Landa coge impulso en Lieja para el Giro

Mikel Landa, en fuga por los Pirineos durante el pasado Tour de Francia./EFE
Mikel Landa, en fuga por los Pirineos durante el pasado Tour de Francia. / EFE

Séptimo en la decana de las clásicas y protagonista en el tramo final, el alavés gana «confianza» y «tranquilidad» para el asalto a la ronda italiana

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Los ciclistas profesionales siempre están metidos en una carrera interior, íntima. Mientras se acercan a los objetivos del año, rumian sus dudas, tan humanas. La primera vez que Muhammad Ali se subió a un ring frente a Sonny Liston, el 'Tyson' de los años sesenta, sintió pánico. Miedo a morir sobre la lona. Pero eso lo confesó luego, tiempo después de derrotar en el séptimo asalto a aquella bestia. La mente pedalea sola, en silencio.

Mikel Landa se alistó a última hora a la Lieja-Bastogne-Lieja que el pasado domingo premió la gran primavera del danés Jakob Fuglsang. Después de tantas caídas y parones, el ciclista alavés repasaba su potenciómetro y veía, espejito, espejito, que los datos de fuerza en los entrenamientos eran de primer nivel. Pero los deportistas necesitan tocar para creer. La 'Lieja', sus 266 kilómetros de lluvia y frío y sus 4.300 metros de desnivel, eran el campo de pruebas perfecto. Landa acabó séptimo. Fuglsang se llevó la carrera y él, la confirmación de que tiene ya a punto el motor para el asalto al Giro de Italia (11 mayo al 2 de junio). La primera etapa, la psicológica, ya es suya.

Las dudas son como un avispero. Hay que espantarlas. El medidor de potencia le susurra a cada ciclista cómo se encuentra, pero, ¿y los demás?, ¿cómo estaban Nibali y Dumoulin, que han pasado semanas en la altitud del Teide y que serán rivales en el Giro? Landa, que el 31 de enero sufrió su última caída y se partió una clavícula, tuvo que remodelar su plan de preparación. La lesión, como recuerda Jesús Ezkurdia, representante del corredor de Murgia, tuvo al menos un efecto colateral positivo. «Mikel está como nuevo». Sin gastar. El triunfo en la reciente Copa Coppi-Bartali le sacó a flote. Pero era una carrera de segundo nivel. Tenía que comprobarlo con una valla más alta. En Lieja. En la Roche aux Faucons. La cuesta donde se decidió la clásica belga.

Para entonces, el líder del Movistar, Valverde, ya se había retirado. Landa, liberado, pedaleaba para responder a sus dudas. La Roche es una cota de 1,3 kilómetros con un desnivel medio del 10% y rampas de hasta el 23. A esas alturas de la carrera sólo los elegidos tienen alas para volar tan arriba. Fuglsang, por ejemplo. Landa inició la cuesta atrásk descolocado. No era favorito oficial. De hecho, cuando el danés aceleró y destrozó el grupo, el alavés quedó cortado. Y ahí, cuando inició la remontada, notó lo que buscaba. Esa sensación de plenitud. Dumoulin había quedado atrás. Tiró a por Nibali. Alcanzó al grupo del italiano, que perseguía a Fuglsang, Woods y Formolo. Según los datos que maneja el Movistar, Landa hizo la subida más veloz en el tramo final de La Roche aux Faucons. Inmejorable síntoma para el inminente Giro.

Líder del Movistar en el Giro

«Verse tan arriba da a Mikel mucha tranquilidad y confianza», apunta Ezkurdia. Landa incluso atacó en el repecho previo a bajar hasta la meta de Lieja. Por su cabeza rodó entonces un lamento. Si hubiera sabido antes que estaba así... Se sintió a la altura de la decana de las clásicas mientras, con la mano haciendo de visera, enfocaba al sur, al Giro.

Tercero en la ronda italiana de 2015 y rey de la montaña en 2017, Landa está a tiempo. Tiene 29 años, cinco menos de Fuglsang, un ciclista de eclosión tardía. Gregario tanto tiempo de otros como Nibali y Aru, el danés rentabiliza ahora su libertad. Landa, otras veces supeditado a un líder, correrá el Giro sin bozal. Y con el impulso de Lieja.