Lasesarre se acostumbra a su frío ambiente

Play-off en 2016, uno de los últimos encuentros en el que la conexión con la grada fue total. /L. A. Gómez
Play-off en 2016, uno de los últimos encuentros en el que la conexión con la grada fue total. / L. A. Gómez

Varios socios del Barakaldo analizan la falta de ímpetu del graderío fabril después de que algunos jugadores reclamaran más empuje desde el verde

LAURA GONZÁLEZ Barakaldo

El Barakaldo regresa este domingo a su feudo, con la visita del Calahorra (17 horas), a un campo que mantuvo inexpugnable durante casi año y medio. Territorio vetado para el enemigo hasta el asalto del Racing, pero que tampoco se deshace en excesivos elogios y arrumacos hacia los suyos. Lo cierto es que Lasesarre, y sus seguidores, se han acostumbrado en los últimos años a un frío ambiente que despertó con alboroto en aquella histórica temporada de los 80 puntos, pero que nada más ser apeados del sueño del play-off, y tras ciertas desavenencias entre algún sector del público y la directiva, se ha enrarecido. Y así sigue.

Algo que notan los propios jugadores gualdinegros sobre el verde. De hecho, en el anterior partido en casa hubo algunos como De Paula y Carles Marc que solicitaron airadamente, brazos en alto, una respuesta en forma de aplausos del graderío. Y eso que el resultado ya era favorable para los locales, tras el solitario tanto de Dopi que a la postre le dio el triunfo a los vizcaínos. Una jornada que, eso sí, estuvo marcada por un tiempo desapacible, pero que del mismo modo no se ha diferenciado mucho en cuanto al ambiente vivido este curso en el resto de encuentros, salvo con la visita del Racing, en la que estaba en juego el liderato.

«Faltaba empuje en algunos momentos», reconoció Aitor Larrazabal justo después de terminar ese último duelo, calificando la ayuda del público como «inestimable», pero de la misma manera poniendo el foco en el propio terreno de juego. «El equipo también tiene que aportar para que la grada entre y reaccione. Lo hemos pedido y luego lo hemos tenido, y el equipo se ha venido arriba en los últimos compases», declaraba el técnico fabril. Algo que también destaca Jaime Cortázar, socio desde hace más de 65 años y autor del libro 'Entre campas y entre hornos', obra que repasa la centenaria historia gualdinegra. «En el fútbol, el que tiene que animar es el jugador. La gente en cuanto ve que llega el gol se calienta y le sigue rápido», declara tras reconocer que esta temporada está ilusionado con el equipo. «No esperábamos este inicio, ha demostrado hasta ahora mucha solvencia. Quizás su fútbol aburre un poco, pero al final es práctico. Ante los buenos resultados obtenidos no hay mucho que objetar», añade.

En cuanto a la atmósfera que se vive en Lasesarre cada domingo de partido, él no nota ninguna frialdad. «La afición veterana, la de las tribunas, yo la veo como siempre». Donde sí percibe menos afluencia es en el fondo sur. «Se ve menos gente que antes y en ella hay una pequeña minoría que siempre está en el filo de la navaja con la crítica continua a la directiva, pero hay que estar para animar a los jugadores», incide.

El hándicap del Athletic

Para Cortázar, en Barakaldo existe el hándicap del Athletic, que hace que muchos no tengan ese sentimiento tan arraigado en la urbe vizcaína, como ocurre en otros lugares, como por ejemplo en Miranda, lo que se traslada a las gradas, tanto en los partidos de casa como en los desplazamientos fuera. Esto también lo comparte Teo Pérez, miembro del colectivo Centenario Fabril. «En el pueblo hay unos 2.000 socios del Barakaldo frente a unos 8.000 del Athletic. Lo que hace falta es tener la oportunidad de poder subir a Segunda, pero para eso hace falta un gran apoyo económico. Si esto se lograra, la gente seguro que se acercaría al campo y animaría más».

De todas las peñas con las que cuenta el Barakaldo, el Colectivo Gualdinegro es una de las que más aficionados mueve. Uno de sus miembros, David, socio desde hace 30 años, reconoce el «enrarecido» ambiente que existe en el feudo fabril, fruto del descontento de varios con la actual directiva. «Muchos socios se han borrado en estos últimos meses. Se nota menos gente y se echa en falta más ambiente y más afluencia. Lo deseable sería que todos remáramos en la misma dirección», confiesa.

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