La Vuelta estrena la versión más dura del Acebo

Roglic, durante la etapa con final en los Machucos. / EFE

Roglic defiende el liderato en una etapa con cuatro puertos de primera

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

El alto del Acebo es paso habitual en la Vuelta a Asturias. En la edición de 2017, un chaval de la Fundación Euskadi convocado por la selección española, Fernando Barceló, soltó allí su primer destello. Era un recién llegado y se quedó con los dos mejores, Nairo Quintana y Raúl Alarcón. El joven aragonés terminó tercero bajo la niebla. El ciclismo lo vio claro. Es uno de los líderes de la nueva camada. Ahora está en la Vuelta con el Euskadi-Murias. Fue protagonista en la etapa de Bilbao. También la terminó en tercera posición, tras Gilbert y Aranburu. Hoy regresa al Acebo, donde Roglic quire defender, incluso reforzar, su liderato sobre Valverde, Pogacar, López y Quintana, todos obligados a la remontada.

La decimoquinta etapa, de 154 kilómetros, contiene cuatro puertos de primera. Comienza en Tineo y sube por la ladera tradicional del Acebo, una cuesta inédita en la Vuelta a España. Son 8,2 kilómetros con una pendiente media del 7,1%. Enseguida viene el Connio (11,7 kilómetros al 6,2%) y sin tregua, El Pozo de la Mujeres Muertas (11,3 kilómetros al 6,8%). Desde la cima se desciende hasta Cangas de Narcea y se estrena una ladera del Acebo nunca escalada en competición. La más dura: 7,9 kilómetros, con una pendiente media del 9,7% y rampas del 15%.

Roglic afronta su primer gran examen. Al día siguiente le espera otro recorrido montañoso con meta en la Cubilla. «Estoy listo para estas dos etapas», asegura. El líder no ha mostrado ninguna fisura. Pero en recorridos así, con puertos encadenados, el papel del equipo es clave. La escuadra del esloveno, el Jumbo, parece sólida. Tiene escaladores como Kuus, Bennett y Gesink para fijar el ritmo elegido por Roglic. Sus rivales, en compensación, cuentan con una geografía ideal para trazar tácticas y lanzar ataques lejanos.