El director deportivo del Murias: «Ha sido una emboscada total»

Pérez, tras la finalización de la segunda etapa. I.BARCIA

EL CORREO descubre en el coche del equipo vasco la jornada del 'sterrato', un espectáculo para los aficionados y una jornada de nervios para los participantes de la Itzulia

Igor Barcia
IGOR BARCIA

Para descubrir las clásicas de primavera no hace falta irse a Bélgica, Holanda o Italia. Basta con montarse en el coche del Euskadi-Murias, como ha hecho EL CORREO y poner rumbo a Pamplona y su entorno. En apenas 60 kilómetros, la Itzulia se ha convertido una mezcla de la Strade Bianche y la Amstel Gold Race, a través de caminos de piedras, muros de hormigón y curvas, muchas curvas. La ronda vasca, siempre marcada por un patrón clásico en su configuración y en su recorrido, se ha propuesto este año innovar, y vaya si lo ha conseguido. Si ayer ya lo hizo al adelantar la tradicional crono de cierre al primer día, hoy ha roto con todos sus esquemas al descubrir a los aficionados al ciclismo una jornada inédita en las citas nacionales, con tramos de 'sterrato' que han tenido de los nervios antes y durante toda la etapa. El resumen más claro de lo que se ha vivido camino de Gorraiz ha sido el de Rubén Pérez, director del Euskadi-Murias, tras aparcar el coche después de 149 intentos kilómetros. «Ha sido una emboscada total, tremenda. Al espectador le gustan estos días, pero para los equipos son días muy complicados».

¿Y por qué esta explicación del exciclista profesional de Zaldibar? Porque una jornada como la de hoy pone a todos los equipos en alerta, todos extreman las precauciones, quieren tener bien colocados a sus líderes, se corre de principio a fin al ser una etapa corta y nerviosa, y en el caso del Murias, ha sido un freno a su empeño de mantener escapado a Gari Bravo. Pero por partes. Después de la cono de ayer, la de hoy era la primera jornada en línea, y la formación de Rubén Pérez y Jon Odriozola tenía dos objetivos claros, el primero pelear por la escapada del día, y el segundo, más complejo, luchar por un puesto de honor con Enrique Sanz.

Gari Bravo, protagonista

Así que la consigna ha estado clara desde el primer kilómetro, buscar los cortes. De hecho, el coche con los dos directores ha arrancado antes para hacer kilómetros, evitar el sinuoso trazado del inicio tras abandonar Zumarraga y poder entrar sin problemas en la fuga en caso de que hubiera un ciclista del Murias. Y así ha sido. Tras un primer intento, la voz que alumbra la carrera hasta que conecta la televisión -Radio Vuelta- ha cantado el número premiado. «196». Gari Bravo ya hace camino por delante junto a Darwin Atapuma y Julien Bernard. La primera parte de esta jornada ya está encarrilada. Bravo pelea por la montaña junto al francés y pasa primero por Olaberria y segundo por Lizarrusti. Le queda llegar a meta junto a Bernard para subir al podio como rey de la montaña, algo que conseguirá.

Pero la tensión de la etapa provoca el primer contratiempo. Bora, con el líder Schachmann en sus filas, no quiere alegrías y no deja que la diferencia vaya más allá de los tres minutos. Faena y gestos de contrariedad en el coche. «Ahora los tiempos han cambiado y los grandes equipos ya ni dejan que estas escapadas tomen tiempo», lamenta Odriozola. La llegada a Pamplona provoca el segundo y definitivo contratiempo para los intereses del Murias. La lucha por la colocación ante la sucesión de rotondas en el que se convierte el paso por la capital navarra reduce a la nada la ventaja de los escapados. Se vuela en el pelotón, donde Sky y Astana juegan sus cartas. Empieza la batalla. 

Y empieza la clásica sobre clásica en la que se transforma la etapa camino de Gorraiz. Lo cierto es que es un espectáculo ver cómo el pelotón se rompe en mil pedazos, cómo los ciclistas trepan por caminos de hormigón que contrastan con el verde de los campos que rodean Gorraiz, Huarte, Villaba o Burlada, las zonas por donde discurre la 'mini Strade Bianche' navarra. Aunque no estamos en la Toscana, el verde contrasta con el blanco de los caminos de hormigón y piedra y el gris del cielo. Pero los corredores no están para variedades cromáticas. La batalla es total, y como bien dice Jon Odriozola «menos mal que no ha llovido», algo que sí había sucedido al llegar a Pamplona. «Si llega a haber agua llegan de cinco en cinco, y no por el 'sterrato', sino por estas carreteras tan estrechas y tantas rotondas y curvas».

De hecho, al final uno pierde la noción de su situación. Y los ciclistas poco más o menos. Las continuas flechas de los carteles que indican el camino a seguir son su salvación. Así llegan a Gorraiz, donde tratándose de una clásica con sabor a Strade Bianche, no podía ganar otro que no fuera Julien Alaphilippe. Al francés le ha parecido que la cuesta final era similar a la llegada a Siena, donde triunfó hace un mes. A los corredores del Euskadi-Murias, el día se les ha complicado más, pero el balance ha sido positivo. «Hemos estado en la pelea, en la fuga, Gari Bravo es líder de la montaña y ahora tenemos que seguir luchando por ser protagonistas en la Itzulia», resume Rubén Pérez. Habrá que ver si la ronda vasca se ha sentido seducida por esta mezcla de Ardenas y Toscana que ha descubierto a las puertas de Pamplona, porque puede dar mucho juego a la carrera para siguientes ediciones.