Las Llanas y La Florida serán una olla a presión para que Sestao y Portu suban a Segunda B

Las aficiones acompañaron a sus respectivos equipos en los partidos de ida./Sergio Ros y EC
Las aficiones acompañaron a sus respectivos equipos en los partidos de ida. / Sergio Ros y EC

Los verdinegros arrancaron un 0-0 en Luanco que les convierte en favoritos y los gualdinegros volvieron de Sagnier con un esperanzador 2-1

JON AGIRIANO | ROBERT BASIC

Todo por decidir. El próximo sábado será el día D para el Sestao River y . Se da la circunstancia de que ambos clubes vizcaínos se jugarán el ascenso a Segunda B en sus propios campos. De esta forma, Las Llanas y se llenarán de aficionados que animarán a sus equipos hasta quedarse afónicos con tal de verles la temporada que viene jugar en la categoría de bronce.

Precisamente, jugarse el todo o nada en Las Llanas era el objetivo básico del River en su visita a Luanco y lo consiguió con un 0-0 cuya justicia nadie podrá negar. Pocas veces se ve un partido tan igualado y con tanto equilibrio en todos parámetros. De haber podido contar con estadísticas, como en Primera, asturianos y vizcaínos hubiesen empatado a casi todo. Especialmente, a bravura y a despejar balones como si no existiera un mañana hacia territorios vacíos, esas zonas de riesgo cero del campo donde ni los sismógrafos captan movimientos. El equipo de Ibon Etxebarrieta puede estar contento. El final de la larga travesía la Segunda B está más cerca y las expectativas son optimistas. En casa, durante el día grande de sus fiestas patronales y con toda la afición apoyándole, el Sestao debe volver a la categoría que nunca debió perder.

0 Marino de Luanco

Rabanillo; Borja, Emilio, Pantiga, Guaya; David González (César Suárez, min, 62); César García, Álex Arias, Luis Morán, Iván (Álvaro García, min. 80); y Fassani (Juan López, min. 58).

0 Sestao River

Ibon; Ander, Aritz, Jaime, Jon Manuel; Pacheco (Txema Pan, min. 69), Julen, Iker, Vitor Monteiro (Murua, min. 93); Villar y Oscar Martín (Hugo, min. 89).

Árbitro
: Rodríguez Campos (Comité gallego). Amonestó con tarjeta amarilla al local David y a los visitantes Jaime y Aritz.
Incidencias
: Miramar. 3.000 espectadores, con medio millar de aficionados del Sestao River. Se guardó un minuto de silencio en memoria de Silverio Menéndez, histórico socio del Marino.

Se habla mucho en el fútbol del respeto mutuo. Si dos equipos toman a la vez las mismas precauciones, salen al campo con idénticas consignas y, cuando el balón se pone a rodar, comparten dificultades y sienten que la vida es igual de dura para ambos, ese respeto mutuo suele transformarse en un juego igualado y abrupto. Es lo que sucedió este domingo en el estadio Miramar. El Marino y el River eran dos gallos. Ambos llevaban grandes rachas sin perder -31 y 24 partidos consecutivos, respectivamente- y eso les hizo jugar con mucho cuidado y mirando de reojo el duelo de vuelta. Es posible que pensaran en él hasta cuando guardaron un minuto de silencio en recuerdo de Silveiro Menéndez, un luanquino muy popular, propietario de un bar próximo al estadio. Oli, de hecho, dejó en el banquillo durante toda la primera parte a su medio centro titular, César Suárez, uno de sus mejores futbolistas con diferencia. Quería protegerle porque una amarilla le impedía jugar en Sestao.

Tal y como transcurrió el choque, y en las fechas que estamos, a más de uno le pudo venir a la cabeza la pregunta de por qué la RFEF no decide terminar estas promociones al estilo de Inglaterra, con una gran final en la capital, en el Wanda Metropolitano, por ejemplo, que parece más proclive a estas citas. Desde luego, se corre menos riesgo que en el Santiago Bernabéu, donde siempre pueden surgir obras en los baños si uno de los finalistas no le gusta a Florentino Pérez. Esa gran final desahogaría la competición. Le daría más lustre y sería beneficiosa para unos futbolistas que acabaron su Liga hace de un mes y ya casi en julio siguen todavía en la zanja, con el picachón y el barro hasta las rodillas.

Este domingo los dos se pegaron una paliza anulándose a sí mismos. Para ello, fue necesario que las defensas dieran una lección de seriedad. Es lo que hicieron. No tendrá queja Ibon Etxebarrieta de la suya. Ni de Barandiaran, su portero, impecable toda la tarde, sobre todo por alto. El River concedió poquísimo a su rival. Un remate lejano de Iván la primera parte, dos buenas acciones de César García en los minutos 63 y 69, una falta de Morán en el 75... Este fue todo el sufrimiento que vivieron los hinchas sestaotarras presentes detrás de una de las porterías, en concreto de una a la que adornaba un cartelón publicitario de la Sidrería La Fustariega, buen lugar probablemente para celebrar el 0-0.

Txema Pan

El problema de los verdinegros es que tampoco tuvieron opciones dignas de tan nombre en la portería de Rabanillo. No tuvieron capacidad para crearlas con su fútbol, demasiado borroso, lleno de tachones a la hora de combinar. Un remate de Monteiro a los seis minutos y un centro-chut de Huete al cuarto de hora fue todo el bagaje ofensivo en la primera parte. Tras el descanso, mientras el cielo encapotado dejaba escapar una fina lluvia, el River vio un poco más de luz en ataque. Huete tuvo una buena opción en un cabezazo tras un córner y poco después fue Pacheco quien estuvo cerca del 0-1 en una bonita jugada con Villar. Sin duda, la mejor acción ofensiva de los pupilos de Etxebarrieta, que en el minuto 70 hizo uno de esos cambios que los entrenadores llevan programados desde casa, como quien se lleva la comida al trabajo en un túper.

Quitó a Pacheco y metió a Txema Pan, su 'target man', su 9 grandote, su Llorente de bronce podríamos decir. Este tipo de jugadores siempre crean dolores de cabeza a su rivales y el exjugador del Gernika no fue una excepción. Sufrió con él la defensa del Marino. A última hora, un cabezazo suyo estuvo a punto de suponer el 0-1. No hubiera sido justo. Lo eran las tablas sin goles, un buen resultado para el River, como demostró su técnico haciendo un cambio en el descuento para sacar a un central como Murua. Seguro que lo celebraron en el viaje de vuelta. El cielo está más cerca y toca esperarlo en Las Llanas.

Arbeloa mantiene con mucha vida al Portugalete

Ni tan mal. Pudo haber sido mucho peor, o mejor, en un partido difícil y con innumerables aristas. El Portugalete se ha dejado este domingo bastantes plumas en la batalla del Sagnier, casa del Prat, pero llega muy vivo a la última entrega de una eliminatoria que se decidirá el domingo en La Florida y que expedirá el salvoconducto hacia la categoría de bronce. Los hombres de Ezequiel Lozano están obligados a levantar el 2-1 encajado en tierras catalanas y completar el regreso a Segunda B. El gol de Ander Arbeloa vale su peso en oro y ya solo queda hora y media de fútbol en la que los vizcaínos deben certificar el ascenso. Una derrota siempre escuece, pero esta tiene remedio. El desenlace incluso podía haber sido otro si el cabezazo de Cubería en la recta fina del choque no hubiese sido escupido por el larguero. Cuestión de centímetros, de suerte.

2 Prat

Andrés; Salva, Cárdenas, Héctor, Ricarte; Putxi; Pedro Bravo (Sergi Moreno, min. 81), Álex Plà, Guiu, Toni (Dani, min. 72); y Raillo (Zárate, min. 90).

1 Portugalete

Jorge Mediavilla; Yaser, Cubería, Moya, Artabe; Ukerdi (Rementería, min. 45), Txopi; Axel, Arbeloa, Infante (Galder, min. 53); y Bonilla (Ito, min. 74)

Árbitro
: Rembado Rodríguez (Comité de Las Palmas). Amonestó con tarjeta amarilla a los locales Álex Plà, Cárdenas y Salva y a los visitantes Txopi y Galder.
Incidencias
: Municipal Sagnier. 1.800 espectadores, con presencia de cerca de un centenar de aficionados del Portugalete.
Goles
: 1-0 Héctor (min. 23). 1-1 Arbeloa (min. 34). 2-1 Pedro Bravo (min. 42).

Conviene señalar que el fútbol tardó en manifestarse en el Sagnier, donde hubo que proceder al protocolario tanteo de fuerzas antes de disparar con munición de verdad. El balón era para el Prat, mientras que el Portugalete aguardaba ordenado atrás y trataba de hacer daño a través de los robos y las contras. Infante llevó algo de peligro al área rival en los instantes iniciales y contó con la colaboración del meta rival Andrés, quien salió mal, chocó con su compañero Salva –todavía le duele el pecho del golpe que llevará tatuado unos días– y dejó el balón muerto en la zona en la que se matan los partidos. Pero había demasiado barullo, mucho músculo y tres hombres en una baldosa, por lo que el delantero del conjunto vizcaíno remató forzado y mandó la pelota al lateral de la red. Los dos equipos se observaban con suma cautela y medían la potencia del bloque que estaba enfrente, además de poner cantidades industriales de trabajo en la medular, un campo de minas.

Allí estaba Txopi, quien cosía las brechas por las que intentaba colarse el Prat. El mediocentro sujetaba la medular y se ganó una amarilla en el minuto 19 por verse obligado a parar con falta una peligrosa contra del Prat. Poco después, en una jugada de estrategia, los catalanes abrieron la primera grieta en el muro del 'Portu'. Un falta botada al costado derecho de su ataque fue enviada al área, donde una prolongación de cabeza dejó la pelota en las botas de Héctor. El central no se lo pensó y conectó una bella volea ante la que Mediavilla solo pudo hacer la estatua. El Sagnier se vino arriba y los vizcaínos abajo, que permanecieron aturdidos un rato hasta que recuperaron las constantes vitales y volvieron a mirar a los ojos a los hombres de Pedro Dólera. Se levantaron, se sacudieron el polvo y adelantaron las líneas en busca del premio del gol.

Ander Arbeloa sacó una buena falta cerca del área, pero el remate de Infante lo leyó bien Andrés. El Portugalete seguía trabajando con los dientes apretados y poco después de la media hora de juego llegó el premio. Axel avanzó por la banda derecha y puso un centro raso que el propio Arbeloa envió a la red. Habían remado a contracorriente los chavales de Ezequiel Lozano y lo hicieron con fe, conscientes de que un tanto fuera vale su peso en oro. O en bronce. Y cuando agonizaba la primera parte, con la afición del 'Portu' feliz en las gradas del Sagnier, una acción por la izquierda del Prat supuso una segunda cornada en el costado de los de Margen Izquierda. Raíllo sacó un fabuloso centro y Bravo solo tuvo que poner la cabeza para poner el 2-1 y encender de nuevo la grada. De nuevo, los vizcaínos se ajustaban el mono de trabajo para currar. Encima perdieron a Ukerdi por lesión, que podría ser grave.

Sufrir y avanzar

El paso por los vestuarios le sentó mejor al cuadro local, que a punto estuvo de hacer el tercero con un gran remate de Guiu al que Mediavilla respondió con un auténtico paradón. El Prat volvió a rozarlo instantes más tarde, pero Toni controló mal un buen pase de Salva y ejecutó peor un remate que acabó cerca del aeropuerto. Sufría el Portugalete, que achicaba aguas y trataba de contener a los catalanes, que olían las dudas de su rival y buscaban dar la estocada a la eliminatoria. Ezequiel Lozano decidió recomponer su ataque y dio entrada a Galder por Infante y luego retiró a Bonilla, su hombre referencia arriba, para activar a Delgado. Los vizcaínos apenas se estiraban y Raíllo rozó el gol un par de veces, sobre todo con un lanzamiento lejano que buscó la cruceta.

El Prat dominaba, pero al final acabó pidiendo la hora. El Portugalete dio un paso al frente y empequeñeció a su rival, que se colgó del palo para proteger su exigua ventaja. A falta de cinco minutos para la conclusión, una falta lateral la cabeceó al larguero Cubería. El Sagnier enmudeció. Los vizcaínos terminaron el choque en el área de los catalanes remando como galeotes. Un equipo gremial y solidario que ahora debe volverse de bronce en La Florida.