Valverde aplaude el triunfo de Luis León

Luis León Sánchez y Alejandro Valverde se abrazan en la meta de Murcia. /Efe
Luis León Sánchez y Alejandro Valverde se abrazan en la meta de Murcia. / Efe

El campeón del mundo se exhibe en la Cresta del Gallo, pero no puede con el Astana, que se lleva la Vuelta a Murcia con Sánchez y mete en el podio a Pello Bilbao

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Unos metros por detrás, Alejandro Valverde observaba la victoria en la meta de la Gran Vía murciana del único rival que pudo seguirle, Luis León Sánchez, que se ha llevado la etapa y la general de esta Vuelta a Murcia. Valverde, segundo en las dos clasificaciones, se ha puesto a aplaudir mientras su adversario levantaba los brazos. Son murcianos, llevan muchos años dándose caña. Se respetan. Luis León es un cazaetapas; Valverde, el campeón del mundo, el ciclista inagotable. Desde fuera, muchos se preguntan por el secreto de su longevidad. Basta escucharle: «Competir en mi tierra luciendo este maillot arcoíris es para mí una victoria. A cada carrera salgo con la sensación de que llevar esta prenda es un triunfo». Valverde ya tiene todo lo que quería, incluida la guinda del oro mundial. Es feliz. Por eso, camino de los 39 años, no se cansa de ser ciclista.

Hay estudios sobre la carga psicológica que supone ser un ciclista de élite. La presión. El estrés. Las ganas se agotan a veces antes que el músculo. Cuando los campeones se someten al regimen estricto de equipos como el Sky, tan atado al orden y las nuevas tecnologías aplicadas al entrenamiento, muchos se calcinan mentalmente. Le sucedió a Bradley Wiggins. En cuanto ganó el Tour, apagó la luz. Nunca más, se dijo. Y se dedicó a vivir. Valverde es otra cosa. Se entrena a su aire, con el grupo de amigos de siempre. Se atacan, se divierten como niños. Se cansan. Valverde los revienta a todos, toman un café, echan una risas y vuelven a casa. El ciclismo no ha perdido para el murciano esa esencia infantil. Un juego. Y ¿a quién no le gusta jugar?

La segunda y última etapa de la Vuelta a Murcia era un buen campo de juegos: 177 kilómetros que incluían la sierra de Espuña, el jardín de Valverde. Al otro lado del ring tenía a todo el Astana, encabezado por el líder, Pello Bilbao, al que escoltaban Omar Fraile, Luis León y Fuglsang. El Astana salió a imponer su mayoría. Anuló la fuga, controló la subida al Collado Bermejo y se dispuso en formación defensiva cuando la carrera llegó a la Cresta del Gallo, la revirada cuesta situada a una docena de kilómetros de la meta. El equipo kazajo sabía que allí iba moverse Valverde.

Lo hizo. Pello Bilbao no resistió. Luis León sí se agarró a la chepa de Valverde. Hasta que también se soltó. El campeón del mundo pasó la cima con 15 segundos de ventaja. Poco. Conocía el terreno y al rival. «Sabía que Luisle podía arriesgar más que yo en la bajada», ha contado. Así fue. 'Luisle' le cogió. Y se puso a su rueda para proteger el liderato de Pello Bilbao. Valverde tiró hasta Murcia y, ya en la recta de meta, Luis León le remató para recoger la etapa y la Vuelta. Valverde, derrotado, aún no se ha estrenado este año. Da igual. Aplaudió y sonrió. Y en cuanto pudo se abrazó a su verdugo. «Todavía no he ganado este año, pero estoy cerca. Me veo con los mejores, incluso por encima». Subió al podio con Luis León y Pello Bilbao, tercero en la general y ganador de la primera etapa.

«Es especial batir al mejor del mundo», destaca Sánchez

«Tras la caída en el Tour de Francia y el proceso de recuperación, soporté momentos difíciles, pero me vuelvo a sentir bien y competitivo. Es especial y muy importante para mí cabeza ganar en casa y delante del mejor corredor del mundo»», ha destacado el vencedor de la Vuelta a Murcia, Luis León Sánchez, que revalida su triunfo. Este domingo es el turno para la Clásica de Almería, con final hecho para el sprint en Roquetas de Mar (199 kilómetros). Participan velocistas como Kittel, Trentin, Ackermann, Laporte y el alavés Jon Aberasturi.