A Landa le salen las cuentas

A Landa le salen las cuentas

El BMC gana la contrarreloj por equipos tras la que el alavés y Valverde se mantienen por delante de Froome

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑACHOLET

En la rampa de salida de Cholet, los ocho ciclistas del Movistar compartían ese suspiro que lanzan los acróbatas antes de un salto sin red. La contrarreloj por equipos es la etapa más estresante. Cada escuadra es una orquesta. Si alguien desafina, todo chirría. Los días así, desde del desayuno, hay una afmóstera distinta, cargada de electricidad. Mikel Landa no es un especialista en esta disciplina, la que más le penaliza. Para los escaladores es una tortura, física y mental. Siempre parten con la duda de si serán capaces de responder en territorio tan hostil. Por eso, al alcanzar la meta tras los 35,5 kilómetros del recorrido, se relajó. Acudió rápido a saludar y felicitar a sus compañeros. Como un líder.

La victoria de etapa fue para el BMC de Porte y el nuevo maillot amarillo del Tour, Van Garderen, el campeón olímpico. Un belga al frente de la gran carrera gala justo antes de la semifinal Francia-Bélgica del Mundial de fútbol. ¿Será una señal? Francia traga saliva. El BMC le quitó 4 segundos al Sky de Froome, 9 al Scott de Yates, 11 al Sunweb de Dumoulin, 35 al Education First de Urán, 51 al Astana de Fuglsang, 53 al Movistar de Landa, Valverde y Quintana, 1.06 al Bahrain de Nibali y 1.15 al Lotto de Roglic y al Ag2R de Bardet, el peor parado en Cholet. Aunque Van Avermaet manda en la clasificación general, el líder real es Geraint Thomas, la segunda baza del Sky. El galés le saca 8 segundos a Dumoulin, 32 a Urán, 47 a Majka, 49 a Fuglsang y Porte, y 50 a Zakarin, Valverde y Landa. Todos en un pañuelo.

El alavés y el murciano tienen por detrás a Froome, a 2 segundos, a Adam Yates (a 7s), a Nibali (a 13s), a Bardet (a 22s) y a Roglic (a 22s). Tras esquivar las caídas de las dos primeras jornadas, a Landa le salen las cuentas en este inicio del Tour. «Mejor no podía ir», resumió mientras se le descolgaban por al barbilla las últimas gotas del sudor de la contrarreloj. Faltan litros por derramar. De sudor frío estos días de tensión que vienen y de sudor hirviente en la montaña.

Aunque ya suma tres etapas, «el Tour no empezará hasta Roubaix», hasta que pase la jornada de pavés del domingo. Eso repite Eusebio Unzúe, mánager del Movistar. Quedan aún seis días para salir con vida del viento, las rotondas, las caídas y esos adoquines. De sus tres líderes, Landa, Valverde y Quintana, sólo el colombiano ha tropezado. Quintana está a más de un minuto de Landa, la baza elegida por Telefónica para encabezar este año la escuadra. El alavés descuenta días para alcanzar a flote la orilla de los Alpes. Esta semana corre en aguas turbulentas. Le tenía miedo a la 'crono' conjunta. La superó. «No he estado mal. Peor lo hice en la Vuelta a Suiza», comparó. En Cholet se quitó un peso de encima. Ya se siente más ligero.

Mucha seguridad

La ciudad, blindada por la seguridad del Tour, estaba prácticamente cerrada al tráfico. La Grande Boucle lo ocupó todo. Día ancho, de cielo azul. De viento cálido. De público masivo al reclamo del Tour. Los aplausos eran para todos, salvo uno: Froome, que carga con su cruz pese a ser absuelto de dopaje. Llevará ese peso hasta París por mucho que el Sky le tenga en una burbuja. No puede no escuchar lo que le chillan. El Sky colocó a Froome y al resto de sus corredores entre dos autobuses, a la sombra de la arboleda del Boulevard Delhumeau Plessis. A resguardo. Ciclistas sobre rodillos con chalecos refrigerantes. Ventiladores para secarles el sudor. Tensión. La 'crono' por equipos es un asunto de especialistas. De brutos capaces de mover platos de 58 dientes. Y es una etapa matemática. Hay que dar con la ecuación perfecta para ordenar a los ocho corredores. La clave es mantener la velocidad, sin tirones, sin ahogar a nadie. El director de orquesta tiene que distribuir los relevos, compensar los esfuerzos entre los ciclistas más pesados y los más ligeros.

El Movistar empezó bien. En el coche iba el presidente ejecutivo de Telefónica, José María Álvarez-Pallete. Sintió el vértigo de cada rotonda, la espectacularidad del Tour, la exigencia al límite de 40 minutos al borde de la asfixia. Ocho ciclistas pegados como sellos a una carta para que el aire no les frene con sus turbulencias. Sinfonía de relevos. En el primer tramo, el más lento, el equipo español mantuvo el pulso con el Sky y el BMC. A apenas un par de segundos. Pero a medida que el circuito se fue haciendo más fácil, más rápido, el Movistar bajó posiciones. «Otros equipos tienen más especialistas que nosotros», coincidieron Landa y Unzúe. El tren del Movistar fue perdiendo vagones. Se descolgaron Erviti, Bennati y, en el repecho de Seguinier, Rojas. Resistían cinco: dos buenos rodadores como Soler y, sobre todo, Amador, y «tres ciclistas de sesenta kilos», Landa, Valverde y Quintana. Pesos pluma en una cuadrilálero para pesados.

El reloj comenzó a castigar al Movistar, que fue a menos. En los seis kilómetros finales, hechos para volar, se les escaparon aún más el BMC y el Sky. «Bueno, hemos terminado más o menos donde teníamos previsto, en torno a los 45 segundos», recontaba Unzúe, que, tras la etapa y nada más llegar a la hilera de rodillos donde soltaban piernas sus corredores, se colocó al lado de Landa. Charlaron mientras, pegado, les observaba Nairo Quintana. Tras la 'crono' de Cholet, el líder del Tour es Van Avermaet y los primeros clasificados del Movistar son Landa y Valverde. Hace un año, el alavés acabó cuarto el Tour porque el Sky no le dejó luchar por un puesto más alto. Por eso dejó la escuadra británica. Reclamó galones. El Movistar se los prometió. En tres días de este Tour ha tenido algo que otra veces le ha faltado. Esa pizca de suerte. «Ya era hora», bromea.

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