Mientras protege a Carapaz, Landa se acerca al podio del Giro

Mientras protege a Carapaz, Landa se acerca al podio del Giro
AFP

El alavés ataca en Anterselva y les recorta 19 segundos a Nibali y Roglic, tercero en la general y al que tiene ya a 47 segundos

J. Gómez Peña
J. GÓMEZ PEÑA

El biatlón nació como un entretenimiento para militares escandinavos. Esquiaban y disparaban. Su pasatiempo se hizo olímpico y tiene sedes como Anterselva, en el Tirol, meta de esta decimoséptima etapa. El Giro llegó a la cima en dos tantas. Primero, los de la fuga diaria. Y entre ellos el más certero fue el joven francés Nans Peters, que ni se creía la victoria sobre francotiradores con las muescas de Chaves, Formolo, Masnada, Conti, Bakelants, De Gendt, Kangert, Brambilla o el alavés De la Parte.

Cuando acabó el turno de los escapados, comenzó el cruce de ráfagas entre los candidatos al podio. Como el Giro parece en manos de Carapaz, empezó la pelea por las otras dos plazas del podio. Y Mikel Landa quiere, al menos, ser tercero. Primero escoltó a Carapaz, le arrimó ya en el puerto final a López, el primero en moverse. Cumplida esa misión de escolta, recibió el salvoconducto para su pelea particular contra Roglic, el tercero de la general. El alavés sacó sus pedales. Batidora. En un día gris invernal, puso el color. Y dio un paso hacia el podio. Les restó 19 segundos a Roglic y Nibali. Un mordisco. Un aviso. El esloveno no da más cuesta arriaba y el italiano, por primera vez, perdió el paso. Mal síntoma. Carapaz, que salió al final a frenar a López, también les distanció 7 segundos. En el campo de tiro de Anterselva, sólo sonaron las balas del líder ecuatoriano y de su fiel Landa, los más fuertes del Giro. Tras este último disparo, Carapaz ya aventaja en casi dos minutos a Nibali (1.54) y en 2.16 a Roglic, al que se arrima Landa, cuarto, que tiene al esloveno a 47 segundos. A tiro en los dos días de montaña que aún restan en este Giro bélico.

La etapa cosía a pedales la zona donde se juntan, pared con pared, los Alpes y los Dolomitas. Las praderas que inspiraron la Tierra Media de 'El Señor de los Anillos'. Aquí también se unen Italia y Austria, y se habla italiano, alemán y ladino. El pelotón, que antes se entendía sobre todo en francés, se maneja bien ahora en inglés. Pero este Giro habla español con la dulce entonación ecuatoriana. Era, además, el cumpleaños, 26, de Richard Carapaz, líder sin fisuras de la ronda. «Lo celebraremos con champán, y no sólo por la fecha, sino que, espero, por la victoria final», concedió su compañero y protector Mikel Landa. Antes de la salida el alavés advertía sobre Nibali. Cree que les atacará el viernes y el sábado. Landa tiene hoy la mejor sensación posible para un ciclista. Nota que crece, que las cuestas que a los demás fatigan a él le alimentan. Pero arrastra sus habituales cadenas. De nuevo está obligado a defender a un corredor de su equipo. «Ahora es lo prioritario», asume. Aunque en la cuesta final le soltaron el bozal y pudo darle una dentellada a Roglic y Nibali. Premio de consolación por su renuncia.

A estas alturas del Giro, más que mirar el perfil de las etapas hay que fijarse en el depósito de gasolina de los corredores. No hay equipo con fuelle para controlar las fugas. La decimoséptima jornada pesó mucho tras el frío clavado el día anterior en le descenso gélido del Mortirolo. El Movistar dejó hacer a la escapada. Su guerra es otra. Caza mayor. El Giro. Y por eso, el grupo de Peters, un joven francés nacido en los Alpes, ahorró tiempo de sobra para jugarse la etapa. Con casi 3.000 metros de desnivel acumulado, era un recorrido corrosivo para las piernas, ya bastante gastadas. Antes que Peters buscó la victoria Bakelants. No atinó. Disparó desde demasiado lejos, desde las cuestas de Naz y Terento. No calibró bien su arma. Peters, en cambio, aguardó agazapado hasta la larga recta que subía a la estación de biatlón de Anterselva. Recta agónica. Feliz para él.

Y para el disfrute de Landa. 'FreeLanda' se ha convertido ya en un lema ciclista. Libertad para Mikel. Al fin tuvo un rato de pedaleo privado al margen de su entrega a Carapaz. El Movistar maneja a su antojo el Giro. La subida a Anterselva fue acelerada por el Astana de López. Es una cuesta de tercera, pero se pegaba a los tubulares como el Stelvio. La detonación de López dejó la carrera en media docena de dorsales. Dinamita en el aire. Ni López pudo seguirse a sí mismo.

Y ahí, en cuanto colocó a Carapaz a rueda de Nibali y López, Landa se reservó los tres últimos kilómetros para poner a Roglic contra las cuerdas. Quiere su cuota de gloria. Un lugar en el podio. Salió a por el tercer cajón y, sin querer, descubrió que Nibali, el segundo en la general, tampoco podía seguirle. Al siciliano no se le debe enterrar nunca, pero..., dejó una puerta abierta para la esperanza del alavés. El arreón de Landa le salió redondo al Movistar. El alavés arañó 19 segundos a Nibali y Roglic. Y Carapaz, encima, les remachó. Otro paso a dúo hacia el podio final de Verona. Entre los dos no dejan de acribillar a sus rivales. Quedan dos días de tiroteo (viernes y sábado) y una última etapa, contrarreloj, para defender lo conseguido. Es el Giro del Movistar.