El Tour de las cuentas pendientes

Chris Froome, ayer con el resto de sus compañeros en la sesión de entrenamiento antes de iniciar hoy el Tour./Reuters
Chris Froome, ayer con el resto de sus compañeros en la sesión de entrenamiento antes de iniciar hoy el Tour. / Reuters

Veinte años después del 'caso Festina', Froome busca el quinto triunfo frente a Landa, Quintana, Nibali y Bardet

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

El Tour es como una vieja biblioteca a la que cada mes de julio, por vacaciones, llega otro cargamento de libros, de historias. Hay leyendas, aventuras, victorias y derrotas, y hasta muertes. Y unos cuantos escándalos. Con tanto archivo, en cada edición de la ronda gala se cumple algún aniversario. En la ronda que parte hoy desde la isla de Noirmoutier se cumplen veinte años del 'caso Festina'. En 1998 cambió el ciclismo: la policía de aduanas sacó a la luz un arsenal de dopantes en el equipo de Virenque, el buque insignia del ciclismo francés. La credibilidad de este deporte se quebró. Bruno Roussel era entonces el director del Festina. Le encarcelaron. Le tacharon. Tuvo que cambiar de vida.

Ahora, su hija Elene ha publicado una carta en la que recuerda aquel periodo. Tenía 14 años. De repente, vio cómo su padre se convertía en un maldito. La familia entera fue mal vista. Tuvieron que refugiarse en España. Elene notó el rechazo en la escuela. La crueldad de los adolescentes. Los insultos y las bromas. El cuchicheo con filo. Cayó en la anorexia. Estaba tan llena de vergüenza que no podía comer nada. Asistió muda a la deriva de su padre, a su deterioro. Y ha tardado veinte años en atreverse a hablar de ello, a enfrentarse a su pasado íntimo. Con el tiempo supo que lo que hacía su padre con el dopaje era lo habitual en aquel pelotón. Roussel era preso del sistema. El ciclismo funcionaba así. En la carta se dirige directamente a su padre: «Me ha costado veinte años salir del agujero. Papá, eres mi héroe, el primer hombre de mi vida. Estoy orgullosa de ti, de ser parte de ti».

«Personas justas»

Dos décadas después Chris Froome ha publicado otra carta en el diario 'Le Monde', el mismo que anunció hace unos días que el Tour le había vetado. «Nunca deshonraré el maillot amarillo», jura el británico, que ha sido absuelto de dopaje y es el gran favorito en este Tour. «El inhalador (Ventolín) no supone ninguna ventaja en mi rendimiento. Es para el asma», añade. Y dice que cuando se hizo el test antidopaje en la Vuelta 2017 no se tuvo en cuenta una variable: la deshidratación. El jueves, en la presentación de equipos, parte del público le abucheó. Aunque ha sido declarado inocente portará ese estigma. Confía en aplacar esa hostilidad. «Los franceses son personas justas», concluye en la misiva. Froome, que para parte del público lleva a cuestas el peso de la sospecha, tiene esa cuenta pendiente en este Tour. Ganarlo para reivindicarse.

Los rivales de Froome

Pero en un pelotón tan ancho caben muchas más cuentas por saldar. Casi una por dorsal. Froome tiene una larga lista de rivales: Nibali, Landa, Quintana, Valverde, Porte, Dumoulin, Bardet, Roglic, Fuglsang, Urán... Porte, por ejemplo, no le perdona a Froome que le hiciera perder la París-Niza. El australiano también quiere vengarse del Tour, la carrera que le tiró al suelo el año pasado cuando parecía uno de los favoritos. «Si hay alguien capaz de ganar el Giro y el Tour es Froome», dice Porte. Y tratará de ser quien lo impide.

También Nibali viene a atar cabos sueltos. En 2014 venció en el Tour. Pero se ha hartado de escuchar que fue por la caída de Froome. Le persigue el fantasma del británico. Por eso, el italiano, que firmó en marzo una antológica victoria en la Milán-San Remo, prefiere a Froome en el Tour, sin vetos ni sanciones. «Es mejor enfrentarse a él que a su sombra», asegura. Le sobran las ganas de ganarle.

«Nunca deshonraré el maillot amarillo. El inhalador no supone ninguna ventaja en mi rendimiento» Froome

«Si hay alguien capaz de ganar el Giro y el Tour es Froome» Porte

«No sé cómo va a responder mi cuerpo tras el Giro», donde quedó segundo en la general Dumoulin

El país del Tour, que tanto pita a Froome, empujará a Bardet. Su misión es recuperar el trono para Francia Sin triunfos desde hace décadas

Otro de los aspirantes, Dumoulin, viene de perder el Giro ante Froome en aquel inolvidable duelo en La Finestre. El holandés tranquilo rebaja su candidatura, se tapa. «No sé cómo va a responder mi cuerpo tras el Giro». Pero, paradójicamente, se siente reforzado por esa segunda plaza en Italia. «En 2017 vencí en el Giro pero tuve la incertidumbre de si podría volver a ese nivel. Ser segundo ahora me ha confirmado que puedo», apunta. Como tantos ciclistas del norte, Dumoulin espera con ansia la etapa del pavés. El día en que la habilidad, la fuerza y la suerte barajarán las candidaturas del Tour sobre esa trinchera pavimentada.

Bardet, por su parte, sostiene la cuenta pendiente de toda Francia. Desde Hinault en 1985 no hay triunfo galo en París. La dirección de la carrera ha diseñado un recorrido para él, sin apenas contrarreloj. El país del Tour, que tanto pita a Froome, empujará a Bardet. Su misión es recuperar el trono para Francia. Misión imposible desde hace décadas.

Mikel Landa y Nairo Quintana son, junto a Valverde, los hombres con los que Movistar quiere ganar la ronda francesa.
Mikel Landa y Nairo Quintana son, junto a Valverde, los hombres con los que Movistar quiere ganar la ronda francesa. / Reuters

Landa, Quintana...

Y queda el Movistar. Landa, Quintana y Valverde. La revancha de Landa es contra sus antiguos equipos, que nunca le concedieron la libertad. En 2015 el Astana le ató las piernas en el Giro. Y el año pasado, en el Tour, el Sky le obligó a correr con bozal al servicio de Froome. Ya se ha soltado las cadenas. Si en estas nueve primeras y eléctricas etapas esquiva la desgracia, tendrá el Tour al alcance de sus piernas. Para su compañero Quintana, la Grande Boucle es su gran cuenta pendiente. Dueño del Giro y la Vuelta, le falta el Tour, «el sueño amarillo» que no llega. De todos los nombres ilustres el único que viene al Tour sin deudas es Valverde. Las saldó cuando subió al podio en 2015. Liberación absoluta. Desde esa edición compite por placer. Ya no puede perder. Eso le hace más peligroso en este Tour que se aleja, tan despacio, de la mala sombra con que el 'caso Festina' cubrió esta maravillosa biblioteca llamada ciclismo.

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