Van der Poel, el nieto ganador de Poulidor, el eterno segundón

Mathieu van der Poel, en pleno esfuerzo. /EP
Mathieu van der Poel, en pleno esfuerzo. / EP

El joven holandés es candidato a la Amstel Gold Race frente a rivales como Alaphilippe, Gilbert y Valverde

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Los hijos suelen querer parecerse a sus padres. A veces, también a sus abuelos. Pero Raymond Poulidor, el eterno perdedor del Tour, prefiere que su nieto Mathieu van der Poel sea como Jacques Anquetil, el verdugo que tantas veces le impidió reinar en los Campos Elíseos de París. Van der Poel, con 24 años, ya es campeón del mundo de ciclocross, fue oro juvenil en ruta, bronce en el Europeo de mountain bike y, ahora, tras dedicarse a tiempo parcial a las carreras de asfalto, acaba de ganar la Flecha Brabanzona por delante del número uno del mundo, Julian Alaphilippe. Por eso, pese a ser un recién llegado, es ya uno de los favoritos este domingo en la Amstel Gold Race frente a rivales como Philippe Gilbert y Alejandro Valverde.

Poulidor no merece el estigma que aún porta con 83 años. De hecho, en su palmarés figuran más e 180 victorias, incluida la Vuelta a España. Aun así, pesan más sus ocho plazas en el podio del Tour, tres veces segundo y cinco tercero. Nunca lo ganó. Y con ese sambenito ha pasado a la historia. Su hija Corinne se casó con un espigado corredor holandés de nombre largo, muy largo. Adrianus Aloysius Jacobus van del Poel. Para ganar tiempo, claro, le llamaron 'Adrie'. Buen ciclista. Ganador de clásicas como la Lieja-Bastogne-Lieja, el Tour de Flandes, la París-Tours, la Clásica de San Sebastián, la Flecha Brabanzona y la Amstel Gold Race, en 1990, la carrera a la que opta su hijo, el nieto de 'Pou Pou' Poulidor. La sensación de esta primavera.

Mathieu van der Poel, nacido en Holanda, tiene números de prodigio. Suma 104 victorias en carreras de ciclocross, incluidos dos títulos mundiales. Sus duelos con otro portento, el belga Wout van Aert, han elevado la emoción sobre el barro. Y los dos, obligados por su caudal de talento, están ya en la carretera. Van Aert, en el Jumbo, un equipo World Tour. Van der Poel, en cambio, en el Corendon-Circus, una escuadra de segunda con la que tiene contrato hasta 2023. Ya se lo disputan formaciones de primer nivel como el Deceuninck, el maillot de Alaphilippe y Gilbert. Pero el joven holandés dice no tener prisa. Es en lo único que mantiene la calma. En carrera funciona como un volcán. «Yo correo por instinto. No me gusta mucho hacer caso a las instrucciones que dan antes de la salida», confiesa.

Al inicio de este mes, Van der Poel disputó A Través de Flandes, una de las citas del calendario de clásicas belgas. Ganó. Fue su primer triunfo en el UCI World Tour. «No estaba previsto, pero sentí que a 70 kilómetros de la meta era el momento para atacar», declaró. Días después, con caída incluida, terminó cuarto el Tour de Flandes y, sin acabar abril, se ha impuesto a Alaphilippe, Matthews y Wellens en la Flecha Brabanzona. «Alaphilippe es el mejor corredor del mundo. Una leyenda», elogió Van der Poel a su víctima. Nació depredador. Le queda aún mucho camino para superar a su padre y, más aún, a su abuelo, el viejo Poulidor, que se peleó y perdió tantas veces contra Anquetil, Merckx, Thevenet y hasta Hinault. Su nieto, alto, potente, audaz y con cilindrada de elegido, aún no ha explorado sus límites, que parecen casi infinitos. El abuelo ya le ha puesto el listón. Ser Anquetil, su enemigo más querido. El Tour que falta en la familia.