Igor Antón corre su última etapa como ciclista

Igor Antón, en la subida a Oiz./MANU CECILIO
Igor Antón, en la subida a Oiz. / MANU CECILIO

Tras 14 temporadas y 21 grandes vueltas, el vencedor de la histórica jornada de Bilbao se jubila

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑAAndorra

A Igor Antón ya le rondaba la idea de poner punto final a su carrera deportiva. Tiene 35 años, debutó en 2004 con el Euskaltel-Euskadi, ha corrido 14 temporadas y ha disputado 21 grandes vueltas. Y ese final ha llegado. Lo acaba de anunciar. La última etapa de esta Vuelta a España será su despedida. En su palmarés lucen la victoria en el Zoncolán, en el Giro de 2011, y cuatro triunfo en la Vuelta a España, incluido, claro, el que logró en Bilbao en 2011, cuando la ronda española regresó a Euskadi tras 33 años de ausencia.

Igor Antón nació, creció y vive en Galdakao. Las laderas del Vivero fueron su campo de juegos. Los paseos por el monte con su padre. Las primeras pedaladas. Su talento escalador le llevó a la Fundación Euskadi. Y pronto, al primer equipo. Enseguida descorchó su don. Ganó una etapa en la Vuelta a España de 2006. Era su carrera. Y la pudo ganar cuatro años después. La edición de 2010, que figura en le palmarés de Nibali, pudo ser suya.

Antón era el líder. Parecía intocable en la montaña. La carrera, además, se acercaba a su casa. En la etapa con final en Peña Cabarga, justo antes de iniciar el puerto, su rueda delantera tropezó con algo. Salió volando y acabó lleno de heridas. Su maillot rojo de primer clasificado quedó destrozado. La que pudo ser su confirmación resultó su peor jornada. La acabó en una camilla del hospital de Cruces.

La temporada siguiente fue la mejor. Pudo con Contador en el Zoncolán y, como colofón, ganó en Bilbao, ya en la Vuelta. El recuerdo de aquella tarde multidudinaria en la Gran Vía es imborrable. Forma parte de la historia del ciclismo vasco. «He ganado en la capital del mundo», declaró entonces. Y aún lo repite.

Con el cierre del Euskaltel-Euskadi en 2013, Antón inició una nueva experiencia. Halló hueco en un equipo sudafricano, el Dimension Data, con el que ha llegado hasta el final del camino. En esta Vuelta ha tratado sin éxito de buscar una fuga buena. Y en la última etapa de montaña aguantó entre los veinte mejores. Aún tiene piernas para seguir, pero ha sufrido problemas digestivos durante buena parte del año. El cuerpo le mandaba señales. Y algo más. Casado y con una hija pequeña, Antón ha puesto en la balanza lo que gana con el ciclismo y lo que pierde por ser ciclista. Tras década y media en activo, ha decidido quedarse en casa con los suyos.

Ya tiene un hueco en la memoria de la afición. No sólo los grandes mitos permanecen grabados en los archivos. El ciclismo reserva hueco para corredores como el vizcaíno, que pudo ganar una Vuelta, que venció en Bilbao y el Zoncolán, y que ha sido un escalador con pegada. En 2005 le llamaron a última hora para debutar en el Giro por la lesión de un compañero. Nada más llegar, casi en el primer repecho, atacó con Di Luca y Bettini, los capos entonces. Ahora da el paseo final por la Vuelta, que siempre ha sido como su casa.

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