CICLISMO | VUELTA A ESPAÑA

La orquesta del Sky

Los ciclistas se sirven el desayuno. / B.Vergara

EL CORREO acompaña al equipo británico en la jornada de descanso de La Vuelta, que pasa en el Balneario de Solares

Bruno Vergara
BRUNO VERGARABilbao

«Por favor, lávense las manos de forma exhaustiva». Es el cartel que se puede leer junto a un bote de desinfectante dentro del autobús del Sky, el equipo ciclista que cuida al milímetro todos los detalles. No quieren que un simple virus infecte a nadie, y menos a los deportistas, a quienes cuidan con mimo. Nada de darse la mano, un toque con el puño a forma de saludo basta.

Después de la exigente jornada del domingo en los Lagos de Covadonga, este lunes La Vuelta disfrutó del segundo día de descanso. ¿Un respiro? No. Aquí nadie descansa. Desde primera hora, los 24 integrantes del 'staff' trabajan para que nada falle. Mecánicos, masajistas, preparadores físicos, entrenadores… EL CORREO vive desde dentro cómo transcurre una jornada en el equipo más poderoso del mundo.

El Sky ha pasado este lunes su jornada de descanso en el Balneario de Solares. En el parking trasero y sin que puedan ser vistos desde el exterior del recinto, la flota de la escuadra británica impresionaba. El UAE Emirates estaba a su lado, pero todo se hace pequeño con lo que mueve el Sky: un autobús, cinco coches –dos para seguir las carreras y otros tres de apoyo-, dos furgones, un camión cocina desplegable, uno mecánico, otro de logística y un 'motorhome' similar a los que se usan en Moto GP

A las diez de la mañana, mientras los auxiliares limpian el autobús, aparece en chándal Tao Geoghegan Hart con un café en la mano. Ya ha desayunado. Se le ve feliz. «Qué bien sienta un día así», dice con una gran sonrisa. Unos minutos después sale del camión cocina Michal Kwiatkowski, que ha recogido su ropa limpia para entrenar. Tras él, y andado como puede, va Dylan van Baarle. Ya retirado de la competición tras sufrir una fuerte caída en la llegada de Estaca de Bares. Le cuesta caminar. Hace una mueca con la cara, sufre del dolor.

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En el camión cocina, abierto a disposición de los corredores desde las nueve de la mañana, sigue Jonathan Castroviejo, que apura su café. Antes, ha desayunado avena con agua, un bowl de yogur con frutas y nueces, y una tostada con salmón. Ya está cambiado, así que no hay prisa. Espera a que sean las 10.30 horas. La hora fijada en la que sale el coche con él, Kwiatkowski y De la Cruz hacia Torrelavega con el fin de ver el recorrido de la contrarreloj de este martes. «Habrá que ver qué tal, me veo con fuerzas», sostiene el vizcaíno junto al preparador físico Xabier Artetxe. Es la hora, puntualidad inglesa. Se van. Los otros tres corredores del equipo que siguen en carrera, Tao Geoghegan Hart, Sergio Henao y Salvatore Puccio, salen a las 11.30 horas a entrenar. Sin las bicis de contrarreloj. Solo a rodar.

Mientras los corredores realizan sus entrenamientos, el resto de componentes del Sky siguen con su frenética jornada. Jon Cox, inglés de 28 años y cocinero de la escuadra desde hace dos años, recoge la cocina junto a su ayudante, que también hace de chófer. Este vehículo está dividido en dos: por un lado, la cocina: por otro, el amplio comedor con su gran televisor. No les falta de nada. Tienen para elegir. Arroz, fruta, avena, salmón, jamón… Eso sí, en la mesa no falta el gel de manos desinfectante.

«Habrá que ver qué tal en la crono, me veo con fuerzas»

«Habrá que ver qué tal en la crono, me veo con fuerzas» jonathan castroviejo

Junto a todos los alimentos, hay una báscula. En ella, algunos pesan lo que comen. Una tabla les ayuda con las medidas. «Todo varía en función de cómo vaya a ser la etapa», explica Cox, que empieza su jornada con el alba y se alarga hasta las 23.00 horas. Es, además, el encargado de realizar la compra. Para una gran vuelta se gasta unos 60.000 euros en comida. Eso sí, él solo cocina para los ciclistas. Es a la carta. Si un corredor quiere algo, no tiene nada más que pedirlo.

En la escuadra británica todo está organizado, nada se deja al azar. Por ello, nada de los ciclistas se mezcla con el resto de la plantilla. En un camión encontramos la nevera con la comida de los ciclistas y sus tres lavadoras y secadoras. Allí, también guardan los colchones. Y es que en el Sky cada corredor tiene el suyo. El equipo los lleva de hotel en hotel. Al igual que las sábanas. Un mundo antivirus.

Mientras el cocinero Cox y su ayudante terminan de limpiar todo, hay dos auxiliares en otro camión que preparan los bidones. En una etapa utilizan unos cien. Si el calor aprieta, como ha ocurrido en las etapas del sur de la península, se añaden otros 50. En total, unas 3.000 borrachas. Las azules son para agua, las blancas para bebidas isotónicas. Además, este personal es el encargado de preparar la comida y batidos para después de la etapa. Hay una tabla de protocolos, y es que cada ciclista tiene sus preferencias. Unos sin yogur. Otros, sabor naranja. Otros, que no tenga limón...

Cuatro bicis para las etapas en línea

Las bicis esperan a los mecánicos.
Las bicis esperan a los mecánicos. / B. Vergara

Al Balneario de Solares se acercan varios aficionados. Son pocos, no llegan a una veintena. Los ciclistas ya han salido a entrenar, así que solo les queda admirar las bicicletas del equipo. Cada corredor tiene cuatro para etapas en línea y otras dos para las 'cronos'. Son verdaderas joyas, valoradas cada una en unos 11.000 euros. Las cuidan con mimo sus cuatro mecánicos. El madrileño Iván Millán es uno de ellos. Se afana en limar unas zapatas de freno. A su espalda se apilan las ruedas: más de 70 pares entre las de perfil alto y bajo. Su trabajo empieza dos horas antes de que el equipo parta del hotel. «Estos corredores no se quejan de nada, me lo ponen muy fácil», sostiene.

Justo delante de Millán está Chris Slark, el conductor del autobús de los ciclistas. Ojea el mapa. Es un experto. Él hace unos 50.000 kilómetros al año. El interior del vehículo se divide en tres zonas. Atrás, una zona de reuniones, donde los directores estudian las etapas. En medio hay dos duchas, un aseo, una cafetera y una nevera. Y en la parte delantera, la zona para los ciclistas. Aquí hay nueve asientos reclinables. Los corredores tienen asignado el suyo. En cada uno de ellos hay compartimentos donde guardan sus gafas de sol, cremas, etc. Y lo que no falta en ninguno de ellos es el gel de manos desinfectante. No pueden cometer un fallo, y menos que un virus tumbe al mejor equipo del mundo.

Parte de la caravana del Sky
Parte de la caravana del Sky / B. Vergara

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