El Tribunal del Deporte anula la sanción por dopaje al ciclista Ibai Salas

El ciclista Ibai Salas. /
El ciclista Ibai Salas.

El TAD dice que el pasaporte biológico no prueba el fraude y que ha vulnerado los derechos del corredor

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Lo peor que le puede pasar a una ley es que culpe a un inocente. Y eso es lo que ha sucedido con el ciclista vizcaíno Ibai Salas (Bilbao, 27 años), según el Tribunal Administrativo del Deporte (TAD). El excorredor del equipo Burgos BH presentó irregularidades en su pasaporte biológico en 2017, por lo que fue suspendido durante cuatro años y recibió una multa de 3.001 euros por recurrir a sustancias dopantes. El castigo fue impuesto por la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte (AEPSAD). Fue la primera acción de este tipo adoptada por este organismo. Y ahora ha sido anulada por el TAD. Ibai Salas, que ya no compite, lamenta que todo esto haya supuesto «el final de su carrera como corredor profesional» y que se le haya «acusado injustamente» de dopaje. Asegura haber sufrido un «calvario de diez meses» hasta que ha podido «demostrar su inocencia».

La resolución del TAD en contra de la sanción a Salas va más allá del caso del ciclista vizcaíno. A juicio del TAD, el pasaporte biológico del corredor no permite conocer si el deportista realmente consumió una sustancia prohibida o utilizó un método ilícito. Ni tampoco dónde ni cuándo pudo recurrir al dopaje, por lo que «no se ha dado cumplimiento completo a la normativa sobre el pasaporte biológico que contiene la Ley Orgánica». Considera que se han vulnerado los derechos del deportista.

El TAD recuerda que el pasaporte está concebido en el ordenamiento jurídico español tan solo como una medida de prueba. Es un sistema que controla a lo largo del tiempo los valores hormonales y sanguíneos de un deportista. Cuando detecta alguna alteración extraña, se activa un protocolo de vigilancia e incluso de sanción. Ahora, el TAD dice que el pasaporte es un «medio de prueba», pero que no sirve por sí solo para aplicar un castigo. Lo que sí está penalizado es «el uso o el consumo de sustancias o métodos prohibidos». El Tribunal deja clara su postura: «El pasaporte no es suficiente para probar la comisión de una infracción». Por eso, anula el castigo a Ibai Salas.

El excorredor, a través de un comunicado, mostró su indignación por la «irregular actuación dictada por la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte» que ha supuesto su final como ciclista profesional. Salas, tras este «calvario», ha agradecido el apoyo «incondicional» de los que «nunca han dudado» de su inocencia.

«Me arruinaron los sueños, pero al menos queda limpio mi nombre»

Ibai Salas tenía una mezcla de «rabia» y «alivio». Rabia por el «calvario» que ha pasado desde que fue sancionado, hace diez meses. «No le deseo a nadie lo que he sufrido. Y mi mujer. Y mi familia». Rabia también por haberse sentido «abandonado» por su equipo, el Burgos BH. «Ni se preocuparon por cómo estaba». Rabia por la respuesta de algunos que creía amigos. «Sólo me hablo con dos del equipo. Me dejaron de lado». Rabia, sobre todo, porque le han cambiado la vida: «Me han arruinado la carrera deportiva, mi sueño de ser ciclista, de correr la Vuelta a España. Los que me sancionaron siguen con su trabajo y yo estoy en el paro». Y alivio porque, «aunque tarde», ha llegado la resolución de su proceso por dopaje y el Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) ha anulado la sanción que le había impuesto la Agencia Española Antidopaje. «Al menos, mi nombre va quedar limpio», se consuela.

2018 lo tenía todo para ser el año de Ibai Salas. Su equipo, el Burgos BH, había dado el salto a la segunda división e iba a correr la Vuelta a España. «Yo estaba preseleccionado». Era el año, además, de su boda. La vida encauzada. Y todo cambió con la difusión de su caso. La Agencia Española Antidopaje estrenó su lista de sanciones con él: cuatro años de castigo por irregularidades en el pasaporte biológico. Salas recurrió al TAD, que acaba de exonerarle. «Si se hubiera mantenido el secreto de sumario, quizá hoy podría seguir siendo ciclista», critica.

Ya no lo es. No lo será. Apenas sale a pedalear. «Sólo de vez en cuando cojo la bici con unos amigos. Me siento a gusto con ellos», apunta. De sus otros compañeros, los ciclistas de su antiguo equipo, prefiere no hablar mucho. La mayoría le dio la espalda. «Les perdono. Espero que si alguna vez se encuentran en mi situación no les abandonen como a mí». Al gremio del ciclismo le falta, lamenta, «humanidad». «No hay unión como en el fútbol. He visto la otra cara del deporte».