Evenepoel da la campanada en la Clásica San Sebastián

Evenepoel, incrédulo al cruzar la línea de meta. /Efe
Evenepoel, incrédulo al cruzar la línea de meta. / Efe

El joven ciclista belga da una exhibición para imponerse en la Clásica

IÑAKI IZQUIERDO

Todos los consensos establecidos saltan por los aires cuando se trata de Remco Evenepoel (Deceuninck). Todos, menos uno: lo de este chaval es lo nunca visto. Con 19 años, ayer ganó la Clásica de San Sebastián, la primera clásica del World Tour que corría. Está llamado a romper todas las barreras conocidas del ciclismo, incluida la del Tour de Francia. Hizo bien Egan Bernal (Ineos) -que ayer se retiró- en ganar en París hace unos días, con 22 años, porque las reglas del juego quizá cambien en el futuro.

La victoria de ayer de Evenepoel no es solo impresionante por su edad o porque llegue en el primer año en profesionales sin haber corrido en aficionados, sino por cómo la consiguió. Tras la primera pasada por Murgil, a la salida de Orio, el joven belga bajó al coche a por bidones para entregárselos a Dries Devenyns, que trabajaba para Enric Mas.

Había atravesado un mal momento el chaval en la primera ascensión por una avería y quiso ayudar a sus compañeros. Pero al paso por el kilómetro 200, cuando a muchos se les apagan las luces y aún más a los jóvenes, a Evenepoel le llegó la inspiración. Tras repartir el agua, camino de Usurbil, se vio con fuerzas para salir a un ataque sin fuste de Toms Skujins (Trek). Se puso a tirar y el letón, que había arrancado por hacer algo, se vio envuelto en una empresa demasiado grande para sus posibilidades. Apenas podía dar relevos. Apenas podía seguir su rueda cuando tiraba. Le miraba al crío como un ternero camino del matadero. Justo ahí era a donde le llevaba el belga. La distancia subía sin piedad con el Movistar, que tiraba atrás para Valverde: 14, 20, 25 segundos... Tan mal lo vio el Astana, que entró a echar una mano: 33, 37, 42...

En la segunda subida, a poco más de ocho kilómetros para la meta, en efecto, reventó al letón y se lanzó en solitario hacia una victoria inevitable. Por detrás, arrancó Valverde sin fuerza y sin esperanza. El campeón olímpico, Greg Van Avermaet (CCC) tomó el relevo sin fe. Solo había un ganador y su nombre era Remco Evenepoel.

El Deceuninck se había presentado en la salida con Julian Alaphilippe, número uno del mundo y gran héroe del Tour. Se bajó a las primeras de cambio, pero nada que reprochar. Porque la culpa de todo es suya, él demostró en el Tour que otro ciclismo es posible. Abrió la puerta por la que se han colado Van der Poel, Van Aert y ayer, Evenepoel. Una puerta abierta de consecuencias imprevisibles para el viejo ciclismo conservador, profeta de los padecimientos y las calamidades. Un ciclismo alegre, creativo y de combate es posible. El talento, delante del sacrificio.

Excelente edición

La victoria de Evenepoel es un resultado excelente para la Clásica, ya que quedará para la historia que la primera gran victoria del fenómeno belga llegó en esta carrera. Con la participación de las dos grandes figuras del Tour, Bernal y Alaphilippe, la prueba guipuzcoana se había convertido en el centro del ciclismo mundial como pocas veces. La victoria de Evenepoel, la gran perla del futuro, es un desenlace perfecto.

En el país de los restaurantes de tres estrellas, menú para paladares exquisitos. Evenepoel estuvo acompañado en el podio por un clásico como Van Avermaet y otro joven que asaltará el futuro, Marc Hirschi (Sunweb). El suizo es el último campeón del mundo Sub'23. Y de Europa. En abril ya apuntó maneras en la Itzulia. Es una maravilla ver cómo se desenvuelve en las llegadas, otro estandarte de ese ciclismo festivo que viene.

La victoria del joven belga resultó tan impactante que eclipsó todo lo demás, como el cuarto puesto de Gorka Izagirre. El ormaiztegiarra firmó una buena carrera, estuvo con los mejores en Murgil y rozó el podio.

La aparición del flamenco de 19 años también ocultó que las dos pasadas por Murgil depararon que, tras el ganador, llegó un grupo de 14 corredores. La habilidad de los ciclistas para desentrañar los secretos de los recorridos es todo un reto para los organizadores. La de ayer es la cuarta victoria de la temporada de Evenepoel, y la pregunta es obvia: ¿dónde está su límite?