El 'dantzari' de la bici se defiende de las críticas

Íñigo Arroyo, ayer en la exhibición. / Sergio Marcos

«Lo hice con toda la solemnidad que pude», dice Íñigo Arroyo, el joven que 'bailó' una peculiar versión del aurresku para dar la bienvenida a la Vuelta y que ha sido tachada de «aberración» por algunos

Solange Vázquez
SOLANGE VÁZQUEZ

Íñigo Arroyo, el joven que ayer 'bailó' una peculiar versión de un aurresku con una bici para dar a la Vuelta una singular bienvenida a Bizkaia, lo tenía todo ensayado y medido al milímetro para ofrecer un espectáculo emotivo e innovador... todo controlado, todo previsto. Todo, menos las reacciones que suscitó su interpretación ciclista de la tradicional danza vasca, que se ha hecho viral y que, como todo lo que alcanza repercusión, ha originado también duras críticas que «para nada esperaba» este joven de Barakaldo de 22 años. Los más puristas ven en su original aurresku una falta de solemnidad que ha sido calificada por algunos de «aberración». Hasta hay quien afirma en las redes sociales que ver las piruetas y acrobacias de Íñigo, con el txistu de fondo y frente a ciclistas y políticos, le ha «herido el corazón».

Arroyo, que ya ostenta el 'título' -para los más tradicionales, no muy honroso- de ser el primero en 'bailar' un aurresku con una bici, está atónito por el revuelo que ha traído consigo su espectáculo, que, desde luego, no buscaba ceñirse a los cánones. Ayer, en la salida de la 17 etapa de la ronda española, que tuvo lugar en Getxo, él se quedó «feliz con el trabajo hecho». «El espacio era reducido y había nervios, pero salió muy bien. Además, yo iba viendo la cara de los ciclistas y de los políticos que había allí mirándome y estaban sonrientes... Sentí una inmensa felicidad al terminar. Todo fueron felicitaciones y aplausos», explica. Por eso, no imaginaba que, después de esa buena acogida, le llegasen los palos. Entre otras cosas, le acusan en las redes sociales de haber pervertido esa danza solemne, quitándole toda su dignidad. Y también de no haberse descubierto la cabeza para realizarla, todo un sacrilegio para los amantes estrictos de los cánones.

«Si alguien se ha ofendido, puedo entenderlo y lo siento. No era la intención. Yo le he dado toda la solemnidad que he podido. He ensayado mucho, no me he puesto ahí delante de todos sin preparar nada». Y, ay, ¿la txapela? «Bueno, lo de no quitármela ha sido por desconocimiento», admite este experto en BMX que lucha a brazo partido por dedicarse profesionalmente a esta disciplina, que para él ha sido también una auténtica terapia: «Soy hiperactivo. Diagnosticado. Y me ha ayudado mucho a canalizar mi energía». De hecho, dedica de cuatro a siete horas diarias a entrenar. Suele hacerlo en una plaza de su barrio, San Vicente, donde ya le conocen y le animan, sobre todo los niños, que se quedan atónitos con sus acrobacias. Su fama es tal que, entre los aficionados, ya tiene cierto renombre. Por eso el estudio creativo Freskue, de Getxo, recurrió a él para que protagonizase este excéntrico y polémico homenaje al aurresku, que ha sido aplaudido por una inmensa mayoría. «Íñigo es muy bueno y le gustan los retos. Por eso le elegimos», explican los responsables de la firma y de la idea del 'dantzari' sobre pedales, que trasladaron al Ayuntamiento de Getxo. «No es un aurresku, está claro, es algo único y diferente, una acción hecha desde otro enfoque», matizan.

Los 'bolos', bienvenidos

A pesar de todo, Íñigo se alegra de haber sido escogido para este cometido. Y, aunque haya recibido, entre aplauso y aplauso, alguna colleja, no se arrepiente. «No, porque nunca he querido faltar al respeto a nadie», añade el joven, que incluso ha acudido al programa de Telecinco 'Got Talent' para intentar abrirse camino en un mundo que es «muy difícil». «Está complicado vivir de esto. Yo me doy hasta los 25 años de plazo, si no, tendré que intentar otra cosa o compaginarlo con otras actividades... pero si a raíz de esta polémica me salen 'bolos'... no sé, para bodas o así... no voy a decir que no». De este modo, Íñigo considera que su reinterpretación del tradicional 'aurresku', con su estela de controversia, lejos de ser un traspiés en su carrera es toda una oportunidad.

«Es osado llamar a eso aurresku»

Entre quienes aplauden y felicitan a Íñigo Arroyo y los que le consideran un infame que ofende a la tradición, hay posturas menos drásticas, como las de la sociedad Elai Alai, referente de las danzas vascas en todo el mundo y organizadora del festival internacional que cada año trae a Portugalete a grupos de distintos países. A juicio de sus responsables, lo que hizo el joven de Barakaldo «simplemente no es un aurresku, es muy osado llamarlo así». A juicio de los 'ideólogos' de esta actuación y su ejecutor tampoco pretendía serlo en el sentido estricto. De ahí que en Elai Alai no se hayan sentido especialmente molestos. Aunque en sus palabras sí se percibe cierto reproche. «Es un chico vestido de blanco, con txapela, que hace unas acrobacias sobre la bici con la música de un aurresku... pero no es un aurresku. Podía haber ido vestido con un casco romano o de malagueña. Aunque no es nuestra intención entrar en polémicas, porque no creemos que se haya hecho con mala intención». Según afirman, ellos, desde luego, tienen otra visión de lo que es un aurresku... por eso, a los aurreskularis no les ha hecho especial gracia la versión ciclista de su danza. «Para ellos significa respeto, descubrirse ante alguien que nos visita, un 'ongi etorri'... -explican-. Posiblemente, esta intención tenía también el chico de la bici».

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