La Bilbao-Bilbao, una familia de 8.347 dorsales

Los participantes toman la salida por turnos. /Fernando Gómez
Los participantes toman la salida por turnos. / Fernando Gómez

La clásica prueba roza el récord de participación en una edición marcada por el buen tiempo que confirma el momento dulce que disfruta el cicloturismo

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

La clásica cicloturista Bilbao-Bilbao es un lugar del que nunca te vas. Ahí sigue. Vuelve, como este domingo, una vez al año. Y con ella, con esa marea de bicicletas que en esta edición rozaron el récord al juntar 8.347 participantes, regresan tantos recuerdos almacenados en las 31 ediciones celebradas. La marcha bilbaína, que rueda desde 1988, forma parte ya del paisaje sentimental de ese gremio tan multicolor formado por los ciclistas. Jóvenes que hace tres décadas subieron con su padre Andrakas, Unbe y Morga, este domingo, ya con más canas o menos pelo, pedalearon con sus hijos por las mismas rampas. Idénticas y, claro, tan distintas para la piernas por el paso el tiempo. La Bilbao-Bilbao es el hogar común que una mañana dominical al año acoge a los suyos. Muchos. Más de ocho mil, a los que se sumaron, como furtivos, otros dos mil más que esquivaron el pago de la inscripción. Entre todos levantaron una marea ambulante animada por el sol.

Y eso que en la salida, en el Puente de Deusto, habían dejado la nevera abierta por la noche. Frío bajo el cielo descubierto. Enseguida se vio que había ganas de ciclismo. El invierno recién clausurado ha sido clemente, seco. Sin el riego de la lluvia, brotan las bicicletas. Los cicloturistas andan ya en marzo bien entrenados. Un domingo de sol, además, invita a sumarse a la marcha. El primer pelotón partió a las 8.00 horas. Era tan numeroso que doce minutos después seguían saliendo corredores. La organización tuvo que cortarles el paso porque iban a solaparse con el segundo turno de salida, previsto para las 8.15 horas. Hubo algún embotellamiento. Es irremediable. La marea era tal que en cualquier cruce se montaba un pantano repleto de bicicletas.

Sin apenas incidentes

La fluidez llegó con los kilómetros. La hilera comenzó a estirarse. Las manos pudieron alejarse del freno. Tiempo para repasar con la mirada las postales de Bizkakia. Y para charlar. Siempre hay alguien que recuerda la primera edición, aquella llegada a la Gran Vía que asistió a un sprint, ganado por el entonces profesional Luis Pérez. Los cicloturistas iban entonces sin casco. La bicicletas no conocían el carbono. Y daba igual. Este domingo, en el ascenso a Unbe se veían maillots antiguos, uno del Teka, otro del Kas. Junto a bicis de última generación y cambio de marchas eléctrico, rodaba una 'Vitus' negra de aluminio. Un perla con la que, por ejemplo, Lucho Herrera ganó en los Lagos de Covadonga en 1987, un año antes del nacimiento de la Bilbao-Bilbao.

Durante la marcha, ya en Artebakarra, Iñaki Íñigo, médico de la Federación española, pasó un primer parte de guerra: apenas había habido incidentes. Un par de enganchones y poco más. La clásica bilbaína trata de conservar el espíritu fundacional del cicloturismo. No es una carrera. Es un día que une al ciclista bien preparado con el ocasional, el que rescata la vieja bicicleta del trastero y, todavía con rastrales, se anima a recorrer uno de los tres itinerarios de la prueba: de 85, de 115 o de 125 kilómetros, el más largo, el que incluye la subida al Vivero. Luis Zubero, exciclista y gran mecánico, atiende a los ciclistas en Zamudio. «Paran pocos. Con el buen tiempo, ni pinchan, ja, ja». En una curva del Vivero está otro mecánico de referencia en Bizkaia, Pedro Maestre, que saluda por su nombre a muchos de los que gotean sudor por la cuesta, el obstáculo final.

El paisaje luce impecable. Los ciclistas lo cuidan. Ya son muy pocos los que arrojan los envoltorios de la comida al suelo. En el descenso de Morga, a alguno se le han caído unas galletas. Un cuervo, atento, se tira en vuelo a por ellas, pero no llega a aterrizar porque no dejan de pasar ciclistas. Vuelve a intentarlo y nada. La fila no para. Es el domingo de las bicicletas. Para los que descubren la Bilbao-Bilbao, es un día de fiesta. De libertad a pedales. Para los fieles, los que incluso estuvieron en el bautizo en 1988, es una jornada para conectar pedazos de la memoria. Tantos amigos con los que han compartido este recorrido. El pasado es ese hogar que siempre nos queda. Y la Bilbao-Bilbao es la casa de la que nunca te vas y que, como siempre, te abre la puerta en la Gran Vía, donde un domingo de marzo espera esa familia de más de ocho mil dorsales.

La cercanía de dos campeones

Mikel García

Cada año, un personaje ilustre es el encargado de realizar el protocolario corte de cinta antes de dar la salida a la Bilbao-Bilbao. En la pasada edición, esta tarea recayó en un mito, el belga Eddy Merckx. El 'Caníbal', el héroe de miles de aficionados, dio el banderazo. Esta vez, han sido dos los encargados de dar el tijeretazo. El exciclista Igor Antón y la ultrafondista Ziortza Villa cogieron el testigo del campeón belga. Estos dos deportistas con brillantes trayectorias fueron los homenajeados en la salida. Junto a ellos, estuvieron presentes en el acto protocolario la concejala de Deportes y Juventud del Ayuntamiento de Bilbao, Oihane Agirregoitia, y uno de los responsables de la clásica, Philippe Govaert.

Los dos deportistas aprovecharon la salida para darse un baño de multitudes. No pararon de saludar a los cicloturistas, hacerse 'selfies' con los aficionados... Fue una oportunidad para que los participantes más madrugadores pudiesen pasar un rato con sus ídolos. Ambos rodaron los primeros kilómetros de la marcha junto a los que tomaron parte en la primera salida.

El exciclista de Euskaltel, Movistar y Dimension Data aseguró que «es un día muy bonito. Acabo de volver de un viaje por Nepal, –ha realizado un 'trekking' por el Manaslu–, y tengo muchas ganas de andar en bici. Y, ¿qué mejor que un día como este?». En la víspera, Antón señaló que «ahora que estoy retirado me he liberado» y propuso que «hay que poner medios para que los aficionados practiquen ciclismo». Su presencia este domingo fue una manera de acercase a los cicloturistas.

Tampoco quiso perder la oportunidad de pasar un día festivo en su exigente preparación la ultrafondista Ziortza Villa. Partió a las ocho de la mañana y regresó a la línea de salida para rodar luego con sus amigos. Para disfrutar de la Bilbao-Bilbao.

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