Roglic saca provecho de su primer mal día en el Giro

Roglic, con una venda a la vista sobre el culotte roto. /Afp
Roglic, con una venda a la vista sobre el culotte roto. / Afp

El líder se cae sin consecuencias y luego opta por no defender la maglia rosa, que ahora es de Conti, para liberar de trabajo a su equipo

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

A Primoz Roglic le veían tan fuerte que ya se buscaba en el archivo del Giro a campeones que fueron líderes del primer al último día para compararlos con él. El esloveno ni se caía. Sus rivales, en cambio, habían tocado suelo, como Landa y como Dumoulin, ya retirado. Ese blindaje se acabó en el kilómetro 34 de la sexta etapa. Roglic fue uno más en la montonera de piernas y bicicletas retorcidas. Sangre rosa. El patinazo no fue más allá de un susto, pero cambió el guion. El equipo del líder, el Jumbo, se rindió luego ante la fuga de trece buenos corredores, como Rojas, Plaza, Oomen y Amador. Y como los italianos Valerio Conti, nuevo líder, y Fausto Masnada, ganador en la meta de San Giovanni Rotondo, donde el Padre Pío repartía sus milagros. Para los devotos, Pío es el ángel de la guarda de Italia... Y de Roglic, que no se hizo nada en la caída y que cedió el peso de la maglia rosa. Eso dará descanso a su equipo, quizá su punto más frágil. Al final, el esloveno sacó provecho de su primer día adverso.

El entorno influye. La etapa partió desde Cassino, un pueblo acribillado de enero a mayo de 1944 en una batalla interminable de la II Guerra Mundial. Sangre en las raíces. Cerca de 75.000 soldados muertos. Sangre también en el Giro. Sin Dumoulin, caído el martes y retirado el miércoles, se cayó Roglic, que hasta ahora parecía inmune mientras veía cómo el infortunio se ensañaba con sus rivales. Valverde y Bernal no han podido estar en la ronda rosa por caída. Dumoulin ya no cuenta. Y Landa también anda con la piel rasgada.

El ciclismo es hoy más que nunca una profesión de riesgo. Roglic fue otro bulto en la montonera que se formó en el kilómetro 34, junto a Zakarin y Majka. El Giro le mordió la parte derecha del culo. Rasponazo. Trasero al aire. Aviso. Aquí nadie está a salvo. Hace justo diez años, en el descenso del Culmine di San Pietro, Pedro Horrillo voló 80 metros por un barranco. Otro milagro. Salvó la vida y enterró su biografía ciclista.

Pese a ser la etapa más larga, 239 kilómetros, comenzó como si el final fuera inminente. Había ganas, especialmente en el equipo Movistar, que movió peones. Rojas y Amador se unieron a una fuga de nivel junto a otros once dorsales, entre ellos Rubén Plaza, Masnada, Serry, Madouas y Conti, el mejor clasificado, a apenas dos minutos de Roglic. En ese territorio de trincheras que atraviesa los Apeninos, el Movistar buscaba la clasificación por equipos y, de rebote, castigar a la escuadra de Roglic. Que el Jumbo sepa lo que cuesta lucir el rosa del Giro.

La escuadra holandesa mantuvo la fuga a cinco minutos. Y la perdió definitivamente de vista en el puerto de Coppa Casarinelle, con la cima a 18 kilómetros del final. Los escapados subieron dos minutos más rápido. Roglic cedió adrede la maglia rosa. Eligió el cálculo a honrar esa prenda. Prefirió guardar las piernas de sus gregarios y quitarse de encima del protocolo diario del podio. Lo que el esloveno no defendió, lo pelearon a muerte los de la fuga. Gigantes. Y ninguno como Masnada, joven, alto, de pedalada profunda y reciente vencedor de dos etapas en el Tour de los Alpes. Su equipo, el Androni, se le queda pequeño -en 2020 correrá en el CCC-. No esperó. Era una cuesta para la potencia. Suya. Arrancó cuando vio el pequeño hueco que había dejado Plaza. Parecía pronto, con todo el puerto por escalar. Y, sin embargo, fue el momento clave. Solo Conti, con la lengua fuera, se enganchó como pudo a su dorsal. Rojas dudó y eso le sentenció.

Era la revolución de los modestos. Todos iban a colocarse en las primeras plazas de la general. Pero solo había dos premios. Para Conti, la maglia rosa y para Masnada, la etapa. Conti manda en la general con 1 minuto y 41 segundos sobre Carboni, 2.09 sobre Peters, 2.12 sobre Rojas, 3.27 sobre Amador y 4.57 sobre el prometedor Oomen. Roglic, el primero de los candidatos, es decimoprimero, a 5.24. Ese margen puede vestir de rosa a Conti durante una semana y, al tiempo, ocultar a Roglic y a sus gregarios, a los que tanto necesitará cuando el Giro empiece a mirar al techo. No le salió mal su mal día.