El ciclista que ganó el Tour de Flandes sin querer

Kaers, entrando en la meta./E. C.
Kaers, entrando en la meta. / E. C.

Se cumplen 80 años desde que Karel Kaers se impusiera en esta mítica carrera, a la que asistió con la intención de preparar la París-Roubaix

Bruno Vergara
BRUNO VERGARA

El Tour de Flandes se disputa este domingo. Sagan, Valverde, Alaphilippe, Gilbert, Stybar, Jungels, Greg Van Avermaet... son algunos de los favoritos a llevarse el triunfo. Militar en la lista de ganadores de esta legendaria carrera les haría aún más grandes. Sin embargo, en el registro de vencedores hay uno que se impuso sin querer. Se trata de Karel Kaers (1914-1972), un belga que ganó este monumento ciclista en 1939. Una gesta que no entraba en sus planes iniciales y que ni él mismo habría imaginado.

La hazaña Kaers comenzó en su casa. Salió a entrenar y rodó 40 kilómetros hasta Gante, donde comenzaba la carrera. Su intención era coger ritmo de cara a la París-Roubaix. Tenía la idea de activar las piernas y el corazón de cara a la dura prueba del Infierno del Norte. Desfogarse un poco y completar una buena sesión matutina. Así que, nada más empezar el Tour de Flandes, se escapó. Su propósito era encontrarse con su entrenador en el Kwaremont, un tramo de la carrera de poco más de dos kilómetros de longitud con una pendiente máxima del 11% y con más de la mitad adoquinado. Llegó a ese punto con más de un minuto de ventaja sobre el pelotón, pero allí no encontró a nadie. Ni rastro del coche de su técnico. Así que siguió hacia adelante. Su preparador se la había jugado con el objetivo de que su pupilo continuara hasta el final. Que no abandonara la prueba, ya que veía que podía ganar con la renta obtenida. Kaers llegó a la meta situada en Wetteren en solitario tras completar los 230 kilómetros en más de seis horas y media. Sacó al segundo, Romain Maers, tan solo diez segundos, y poco más de un minuto a Edward Vissers, su compañero de equipo (Alcuon-Dunlop).

Campeón del mundo más joven

La victoria de Kaers no cogió a nadie por sorpresa. El belga era puro talento. En las categorías inferiores logró 118 victorias, y con apenas 19 años se hizo profesional. Los entrenadores y aficionados de la época lo calificaban como un auténtico «fenómeno». En 1934, con solo 20 años se proclamó el campeón del mundo más joven de la historia. La prueba se disputó en Leipzig, en plena Alemania nazi. Esa victoria sí fue inesperada, ya que el corredor solo llevaba un año corriendo al más alto nivel, y en su casillero de victorias solo constaba el Gran Premio de Ostende. Un triunfo que estuvo marcado por cierta polémica, ya que el joven ciclista, al lanzar el sprint a falta de 300 metros de la meta, forzó al italiano Learco Guerra a irse hacia las vallas. El transalpino presentó una queja ante el jurado técnico, pero fue en vano. El oro fue para el belga.

Kaers era grande para ser ciclista, al menos para la ruta. Medía casi dos metros y pesaba 85 kilos. Unas características de las que sacó gran provecho en la pista, donde la potencia es primordial. Así, se convirtió en el primer campeón belga de persecución en 1939 y estableció varios récords del kilómetro. Además, era muy habilidoso. Su carrera profesional terminó en 1948 tras 15 años en activo y 39 victorias. Algunas, como la de Flandes, sin querer.

Kaers, en el velódromo de Londres, en 1938.
Kaers, en el velódromo de Londres, en 1938. / E. C.