¿mejor sin cristiano?

Es muy curioso que muchos madridistas parezcan celebrar la marcha del portugués

¿mejor sin cristiano?
JON AGIRIANO

Lo que está ocurriendo con la figura de Cristiano Ronaldo en el Real Madrid nos tiene a algunos de lo más entretenidos. El espectáculo está siendo curiosísimo. Nada de nostalgias. Nada del vacío cósmico que muchos auguraban. Todo lo contrario. Han bastado tres victorias en la Liga ante rivales modestos y el acierto goleador de Bale y Benzema para que un sector importante del madridismo no sólo haya dejado de llorar la marcha del portugués sino que empiece a alegrarse por ella. Algunos incluso comienzan a defender una curiosa teoría según la cual Cristiano era un acaparador de goles que eclipsaba a sus compañeros de delantera, un individualista feroz que podía llegar a ser una rémora para el equipo. «Ahora jugamos con once», dicen, dejando caer que antes lo hacían con diez y no con doce como pensábamos los demás viendo el poder devastador del ahora delantero de la Juventus.

¿Que ha pasado para que tenga lugar un suceso tan extraño? ¿Cómo es posible que perder a un futbolista semejante no provoque un lógico sentimiento de orfandad y algunos parezcan sentirse incluso aliviados? No podemos descartar, por supuesto, que muchos aficionados merengues estén dolidos por su fuga imprevista y hayan pasado de idolatrarle a menospreciarle. Esto pasa en todos los clubes. ¿Quién no conoce casos asombrosos del cambio radical en los sentimientos que inspira un jugador por el hecho de estar en nuestro equipo o en otro? En el Madrid, además, también puede intuirse una especie de desprecio aristocrático hacia el que abandona la mejor casa posible para irse a otra menor.

Me temo que al madridismo le vendría bien una pequeña reflexión a este respecto. Deberían darse cuenta de lo ridículo que es cuestionar a un futbolista que ha marcado 451 goles en 9 temporadas y ha sido decisivo en todos los títulos que ha logrado el club, entre ellos cuatro Champions. Y deberían reconocer que, si no le echan de menos, es por dos únicas razones: porque todavía no han necesitado sus goles y porque siempre han sabido, aunque prefirieran mirar hacia otro lado, que Cristiano es un narciso insufrible capaz de agarrar una pataleta infantil y no presentarse a la ceremonia de un premio cuando se enteró de que no iba a ganarlo él sino uno de sus mejores compañeros como Modric.

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