Perisic: la 'gallina' que enmudeció a los piratas

De niño ayudaba a su padre en la granja que años después le 'obligaría' a fichar por el Sochaux para salvar de la ruina a su familia, y ahora comparte estrellato en Croacia con Modric

Perisic celebra un gol con Croacia.//Ap
Perisic celebra un gol con Croacia./ / Ap
MIGUEL OLMEDA

A veces los niños pueden llegar a ser muy crueles. Lo que ocurre es que en muchas de esas ocasiones, la vida se encarga de ponerlos en su sitio cuando llega el momento. A Ivan Perisic le sucedió durante su infancia en el pequeño pueblo de Omis, en la región de Dalmacia. Un célebre refugio de piratas que navegaban por el Adriático.

Enclave estratégico en la desembocadura del río Cetina, donde los corsarios preparaban emboscadas aprovechando el relieve angosto y escarpado de la zona, Ante Perisic tuvo la idea de montar allí una granja de pollos… En la que su hijo Ivan ayudaba al salir de clase, siempre y cuando no estaba jugando al fútbol. Así se ganó el 'ingenioso' apodo de 'gallina', y así lo llevó sin darle mayor importancia durante años, hasta que se mudó a Split para enrolarse en la cantera del Hajduk.

Su pasado le perseguiría tiempo después cuando, convertido en una de las grandes promesas croatas y a punto de debutar con el primer equipo, fichó por el Sochaux. Tenía 17 años y el Hajduk le había ofrecido un contrato profesional, pero su padre había preferido el dinero procedente de Francia. Se convirtió en el enemigo número uno de Omis. Un pesetero. Nadie sabía entonces que detrás de tan extraño movimiento había un drama personal. Ante Perisic se había endeudado con su granja de gallinas y la única solución para salir del paso era aceptar la oferta del Sochaux.

Las cosas en el país galo no fueron como Perisic esperaba. Alain Perrin, el gran valedor de su fichaje, fichó por el Olympique de Lyon sin ni siquiera comenzar la temporada y el joven 'gallina' se vio relegado primero al filial y más tarde a una cesión al Roeselare belga.

Perisic se adaptó rápidamente al fútbol flamenco, llamando la atención del Brujas. Allí vivió la gran eclosión que esperaban de él en Croacia y con 35 goles en dos temporadas despertó de nuevo las miradas en Europa. El Borussia Dortmund de Jürgen Klopp fue el siguiente paso en su carrera: un equipo y un entrenador que parecían encajarle como anillo al dedo al mediapunta, cada vez más vertical y más tirado a la banda. ¿Qué podía salir mal?

En realidad, todo, porque el 'heavy metal' de Klopp exige un compromiso, un trabajo y una adaptación que Perisic no llegaría a comprender. Así, tras dos cursos con más luces que sombras y más banquillo que césped, Perisic cambió Dortmund por Wolfsburgo.

Protegido por Olic

El chip de Perisic se reseteó en su nuevo destino. 'Adoptado' por su compatriota Ivica Olic, respetadísimo en Croacia y Alemania por su ética de trabajo, Ivan cambió radicalmente: se transformó en un futbolista de equipo, estajanovista de la banda y jornalero para el gol con llegadas desde segunda línea.

Sus años en Wolfsburgo, además, coincidieron con su mejor momento en la selección. Perisic pasó a ser un fijo primero para Niko Kovac y luego para Ante Cacic, y fue el mejor 'ajedrezado' tanto en el Mundial de Brasil como en la Eurocopa de Francia (de hecho fue, con seis tantos, el máximo goleador croata en la fase de clasificación). Palabras mayores para una selección en la que conviven estrellas del Madrid y el Barcelona. Su rendimiento le llevaría al Inter de Milán.

En casa, Perisic dejó de ser un mercenario. La gente hacía cola para comprar su camiseta o recibir alguna de las 150 de Croacia con el número 4 que él mismo había regalado. Aunque para la afición de su país todavía siga estando un peldaño por debajo de Rakitic y Mandzukic y dos por debajo de Modric, la 'gallina' ha callado muchas bocas. Las de los 'piratas' de Omis, las primeras.

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