Martin derriba el Muro antes que Valverde

El corredor irlandés Daniel Martin celebra la victoria conseguida en la sexta etapa del Tour de Francia. /EFE
El corredor irlandés Daniel Martin celebra la victoria conseguida en la sexta etapa del Tour de Francia. / EFE

El irlandés gana la tensa sexta etapa, en la que ceden unos segundos Froome y Bardet y más de un minuto Dumoulin

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑAMuro de Bretaña

Los muros están para derribarlos. A Neil Martin el ciclismo le hartó. Competía rodeado de rivales adulterados por las jeringuillas y los fármacos. El ciclismo formaba parte de su familia. Estaba casado con la hermana de Stephen Roche, ganador del Tour de 1987 , pero se apartó de su deporte, hundido en la ciénaga del dopaje. Se dedicó al sector inmobiliario. Eso sí, cada verano los Martin pasaban un par de semanas en las cunetas del Tour. Allí, en las curvas del Alpe d'Huez, jugaba el hijo de Neil, Daniel. El verano era el Tour. La fiesta. La montaña. Los héroes. Y, claro, el chaval quiso ser ciclista.

Neil torció el gesto. Le dio permiso a Daniel para subir su juventud a la bicicleta, pero antes le educó. Nada de atajos. El chaval emigró a Francia para aprender el oficio. Vio, como antes había visto su padre, el tráfico de dopantes. Lo rechazó. Para ser un ciclista limpio había que tirar ese muro. Daniel lo hizo. Lo jura. «Si no, deshonraría a mi padre». El honor. Artillería contra la corrupción. Abajo el muro. Para ganar la sexta etapa de este Tour había que derribar otro, el Muro de Bretaña. Martin lo demolió con un brutal ataque a casi un kilómetro de la meta al que no pudo responder Valverde, tercero al final con el mismo tiempo que sus compañeros Landa y Quintana, y sus rivales Majka, Yates, Thomas, Roglic, Nibali, Fuglsang y Van Avermaet, aún líder. A 8 segundos, cortado, llegó Froome. ¿Síntoma de debilidad? En este recuento faltaban dos de los candidatos, los dos que pincharon en el último tramo, cuando ya no había remedio: Bardet se dejó 31 segundos y Dumoulin, 53, más 20 de castigo por colocarse a rebufo de un coche de su equipo. A los dos, el muro que tiró Martin se les cayó encima.

En el ciclismo el escenario ordena los acontecimientos. Si una etapa sale de Brest, cruza por los paisajes de Bernard Hinault y termina en el Muro, es inevitable la guerra. Bretaña corsaria. Brest es una ciudad fea y de mala reputación. Fría, siempre llueve, destruida en la II Guerra Mundial por ser base de submarinos y mal reconstruida luego. La industria naval militar es aún su mayor sustento. De esa región, bretón, es Hinault, que este jueves volvió a cargar contra Froome. «Tiene derecho a correr el Tour. Ha sido absuelto. Pero el otro día estuve en una carrera de cadetes y vi cómo los padres daban 'Ventolín' a sus hijos, que no están enfermos. Ese es el peligro». Hinault, con 63 años, no entierra el hacha. Estaba claro, en un teatro así la etapa iba a morder, iba a ir de cabeza contra el Muro.

El pelotón lanzó cinco emisarios, franceses todos: Pichon, Gaudin, Grellier, Tourgis y Smithy. Era otra fuga condenada. La ejecutaron el viento y el Muro. «Ahora mismo no hay favoritos. Hasta que llegue la montaña igual no se salva ninguno», avisó Omar Fraile, que se estrena en este manicomio del Tour. «Es que no frena nadie». A cuchillo. Así, dientes apretados, corre el Quick Step, que desplegó un abanico a 100 kilómetros de la meta. Cavó una zanja. Landa, Quintana, Nibali, Fuglsang, Martin y Roglic con en ella. Descolgados. En el Tour la consigna es disparar siempre, incluso tan lejos del final. Afortunadamente para los rezagados, la carretera giró y apagó el viento. «Ha sido un susto -reconoció Landa-. Con la ayuda de tres compañeros hemos logrado enlazar». Escalofrío. Suspiro.

Para acercarse al doble paso por el Muro de Bretaña, la etapa ingresó en una madeja de caminos con perfil de cuello de una botella. Más tensión. La primera subida al Muro fue de tanteo. Thomas, que mira por los ojos de Froome, y Alaphilippe mostraron su ansiedad. La etapa venía desabrochada. Bordeada por el público. Gritos y jadeos. Coronada la primera tapia, había que bajar por una carretera llena de polvo. A 6 kilómetros del final pinchó Dumoulin. A ese altura ya estás perdido. Hasta ahora indemne, al holandés el Muro le salió caro. Tiene razón Omar Fraile. Aquí no se libra nadie. Tampoco Bardet, el que ocupa el corazón de Francia. También escuchó el silbido traidor de un pinchazo. Su fiel Gallopin le prestó la bicicleta. El problema parecía resuelto. Y no. Bardet se fundió en los dos kilómetros del Muro. Se quebró cuando nadie lo esperaba. ¿Otro mal síntoma?

Una pared de dos kilómetros. Eso es el Muro de Bretaña. El primero aprieta; el segundo, aunque es más suave, remata. Alaphilippe, Fraile y Porte se colocaron de cara al viento. El aire frenaba, complicaba los cálculos. Valverde, mal situado, se gastaba en la remontada. «En el Tour todo es complicado», alegó. Cierto. La posición se pelea a dentelladas. Landa y Quintana resistían también entre los quince mejores. «Ufff. Pensaba que era una cuesta más para escaladores, pero ha resultado muy explosiva», se sorprendió el alavés. «Estoy contento. Esta semana se trata de salvarse», continuó. Ya llegarán los Alpes, montañas donde mostrar los quilates de sus piernas.

Landa se ocupa en etapas así de defenderse. Su compañero Valverde, el infinito Valverde, buscó un resquicio por donde demoler el Muro. Pero para cuando se situó a la altura de Porte y Alaphilippe, Daniel Martin ya estaba unos metros por delante con el pico y la pala. El irlandés, dirigido por el vizcaíno Matxin en el UAE árabe, tenía un mal recuerdo de esta cuesta. En 2015, por esperar demasiado, le quitó el triunfo Vuillermoz. Esta vez, no. «Sabía que pegaba el viento, pero tenía que atacar de lejos, antes de la zona más suave», contó. Era su plan. Funcionó. A Martin siempre le viene bien hacer memoria. Del fallo hace dos años sacó el camino para este éxito. De los consejos de su padre aprendió a ser un ciclista sin aditivos. Y quiere más. Una plaza en el podio. Lo que soñaba de niño en el Alpe d'Huez.

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