Con el corazón no le es suficiente al Barakaldo

Los jugadores del Barakaldo agradecen el apoyo de sus aficionados, que les respaldaron en el Rico Pérez./Félix Mangas
Los jugadores del Barakaldo agradecen el apoyo de sus aficionados, que les respaldaron en el Rico Pérez. / Félix Mangas

Los fabriles no pasan del empate a cero en el campo del Hércules y dicen adiós a la lucha por el ascenso en un partido al que le faltó fútbol

Robert Basic
ROBERT BASIC

Decía Aitor Larrazabal nada más acabar el partido en Lasesarre que sus hombres irían a Alicante con «todas las ganas de hacer algo grande». Pusieron el corazón, kilómetros y trabajo, sudor y lágrimas, pero les faltó un elemento esencial en este negocio: el fútbol. Un poco calidad en la sala de máquinas y en los metros de la verdad, donde hay que inventarse algo cuando todo lo demás falla. No hubo magia ayer en el Rico Pérez, donde el Barakaldo dijo adiós a la lucha por el ascenso tras empatar sin goles en un duro encuentro. El 1-1 de Lasesarre pesó como una losa y los vizcaínos no pudieron levantarla.

A veces vienen bien un par de golpes y unos cuantos zarandeos para que uno espabile y deje de andar por las nubes, que baje a la tierra y afronte sus responsabilidades. El Barakaldo saltó al Rico Pérez con excesivos nervios y unos desajustes defensivos que el Hércules interpretó en clave de debilidad y se lanzó a la yugular. Oler el miedo es la mejor invitación para ir a la guerra. Los vizcaínos se miraban unos a los otros, como si estuvieran pidiéndose explicaciones por una serie de errores que pudieron costarles carísimo, incapaces de serenarse en un campo con más de 16.000 almas en las gradas. Apenas habían transcurrido siete minutos cuando Benja se plantó solo ante Viorel, demasiado indeciso en su salida, pero llegó forzado el delantero y no pudo superar con la puntera al moldavo. Tragaron saliva los de Aitor Larrazabal, pero aún tardarían en estabilizar sus constantes vitales y bajar las pulsaciones.

0 Hércules

0 Barakaldo

Hércules:
Falcón, Nieto, Samuel, Iñíguez, Adrián, Fran Miranda, Diego Benito, Alfaro (Pol Roigé, m.73), Juli, Carlos Martínez (Candela, m90) y Benja (Jona, m.82).
Barakaldo:
Viorel, Galán, Picón, Prats, Erik, Jurgi (Fran García, m.80), Raúl (Barbosa, m.66), Carles Marc, Toni Sánchez, Villacañas y Dopi (Sergio García, m.71).
Árbitro:
Usón Rosel. Amonestó a los locales Fran Miranda (m.60), y a los fabriles Antonio Sánchez (m.39), Picón (m.62), Óscar Prats (m.90).
Incidencias:
Unos 16.500 espectadores en el Rico Pérez, de los cuales un centenar eran seguidores del Barakaldo.

El partido fue durísimo y no se daba un balón por perdido.
El partido fue durísimo y no se daba un balón por perdido.

Al primer susto le siguió el segundo, a los pocos segundos de que Benja le enseñara el escudo a Viorel. Samuel cometió un grave error al intentar controlar -¿o despejar?- un balón, que acabó en las botas de un muy activo Juli, quien no supo aprovechar el regalo. El Hércules estaba en su salsa y el Barakaldo trataba de organizarse poco a poco en torno a Antonio Sánchez, quien pensaba y trataba de fabricar el fútbol de los fabriles. Dieron sus primeros señales de vida en el suelo enemigo a los 13 minutos, cuando Villacañas robó en la zona peligrosa y se la cedió a Dopi, quien remató flojo a las manos de Falcón. A partir de ese momento, los hombres de Larrazabal se sintieron más cómodos y se estiraron en busca de un gol que no llegó por poco en un buen centro de Jurgi al que no llegó por una fracción de segundo Villacañas.

El Rico Pérez calló por un momento y era la mejor señal de que el Barakaldo había regresado de su paseo por las nubes. Jurgi se fabricó una pequeña obra de arte en el balcón del área, se metió dentro como un cuchillo y cayó al suelo. Levantó los brazos y el también árbitro para indicarle que allí no había nada. La efervescencia del Hércules perdió en intensidad, pero el burbujeo alicantino chispeó con fuerza en la recta final de la primera parte. En el tiempo de descuento, Diego Benito botó una falta lateral desde la izquierda y Fran Miranda metió la cabeza para poner el 1-0 y el corazón en un puño a los fabriles, que respiraron aliviados al ver el banderín del juez de línea apuntando al cielo.

Al final los fabriles no pudieron levantar el 1-1 de la ida.
Al final los fabriles no pudieron levantar el 1-1 de la ida.

Sin ocasiones claras

Con el susto en el cuerpo se fueron los fabriles a los vestuarios, de los que salieron los mismos 11 que abrieron el duelo y apretaron los dientes. Todavía más porque sabían que había que morder para levantar la eliminatoria. Nada más arrancar, Carlos Martínez cayó en el área y pidió penalti por un empujón. Lo pidió él y todo el campo, hasta la señora de la limpieza y el señor que vendía botellines de agua a precio de oro, pero no hubo nada punible en aquella acción. El Barakaldo daba estirones, ganaba metros, como los ganan las moles en el rugby, palmo a palmo, hombre a hombre, y buscaba atravesar el corazón alicantino con las jugadas de estrategia. Jurgi intentaba abrir grietas en el armazón del Hércules -solo 11 goles encajados en las 19 jornadas de liga como local-, pero no pasaba ni el aire. Guerra de trincheras en el Rico Pérez, donde asomaban más los Lluis Planagumà.

Larrazabal retiró a Raúl Hernández y activó al extremo Barbosa, sentó a Dopi y puso a Sergio García, un pequeño puñal entre tanta roca. El tiempo se escurría entre los dedos y había que apretar el puño y golpear a los alicantinos. Pero el mazo seguía enfundado en las cartucheras vizcaínas, escasas de munición. No hubo un solo disparo serio a puerta del Barakaldo, que puso el corazón y le faltó instinto asesino, meter el cuchillo entre las costillas de los alicantinos y testar su dureza. Y ahí se apagó su sueño.

«El partido ha sido una batalla sin tregua»

Aitor Larrazabal masticaba la tristeza de la eliminación y al mismo tiempo exhibía el orgullo por haber llevado al Barakaldo a la fase de ascenso con un equipo que ayer se partió el alma en el Rico Pérez en busca de un sueño del que le despertó bruscamente el Hércules. «El partido ha sido una batalla sin tregua», dijo a la conclusión de un encuentro en el que sus muchachos se vaciaron y acabaron estrellándose contra el muro alicantino. Tan alto como sus ganas de dar la campanada en un estadio que solo escuchó el ruido de petardos tirados por una afición feliz. «Estoy satisfecho con el trabajo de los chicos. Es una plantilla con 17 jugadores nuevos y en el once titular ha habido cuatro futbolistas que el año pasado estaban en Tercera. Dimos un paso en la liga y tuvimos el premio de clasificarnos para este play-off. Nos vamos sin haber perdido», expuso el técnico del conjunto fabril, consciente de que sus chavales pusieron mucho corazón y poco fútbol en el césped.

«Estoy triste porque no hemos logrado el pase, pero orgulloso de mis jugadores», comentó en modo de resumen Larrazabal, quien defendió la entrega del equipo en todo momento y no dejó de recordar aquel acierto de Benja que cambió el rumbo de una eliminatoria que pintaba de maravilla para los fabriles. «Ahora nos damos cuenta de la importancia de los detalles, como el gol encajado en Lasesarre. Pero hemos competido dignamente y es una pena que el equipo se quede sin premio. Y también los aficionados, que se han desplazado para animar a los chicos y ahora regresan a casa de vacío. Me quedo con la manera de competir -insistió-. Hemos peleado cada balón y el rival que nos ha eliminado no ha podido ganarnos en ninguno de los dos partidos», recordó el técnico.

«Sin ocasiones claras»

Larrazabal admitió con naturalidad que al Barakaldo le faltó fútbol y pisar con más determinación el área rival, donde sus hombres apenas exigieron a Falcón. «Es cierto. No hemos tenido la capacidad de trenzar alguna jugada que hubiese podido ser digna de una ocasión clara. Ha habido un tiro de Dopi, otro de Barbosa y una acción por la derecha a la que no llegó Villacañas... Esporádicamente nos acercamos», manifestó el de Loiu. Recordó que disfrutaron de varias en Lasesarre, y muy buenas, pero que no supieron cerrar el cruce y volar.

El técnico constató que el Barakaldo pone así «punto y final» a su temporada, y de nuevo remarcó que «para nosotros ha sido un premio jugar este play-off».