev, te quiero», pero el jugador no ha desfallecido y está en el escenario perfecto para cambiar la burla por el elogio. Cuando Putin llamó a su amigo Cherchesov, era él quien hablaba al lado. Fue la primera figura del Mundial y quiere seguir siéndolo. Titular ya ante Egipto y Uruguay, no acabó la primera mitad del último partido, cuando Smolnikov fue expulsado y Cherchesov lo quitó para encementar la defensa a costar del brío ofensivo, pero debería ser titular ante España visto su buen olfato y su estado de forma.

Con él Rusia ha encontrado un botín, tras ganar en desborde y llegada, y hallar un compañero perfecto de Golovin, otro peligro para España. Se trata de un jugador tremendamente joven y tremendamente talentoso, que atesora flashes en este Mundial y algo más que flashes: el Barça le ha echado el ojo, engatusado por su elegancia y su visión de juego con solo 22 años. El mediocentro es un futbolista pulcro y pulido gracias a que empezó en el fútbol sala, más fácil de practicar que el fútbol en su inclemente Siberia natal. Fue Capello quien lo hizo debutar en 2015, un año después de destellar con el CSKA, club que lo vio jugar con su selección regional en Siberia y le echó el guante.

«Hay que ser un ejemplo dentro y fuera»

Golovin es uno de los ejemplos más claros de lo que se cuece en la actual Rusia, heredera de la etapa de Capello (seleccionador de 2011 a 2015), cuando el italiano pidió que se pusiera freno al exceso de jugadores foráneos en la Liga rusa para abrir la puerta a los talentos más jóvenes del país. El propio Putin llegó a decir que había demasiados extranjeros en el fútbol ruso e implementó un ramal de medidas en este sentido, haciendo el fútbol local más autárquico y quizá también menos competitivo, porque el Gobierno alienta con dinero a los clubes y los jugadores son reacios a salir y foguearse en otras ligas. La actual Rusia es un vivo ejemplo, con futbolistas jóvenes y de escaso bagaje fuera, como Golovin, pero a los que Cherchesov ha dotado de carácter y orgullo, pese a las dudas del resto. «Yo es que no leo nada de lo que se dice por ahí. El otro día puse la tele y la apagué cuando vi el análisis que hacían», ha llegado a decir el seleccionador. Él sí ha creído y ha sabido reverdecer a una Rusia cojitranca, que no fue capaz de ganar ninguno de sus siete partidos previos al campeonato –empates ante Irán, España y Turquía, y derrotas ante Argentina, Brasil, Francia y Austria–, pero a la que ha desperezado el fulgor del Mundial.

Espartano, meticuloso e inflexible, tras la calva y el mostacho más populares del torneo se esconde un seleccionador de hierro, capaz de dejar fuera durante un año a Kokorin, pese a su estatus de estrella en el país, por sus desmanes extradeportivos. «Hay que ser un ejemplo dentro y fuera», ha dicho Cherchesov, poco dado a la improvisación y de quien se dice que reservó a parte de sus figuras ante Uruguay para ser segundo y seguir por el lado del cuadro aparentemente menos minado. España, que igualó a tres con Rusia en un amistoso en noviembre pasado, dirá si se equivocó o no. Esta vez no quiere el empate en un torneo y un cruce que no admite bromas. Tendrá enfrente a un equipo que es puro fervor, pero quiere ganar y acabar con la euforia rusa. Quiere mostrar que el marcial Cherchesov se equivocó.

Dzyuba, un gigante tan excéntrico como querido

No se contaba con él para el catálogo de estrellas, pero el gigante ruso Dzyuba (1,94 metros) se ha congraciado con la afición, lleva dos goles y es uno de esos jugadores a los que conviene no perder de vista. Señalado a menudo por su descuidado físico, ha llegado al Mundial en plena forma y la hinchada lo quiere porque brega hasta el desmayo y tiene un carácter indomable. Como muestra, lo que pasó este año en la Liga rusa, donde fue defenestrado por el Zenit y se marchó al Arsenal Tula. Una cláusula le impedía jugar contra su exequipo, pero pagó de su bolsillo parte de los 160.000 euros necesarios para poder hacerlo y bien que le vino a los suyos, porque marcó el empate definitivo en el minuto 88, vengándose de su exequipo.