«Siempre digo que yo gané en la capital del mundo»

Igor Antón en una imagen de esta edición de La Vuelta./
Igor Antón en una imagen de esta edición de La Vuelta.

El corredor de Galdakao, que apura su carrera deportiva, recuerda cómo venció en Bilbao en la Vuelta 2011

J. GÓMEZ PEÑATorrelavega

Unas horas antes de la contrarreloj previa a la etapa de Oiz, Igor Antón (Galdakao, 35 años) rebobina. Sonrisa. En 2011, cuando la Vuelta regresó a Euskadi, disfrutó de un día que vale por toda una carrera deportiva. Venció en Bilbao. Abrió entre aplausos aquella cremallera de público que colmaba la Gran Vía. Esa tarde, dice, pudo haberse retirado, pero sigue en activo. Si se jubila o no, lo decidirá tras esta Vuelta.

- Siete años desde su victoria en Bilbao. Con el paso del tiempo, ¿cambian los recuerdos?

- Supongo que sí, pero está latente aquella ilusión. Me parece mentira que haya pasado ya tanto tiempo. Y sigo aquí, que no es poco. No me gusta ser fanfarrón pero a veces digo: 'Que levanten la mano los que hayan ganado en la capital del mundo'. Eso les respondo a los que me dicen que ya no ando como antes.

- ¿Le recuerdan mucho aquel triunfo?

- Siempre. Y más ahora que la Vuelta vuelve a Euskadi, al monte Oiz. Me animan a repetir... Bueno, la victoria que tengo ya no me la quita nadie.

- Javier Guillén, director de la Vuelta, se emocionó en aquella etapa, al entrar en Euskadi, cuando usted se tocó el pecho con un puño.

- Sí, me sentí motivado. Habían pasado 33 años sin que la Vuelta pisara Euskadi. Le dije a Bruseghin que me hacía ilusión pasar primero por el cartel que anunciaba Euskadi. Estaba en Las Muñecas, hacia Sopuerta.

- Aquel día todo le salió bien.

- Me propuse varias metas. Primero, meterme en la escapada, algo que no se me da bien. Lo logré. Tenía algo dentro que me empujaba. Luego, ya en la fuga, me propuse pasar primero por Galdakao, por delante de la familia y los amigos. Yo no pensaba en la victoria, sino en eso. Llevaba una Vuelta algo torcida, pero sabía que estaba bien de forma.

Igor Antón a su llegada a meta en Bilbao en 2011.
Igor Antón a su llegada a meta en Bilbao en 2011.

- Y al final alcanzó en solitario la Gran Vía, la meta, que fue un pasillo abarrotado de público, banderas y aplausos.

- Fue un sueño. Irrepetible. Aunque ya me gustaría volver a vivir algo así. El otro día, con la victoria de Óscar Rodríguez, del Murias, recordé esa sensación. Me imaginé cómo se sentiría el chaval al ganar su primera etapa en una vuelta grande. La jornada de Bilbao fue eso pero elevado al cuadrado.

- ¿Cómo fue la resaca?

- Pasamos la noche en un hotel de Güeñes. Cerca de casa, con la familia, con Miguel (Madariaga, presidente entonces de la Fundación Euskadi). Fue como soñar despierto. No lo esperaba. Esa temporada habíamos ganado en el Giro y el Tour. Y llegó esa victoria en Bilbao, en la Vuelta. Fue un año redondo. Madariaga era feliz. El equipo estaba en la cumbre. Esa noche fue como una liberación. Y recuerdo que hacía mucho calor. Había sido un día espectacular, de sol. Todo se puso de acuerdo para que la gente acudiera y pudiera celebrar el éxito.

- Justo tras ganar en Bilbao, declaró: «Ya me puedo retirar».

- Sí, ja, ja. Lo dije medio en broma medio en serio. Era verdad. Ya estaba realizado como ciclista. Pero, mira, aquí sigo siete años después. No me puedo quejar.

- ¿Cambió como corredor tras ese triunfo? ¿Le quitó ansiedad?

- La ansiedad siempre está ahí. Con 35 años sigue. El ciclismo es muy exigente. Yo, además, me cargo de responsabilidad. Pero, bueno, todo cambia. En aquellos años si terminaba noveno en la Vuelta no estaba satisfecho y ahora entrar entre los diez primeros sería un éxito. La perspectiva va cambiando. Hoy disfruto llegue en el puesto que llegue. Disfruto del público, de sentir su apoyo.

- Siempre le recuerdan la caída camino de Peña Cabarga cuando era líder de la Vuelta 2010. Pero hay otro momento clave, en el Giro 2011. Tras ganar en el Zoncolán parecía candidato al podio y, sin embargo, se hundió al día siguiente.

- En el Zoncolán hice un esfuerzo brutal. Y luego tuve que ir al podio, a las entrevistas... Teníamos un traslado de más de dos horas. Y todo eso lo pagué al día siguiente. Aprendí de ese error, pero la oportunidad estaba perdida.

- En el pasado Giro atacó en el Zoncolán. ¿Le motivan las montañas donde ha triunfado?

- Sí, pero ese día no estaba bien. Me fallaba la salud. Andaba con problemas digestivos. Lo que pasa es que tienes esa energía interna que te obliga a intentarlo. No podía irme del Giro sin hacer nada. De alguna manera fue como revivir un momento mi victoria allí en 2011. Al día siguiente no andaba ni para atrás y me tuve que retirar.

- Ahora toca el monte Oiz. Ocasión para desempolvar la etapa de Bilbao.

- Es un día muy especial. Veré a la familia, a mi hija Udane... Tiene año y medio. En cuanto ve un corredor en la tele se le abren los ojos y dice: 'Aita'. Sabe que soy ciclista. Intentaré hacer una buena etapa. La fuga será muy cara. Si no me meto, pues a disfrutar de la afición.

- ¿Qué le parace Oiz? ¿Más duro que la Camperona o Praeres?

- Creo que sí porque la etapa encadena muchas subidas. Es un etapón. Creo que va a haber diferencias. Va a ser un día para recordar.

- ¿Hasta cuándo seguirá como ciclista?

- Puede ser mi último año. Tomaré la decisión tras esta Vuelta. Si sigo, fenomenal. Y si no, creo que es un buen momento para dejarlo. Llevo catorce años y 21 vueltas grandes. Me siento muy realizado.

- Siempre será el vencedor en la capital del mundo.

- Eso es, ja,ja.

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