Mikel Landa se agarra a un milagro antigravitacional

Mikel Landa, atendido tras la caída./ETB
Mikel Landa, atendido tras la caída. / ETB

El alavés se pondrá en manos de Mikel Sánchez y su tecnología para ver si aún es posible ir a la Vuelta

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Tras la caída en la Clásica de San Sebastián que le fracturó el sábado una vértebra lumbar, las exploraciones y el primer diagnóstico que le apartaba de la próxima Vuelta a España, Mikel Landa pasó una noche inquieta en el Hospital de Donostia. Sus planes se habían roto, como la apófisis espinosa de la vértebra L1. Le esperaban «dos o tres semanas de reposo». Y de dolor. Maldecía su mala suerte. Pero se le abrió una leve esperanza. Su masajista, Andoni Sánchez, es sobrino del traumatólogo Mikel Sánchez, al que acuden muchos deportistas de primer nivel. El médico vitoriano dispone en su clínica de una máquina antigravitacional que, quizá, puede acortar los plazos para la recuperación. Si es así y el parón apenas supera la semana de inactividad, Landa sí podría estar el 25 de agosto en la salida de la Vuelta a España, paso previo al Mundial de Innsbruck. El examen médico se realizará en Vitoria. Entonces se sabrá si el milagro es posible. A Landa le espera otra larga noche, aunque esta vez con un hilo de esperanza.

Pese a que el infortunio le persigue desde la etapa de Roubaix del pasado Tour, Landa no se resigna a perder lo que resta de temporada. El sábado estaba en disposición de pelear con Alaphilippe por el triunfo en la Clásica de San Sebastián. A 19 kilómetros del final iba bien colocado. Fue entonces cuando Ben King se despistó, miró hacia atrás y provocó una caída masiva que afectó a Egan Bernal, Primoz Roglic, Gorka Izagirre y Mikel Landa. Bernal tuvo que pasar por el quirófano con el rostro destrozado. Landa, también ingresado, escuchó que necesitaba entre dos y tres semanas de reposo para que la vértebra rota soldase. Adiós a la Vuelta, una carrera en la que era candidato al podio.

Al principio, Landa confiaba en que el daño fuera menor. Luego llegó el bajón. Veinte días parado le iban a dejar sin capacidad física para afrontar con garantías una carrera de fondo como la Vuelta, que, además, arrancará con una contrarreloj por equipos. Tras la noche en el hospital guipuzcoano, el corredor ya está en su casa de Murgia. Lleva un corsé lumbar. Se pondrá en manos de Mikel Sánchez y la máquina antigravitacional.

Esta tecnología, desarrollada en los programas aeroespaciales de la NASA, es utilizada también por deportistas que aspiran a mejorar su rendimiento o a acelerar los procesos de rehabilitación tras una lesión. Al rebajar la fuerza de la gravedad, que es la que nos mantiene pegados al suelo, se reduce el peso corporal y se facilita la realización de ejercicios. Hay menos contacto entre los músculos y las articulaciones. Eso reduce el dolor y permite iniciar antes los entrenamientos. Landa confía en que la fractura que sufre pueda ser tratada con una de estas máquinas. Sánchez, las manos por las que han pasado muchos futbolistas e incluso Rafa Nadal, le ha abierto una puerta a la esperanza, que flota, ajena a la fuerza de la gravedad. Es un escalador. De poco peso. Siempre ha tenido a su favor esa ley de la física. En unas horas sabrá si aún es posible el milagro de estar en la Vuelta.

 

Fotos

Vídeos