La etapa que empieza en Julio Jiménez y termina en Bahamontes

J. Gómez Peña

La Vuelta se toma hoy un respiro entre Ávila y Toledo, a la espera de la jornada de montaña decisiva

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Más que unir dos ciudades, Ávila y Toledo, la etapa que viene reúne a dos de los grandes escaladores de la historia del ciclismo, el abulense Julio, 'Julito', Jiménez y el toledano Federico Martín Bahamontes. Uno estará en la salida y el otro, 165 kilómetros más allá, en la meta de una etapa sin más puerto que la Panamera, colocado al inicio. Todos los ciclistas con opciones tratarán de guardar fuerzas para la jornada siguiente, la que ordenará definitivamente el podio en las cuestas de Serranillos y la Peña Negra.

Y dicen que va a llover, que va a empezar de repente el invierno. Una bajada brusca de temperatura puede cambiar la Vuelta. Los ciclistas andan tan exprimidos que no tienen ni un gramo de grasa que les abrigue. Con la carretera mojada cobran importancia los frenos de disco. Cuando Bahamontes y Jiménez, las bicicletas pesaban más de doce kilos. Ahora andan por la mitad. Cada vez son más veloces. Los frenos de disco, más seguros, como recuerda en el vídeo Patxi Vila, director del Bora, van ganando terreno en el pelotón. En etapas como las que vienen, con amenaza de lluvia y carreteras empapadas, no tienen rival pese a que lastran las bicicletas con unos cuantos gramos de más.

Antes de ese juicio final, la Vuelta rinde homenaje en la salida a Julio Jiménez, el 'relojero de Ávila', el genio que pudo ganar el Tour, el Giro y la Vuelta, y que no tiene ninguna de las tres grandes rondas. Cosas que pasan. 'Julito', vencedor en el Puy de Dome aquel día que Poulidor y Anquetil subían hombro con hombro en el Tour de 1964, es un personaje entrañable, divertido, que empezó a ser ciclista con una bicicleta de alquiler «a tres pesetas la hora». Y que iba los domingos al Rastro de Madrid para comprar piezas de segunda mano. Así coronó las grandes cimas de este deporte.

El homenaje continuará en la meta, donde el protagonista será Bahamontes. En esta ciudad, el 16 de agosto de 1959, entró como un César el 'Águila de Toledo'. Venía con el trofeo del Tour de Francia. El primer español que lo lograba. Le abrieron la Puerta de la Bisagra y, subido en el hombro de un descapotable, pasó por la Plaza de Zocodover. «Parece que vengo de ganar una guerra», dijo entonces. Algo así fue. Aquella España de postguerra recibió el triunfo como un rayo de luz. A Toledo llegará con esta Vuelta otro vencedor. De nuevo habrá duelo entre los fugados y los equipos con velocistas.