Sardar Azmoun: el Messi iraní

El delantero del Rubin Kazan ruso es la gran estrella de Irán

Azmoun, la gran referencia de Irán./Efe
Azmoun, la gran referencia de Irán. / Efe
IÑAKI IZQUIERDO

Cuando Javad Nekounam llegó a Osasuna en 2006, lo primero que preguntó fue dónde estaba el concesionario de Ferrari. Al saber que en Pamplona no había, se fue a Madrid a hacerse con uno. Ese era el nivel al que se movía el centrocampista iraní. Porque el fútbol persa no será puntero, ni da la talla para competir contra las grandes potencias, pero no es una cosa de broma.

Doce años después de la anécdota de Nekounam, el líder de la selección iraní es Sardar Azmoun, delantero del Rubin Kazan ruso. En su país le comparan con Messi y, en parte, la exageración sí sirve para ilustrar la dimensión de su figura. Porque Azmoun es un ídolo de masas en Irán, donde el fútbol es una locura colectiva de dimensiones inimaginables. Cuando se piensa en el planeta del balón, pocos ojos se giran a este país gigante, pero quien ha asistido a un derbi de Teherán no lo olvidará fácilmente. Los dos grandes son el Persépolis y el Esteghlal, también conocido como Taj. El primero es el equipo del pueblo y el segundo, el de las clases acomodadas. Se juega en el estadio Azadi, de unas cien mil localidades (imposible saber el número exacto). Todas para hombres, eso sí.

Azmoun tiene la ventaja de no haber jugado en ninguno de los dos grandes equipos de la capital. Del Sepahan pasó al fútbol ruso, así que aglutina a toda la afición del país. Es una situación similar a la de Mohamed Salah en Egipto, una estrella 'limpia' por no haber militado ni en el Al-Ahly ni en el Zamalek (en su caso, pasó del Al-Mokawloon Al-Arab al Basilea suizo).

Sardar Azmoun aterrizó en el Rubin Kazan en 2013 y en 2016 llegó al club como entrenador el navarro Javi Gracia. Uno de sus asistentes, Iñigo Arteaga, recuerda bien a la estrella iraní. «Es un jugador con gran proyección. Tiene solo 23 años y unos movimientos muy buenos. La pega es que le falta algo de gol, pero tiene un futuro impresionante».

Arteaga recuerda que el delantero decidió dejar el equipo a las pocas semanas de su llegada. «Nosotros queríamos que se quedase, contábamos con él porque le veíamos mucho potencial y nos parecía un jugador importante. Gracia intentó convencerle, pero él había tomado la decisión de seguir al Rostov a Kurban Berdyev, el entrenador de su confianza. La cosa acabó mal, con un juicio entre el Rubin Kazan y la parte del jugador».

Su defecto, la falta de gol

Se da la circunstancia de que Azmoun no es persa, sino turcomano, una numerosa minoría étnica del norte del país, lo mismo que Berdyev, este originario de Turkmenistan, desde 1991 país independiente y en su momento república soviética. El técnico mantiene la nacionalidad rusa. Entre ellos hablan en turcomano. El delantero es musulmán chií, como la mayoría de la población iraní. Proviene de una familia de deportistas. Su padre, Khalil, fue jugador de voleibol y seleccionador nacional de ese deporte, en el que el jugador del Rubin Kazan hizo sus pinitos.

El asistente guipuzcoano describe a Azmoun como «un delantero centro con mucha movilidad, muy dinámico. En los partidos se mueve mucho, ofreciendo soluciones a los compañeros y haciendo desmarques de ruptura. Se desmarca bien. Con el balón es habilidoso, pero para ser un nueve le falta un poco de gol (las dos últimas temporadas ha marcado siete y cinco, respectivamente)».

Arteaga opina que «puede tener sitio en una liga mayor, pero le perjudica ser iraní y jugar en Rusia, un torneo que no ve nadie. Con el Rostov disputó la Champions y eso le puso en el escaparate. En ese sentido, haber militado esta temporada en el Rubin Kazan, que no estaba en Europa, le ha apartado de los focos».

Desvela que «más de un equipo grande le ha echado el ojo. Tuvo una oferta del Manchester United y de algún equipo español, pero él está muy ligado a Berdyev. Creo que tiene nivel para más. ¿Para la Liga? Me parece que sí. El Everton preguntó por él».

No piensa Arteaga que el Mundial vaya a revalorizar a Azmoun. «No, porque quizá él pueda dejar algún detalle, pero su selección es muy inferior y no va a destacar nada como equipo. Les van a eliminar a la primera».

Para el gran mundo, este delantero pasará desapercibido, pero en Irán es un ídolo de masas. Cualquier día de estos, un chaval alto (1,86) y con el pelo negro como el betún entrará en un concesionario de Ferrari de cualquier ciudad europea. Su nombre, Sardar Azmoun.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos