Schachmann se lo come todo en la Itzulia

Schachmann se lo come todo en la Itzulia

El líder logra en Arrigorriaga su tercer triunfo en cuatro etapas y cree que se defenderá en la montaña que viene

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

Media hora después de ganar en Arrigorriaga su tercera etapa en cuatro días, el líder, Max Schachmann, ha acudido a la sala de prensa. Ha respondido sonriente y en cuanto ha podido se ha acercado a la mesa donde hay pinchos de tortilla y jamón para los periodistas. Ha hecho acopio. El joven alemán se lo come todo en esta Itzulia. Etapas y pinchos.

Cuando no para de llover, el ciclismo parece rodar sobre patines. Piso de hielo. Si todo se tuerce así, es mejor no mirar el horóscopo. Seguro que va a haber mala suerte y caídas, como la que ha eliminado a Pello Bilbao y ha impedido a Omar Fraile pelear por el triunfo. En una etapa así, de las que se tiran a la agua desde el principio, la meta no está en Arrigorriaga, sino en seguir a flote. Sin romperse. El único que parece inmune, impermeable, es el líder, Max Schachmann. Adam Yates le ha puesto al límite en el alto de Zaratamo, cuando solo quedaban ellos dos más el adolescente Pogacar y Fuglsang. Ha aguantado. Y ya en Arrigorriaga ha ejecutado a los otros tres como si nada. Como en las dos victorias anteriores en esta Itzulia submarina. Schachman, no hay duda, es el más poderoso hasta ahora. Es alemán, de Berlín, y joven. También es contarrelojista y rodador. Y tan fuerte que ganó en el pasado Giro una etapa en montaña. Pero no es escalador y ahora vienen dos jornadas con sobredosis de puertos. A los que le siguen, Konrad, Ion Izagirre, Martínez, Martin y Landa, les saca un minuto. Schachmann es la inesperada tormenta que les ha caído encima a todos. ¿Escampará?

En la salida de Vitoria había unos cuantos ciclistas con el pellejo tatuado por la caída del día anterior. Faltaba Julian Alaphilippe, molido a golpes y con la rodilla derecha machacada. Y no estaban ni Geniez, ni Irisarri, ni Castroviejo, con una clavícula y varias costillas astilladas. Y para colmo, las nubes lamían el techo de la capital alavesa. A la lluvia le gusta asistir a la Itzulia. Ha empezado a caer en cuanto ha visto a los ciclistas. Hasta ha granizado en el viaje hasta Arrigorriaga por las cuestas de Las Campas, Garate, Bikotz Gane y Zaratamo. Cada descenso olía a gas, a peligro. Cualquier patinazo sacaba una chispa y provocaba una explosión. Más caídas. Más ciclistas tatuados. Entre los accidentes y el mal tiempo, el parte de guerra se ha llenado de víctimas, como Kwiatkowski, Aberasturi, Roche, Olivier... Todos con la armadura agujereada.

Escaparse en esta cuarta etapa era un homenaje a la aventura. Han levantado la mano siete voluntarios. Verona, Williams, Monfort, Grmay, De Marchi, Storer y Mikel Iturria, que desde 2017 huye de una mala caída en el Tour del Limousin. Allí otro ciclista se le cayó encima y le cascó el fémur en tres pedazos. Perdió mucha sangre. Ese hueso, el más largo, es la biela del ciclista. Dos meses después caminó con muletas hasta el rodillo y se subió a la bicicleta. Pedaleó con la pierna buena, a la espera de la otra. Con las dos defendió en cada cuesta de esta cuarta etapa de la itzulia el liderato de la montaña de su compañero Gari Bravo.

Con Iturria iba otro ciclista que jamás mira atrás, Tsgabu Gebremaryan Grmay, el primer etíope que ha disputado el Giro y el Tour. Pionero. Creció pensando que la bicicleta era para ir a la escuela, a los recados. Hasta que en una televisión vio a Contador ganar el Tour de 2007. El locutor narraba los ataques del madrileño en inglés. Grmay no entendía nada. No hacía falta. La mecánica del corazón no necesita palabras. Ya quería ser como Contador. En 2015 debutó en el Giro. «Tengo que llegar a Milán. Se lo debo a mi familia», dijo. El ciclismo es su misión. Etiopía le mira, le espera. No puede mirar atrás. Los siete fugados, con la lluvia encima, se han conjurado para llegar a Arrigorriaga. No les ha bastado.

El Mitchelton y la niebla de Bikotz Gane han tapado su ventaja. Landa, Pello Bilbao y Ion Izagirre se dejaban ver. Frío. Respiraban su aliento blanco. El equipo australiano ha gastado todas sus piernas para buscar el triunfo con Adam Yates. Sin tregua ya. Verona y De Marchi, los últimos de la escapada, han coronado el duro Bikotz Gane, pero no han alcanzado la puerta de Zaratamo. El Astana ha querido entrar el primero. Lutsenko ha tomado demasiado veloz una curva. Ha sacado el pie perdido el equilibrio provocando un dominó de caídos, entre ellos su compañero Pello Bilbao. También Omar Fraile ha perdido unos metros. Remontarlos le ha quitado la energía para luego pelear una etapa que parecía a su alcance.

Otro que venía del suelo, Pogacar, sí que ha logrado enlazar con fuerza. Cuando ya en la cuesta Yates ha detonado sus piernas, el joven esloveno le ha seguido. Tiene 20 años y el año pasado ganó el Tour que le anuncia, el del Porvenir. Con los dos, aguantaron Schachmann y Fuglsang.

Los cuatro han bajado sobre una carretera de espejo y pintura hasta Arrigorriaga. Pogacar, generoso, inocente, ha tirado de Schachmann. Le ha alfombrado su tercer triunfo en cuatro días. Izagirre, Landa, Konrad y los demás han entrado a 9 segundos. Venían empapados, de lluvia y de tanto Schachmann. Todos confían en que la tormenta alemana se disipe en la montaña que viene. «Me faltan dos etapas peligrosas, pero me he visto bien en Bikotz Gane», ha avisado. «Me defenderé». Su equipo, el Bora, con tres corredores entre los mejores, le hace de paraguas. Los demás se mojan.

Más información